OPINIÓN: La legislación de Arizona lastima los derechos de los hispanos

Me imagino que escucharemos, una tras otra, historias de residentes que son tratados como intrusos en su propio país
Ley SB1070, paso a paso
Ruben Navarrette Jr.
Autor: Ruben Navarrette Jr. | Otra fuente: 1
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Nota del editor: Rubén Navarrete Jr. es colaborador de CNN y columnista para otros medios. Puedes seguirlo en su cuenta de Twitter:@rubennavarrette

(CNN) — Para empezar, esto es lo que Arizona entendió mal: Había una vez unos legisladores que decidieron que el estado tenía un problema con los inmigrantes ilegales, muchos de los cuales son hispanos. Entonces, echaron a andar una ley radical que terminó siendo poco convincente, excluyente y tornándolos en ciudadanos de segunda clase, incluyendo a aquellos hispanos que nacieron en Estados Unidos.

Ellos son los verdaderos afectados por el drama en Arizona. En su decisión acerca de la ley de Arizona, la Suprema Corte, casi, hace bien las cosas. Con una decisión dividida, borró tres partes de la ley, pero desafortunadamente dejó la peor parte, la referente al hecho de que los hispanos nacidos en Estados Unidos deben de soportar el peso de la ley durante varios años más.

En principio, hay más hispanos nacidos en EU que inmigrantes ilegales. Muchos de los inmigrantes ilegales del estado ya se fueron —a Nuevo México, Colorado, Texas, Arkansas y otras localidades que los reciben mejor—. Aparte, los hispanos nacidos en EU no se están escondiendo. Salen y se mueven, viven sus vidas, como es su derecho, e incluso mantienen contacto con la Policía.

¿Qué tan irónica es esta situación?, estas son las personas que, como se ha dicho en muchas ocasiones, no cruzaron la frontera, sino que la frontera los cruzó a ellos. Algunos de mis amigos de Arizona provienen de familias cuyas raíces en esa región se remontan a seis o siete generaciones.

Al aplicar la ley de Arizona 'en el mundo real', es muy probable que estas personas sean interrogadas por la policía local y del estado como si fueran inmigrantes indocumentados.

De hecho, es triste admitir esto, pero si los legisladores estatales hubieran enunciado una ley que estuviera más enfocada en los indocumentados, probablemente hubieran encontrado menos resistencia. Después de todo, ¿cómo podrías discutir el hecho de que la gente que no debería de estar en EU lo haga, y además no sea molestada?

No puedes, por que sería una locura. Pero es igualmente loco, profundamente ofensivo y profundamente antiestadounidense hacer lo que Arizona hizo cuando aprobó la ley. Etiquetó a un subconjunto de la población del estado basado en su apariencia física y hace que carguen con sus documentos probando su residencia legal o su ciudadanía estadounidense solo en caso de que un oficial los pare y les exija ver sus papeles.

Por un momento, el suroeste de Estados Unidos me recuerda a Sudáfrica. No puedes crear una legislación tan pesada como esa. No en este país. No en este siglo.

Y de hecho la Suprema Corte estuvo de acuerdo con esa evaluación. Eliminó la parte de la ley que hacía que los que fueran sospechosos de estar ilegalmente en el país —por no tener consigo sus papeles de registro y otras formas de identificarse y que tienen el derecho de estar aquí—, fueran acusados de haber cometido un crimen de estado.

De igual forma, la mayoría de los magistrados tacharon también las disposiciones que les permiten a los policías arrestar a los inmigrantes sin una orden, en caso que haya una causa probable ante una ofensa pública que requeriría de su deportación y de prohibirle a los inmigrantes indocumentados que trabajen o que soliciten un trabajo.

Pero también hay malas noticias. La misma mayoría en la Corte dejó intacto uno de los elementos más dañinos y controversiales de la ley de Arizona,  la que requiere que la policía local y estatal apliquen la ley federal de migración, tratando de determinar el estatus legal de cualquiera al que contacten durante el desempeño de sus deberes.

Solo esperen a ver cómo funciona esto en la realidad. No será bonito. Agentes de policías locales y estatales sustituirán el color de la piel por una causa probable. Habrá demandas, quejas y alegatos de maltrato. Habrá sentimientos lastimados, enojos y división.

Y lo que queda del Comité Racial y Étnico, que una vez fue tan parte del paisaje cultural de Arizona, como el cactus y las muñecas de kachina, se desvanecerá.

Es una pena. Viví en Arizona a finales de 1990 cuando escribí acerca de la inmigración y otros temas para el Arizona Republic. Era un lugar hermoso para vivir antes de que todo se convirtiera en una locura.

También es una pena pensar en lo que va a suceder con los hispanos nacidos en EU después de la decisión de la Suprema Corte. Me imagino que escucharemos, una tras otra, historias de residentes que son tratados como intrusos en su propio país.

Este país les debe algo mejor que eso. Ellos se creyeron eso del 'Sueño Americano'. Algunos se creyeron todo eso y dieron todo lo que tenían que dar.

En los vecindarios mexicoamericanos del sur de Phoenix, puedes entrar a una sala y ver una foto arriba de la chimenea de un hijo o un nieto en uniforme, tomada justo antes de que lo mandaran a Kabul o a Fallujah en una misión de la que nunca regresó. Colgada del marco, a lo mejor hay una Estrella de Bronce o un Corazón Morado.

Nacidas en los Estados Unidos al igual que sus padres y sus abuelos antes que ellos, estas personas se levantan cada mañana y se van a trabajar. Pagan sus impuestos, mantienen a sus familias y crían a sus hijos para ser adultos responsables. Ellos votan, cumplen como jurados, hacen honores a la bandera. Y en todos los años que han vivido en este país —su país— ni una sola vez pensaron en sí mismos como si no fueran americanos de carne y hueso.

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Eso, alguien más lo hizo por ellos.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Rubén Navarrete Jr.

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