OPINIÓN: El siguiente paso en la elección es exigirle a los ganadores

Las prioridades del nuevo presidente deben ser pacificar el país defendiendo el Estado de derecho y llamar al acuerdo a sus opositores
¿Qué pasará después de las elecciones?
Autor: Rossana Fuentes-Berain | Otra fuente: 1

Nota del editor: Rossana Fuentes-Berain es vicepresidenta editorial de Grupo Expansión, una empresa Time, Inc. que edita en México 17 revistas y siete sitios de internet, entre ellos CNNMéxico.com. Puedes seguirla en su cuenta de Twitter @RossanaFB

(CNNMéxico) — El candidato que el Instituto Federal Electoral (IFE) identifica como puntero en la jornada electoral, Enrique Peña Nieto, presidirá el país ante una encrucijada: podemos transitar por el camino del desarrollo y aprovechar la oportunidad que se abre para América Latina en el escenario internacional –o podemos seguir deteriorando a la República.

Peña Nieto tendrá mucho que ver con el camino que seguiremos, pero también las otras fuerzas políticas y cada uno de nosotros determinaremos si al salir de este proceso vamos por uno u otro rumbo.

Andrés Manuel López Obrador, con su reacción, abrió un compás de espera previsto en la ley. El miércoles entenderemos si es solo eso o algo más preocupante que nos aleje del primer camino: el de la oportunidad.

La crisis económica europea, la endeble recuperación estadounidense y la pujanza asiática combinadas, plantean para América Latina en general y para México en particular, una coyuntura favorable. El falso dilema de crecimiento o balance macroeconómico que atosiga hoy a la Europa mediterránea se resolvió en nuestro país, no sin dolor, en las décadas de 1980 y 1990 con la renegociación de la deuda externa. Las finanzas públicas están en orden, condición necesaria pero no suficiente para crecer económicamente.

Para crecer debemos visualizarnos y actuar como el gran país que somos. Exigirles a los políticos que acaban de recibir el voto popular que no lo malversen, que se crezcan ante la oportunidad histórica y que creen las condiciones para el desarrollo de México, para el empleo de los mexicanos. Un empleo que no se dará sin los empresarios, tanto los nacionales como los extranjeros.

La geografía nos bendice. Costas en los océanos Pacífico y Atlántico, frontera al norte con el mayor mercado del mundo, pertenencia cultural a América Latina, 34 tratados de Libre Comercio, ¿Qué más podía pedirse? Hay reformas pendientes, sí, pero decir que sin ellas no hay crecimiento económico suena a cantaleta. Lo que necesitamos es dejar atrás las excusas.

Lo que sigue es la construcción de acuerdos, un nuevo proyecto nacional incluyente que garantice la gobernabilidad democrática y marque la primacía del Estado, que nos debe representar a todos, pero con respeto al mercado, al mercado verdadero, no al de las empresas rentistas, a las del capitalismo de cuates, a las que hablan de impulsar el mercado interno pero no pagan salarios dignos para que sus empleados puedan acceder a la clase media. Esas empresas que desprecian a los políticos pero viven de corromperlos. ¡Qué lástima que no podamos elegir también a nuestros empresarios, porque seguro muchos no obtendrían nuestro voto! Pero esa, es otra historia. Volvamos a la de hoy.

El control del territorio nacional es indispensable en esta coyuntura. Nadie puede negar, aunque sorprende lo poco que se habló de ello en las campañas, que el tema de la seguridad en democracia será uno de los asuntos que exigirán inmediata resolución.  

Dentro del gabinete, cinco puestos son fundamentales: Secretario de Gobernación, Procurador General de la República, Secretario de Seguridad Pública, de Defensa y el de la Marina Armada de México, que son fundamentales. Tienen que seleccionarse en conjunto, tienen que poder operar coordinadamente para rescatar a la República.

Ya no hay lugar para la mezquindad burocrática. Peña Nieto, de confirmarse los datos del conteo rápido, no será de verdad el presidente de México si no logra dominar las expresiones del crimen organizado. Se quedará con el vano hechizo del poder, con el oropel y las riquezas, quizás, pero será una triste figura si no se alza a la necesidad ingente de que él y su equipo nos regresen la paz. Una paz que se base en respetar los Derechos Humanos y en el ejercicio de la política entendida como el espacio para llegar a acuerdos y hacerlos cumplir dentro del Estado de derecho.

El turno de los ciudadanos

Hace algunos años, en otro cambio de guardia, escribí que teníamos que reconocer que el viejo andamiaje institucional que heredamos del siglo pasado ya no respondía a nuestra realidad actual y ofrecía rendimientos decrecientes. Hoy esta realidad es más que evidente.

Los movimientos anti status quo de esta elección, como el #YoSoy132, nos lo recordaron, por si hubiera sido necesario. Es rescatable el grito de los muchachos diciéndonos que para pensar en grande, para visualizar a un México ganador en el Siglo XXI, todos: gobierno, empresarios, prensa, iglesia y sociedad, no podemos sino reconocer que de empeñarnos en reproducir los aspectos destructivos de nuestras conductas, obtendremos los mismos resultados negativos que tenemos en este momento.

En su primer discurso presidencial, John F. Kennedy dijo: “No preguntes lo que tu país puede hacer por ti, pregúntate lo que puedes hacer tú por tu país”.

Llegó la hora de que los mexicanos nos planteemos esa interrogante. Nuestra Patria, siempre generosa, ha aguantado mucho, demasiado.

Las elecciones no son un fin en sí mismo, no pueden ni deben serlo. Son un simple mecanismo de recambio en el mejor de los sistemas posibles: la democracia, pero si ésta se limita a representarse en las urnas, el riesgo de su desnaturalización es real.

Los candidatos ganadores y los que perdieron tienen que demostrarnos que su ambición no era de suma cero: lo que yo gano tú lo pierdes. En esta hora no puede haber ganadores absolutos ni perdedores absolutos. Se necesita la consciencia del Partido Revolucionario Institucional de que en el México del Siglo XXI no hay lugar para hegemonías. El Partido Acción Nacional ya estableció, en voz de su candidata Josefina Vázquez Mota, temas que les interesará poner en la agenda nacional, principalmente continuar el combate al crimen organizado. Falta escuchar qué temas establece la izquierda representada por Andrés Manuel López Obrador.

Se gana un puesto de elección popular para hacer cosas, para ser útil a los demás. México no amanece hoy con menos problemas de desigualdad y pobreza; de violencia social y crimen organizado; de desempleo y falta de competitividad; de calidad de la educación deficiente; de falta de sustentabilidad en el manejo de sus recursos naturales y de necesidad de un proyecto cultural que nos incluya a todos y respete la diversidad.

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Los mexicanos que participamos ayer en la elección no hemos terminado el trabajo y, de hecho, apenas comienza. En la encrucijada que enfrenta el país podemos, juntos, tomar el mejor camino. Si no fuera así, que la República nos lo reclame a todos.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Rossana Fuentes-Berain.

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