OPINIÓN: La campaña de AMLO y la reconfiguración de las fuerzas políticas

Los resultados obtenidos por su candidatura presidencial se dieron a pesar de una inequidad que estuvo a la vista de todos
¿Quién es Enrique Peña Nieto?
Autor: Manuel Camacho Solís | Otra fuente: 1

Nota del Editor: Manuel Camacho Solís es miembro de la dirigencia del Movimiento Progresista y en la próxima legislatura se desempeñará como Senador por el PRD. Fue Jefe del Departamento del Distrito Federal de 1988 a 1993 y después, durante el sexenio del presidente Carlos Salinas de Gortari, se desempeñó como Secretario de Relaciones Exteriores y Coordinador para el Diálogo en Chiapas, tras el levantamiento armado registrado en ese estado.

(CNNMéxico) — La candidatura presidencial de Andrés Manuel López Obrador fue exitosa.

Partió de muy altos negativos y logró revertir la tendencia. Echó abajo las predicciones de las encuestadoras que durante toda la campaña lo colocaron entre veinticinco y quince puntos abajo y que, conforme a las cifras del Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP), la diferencia está resultando ser de aproximadamente 6% o menos.

Cambió la correlación de fuerzas en el territorio respecto a la última elección federal, con avances decisivos en estados tan diferentes como Baja California o Puebla, y recuperación en el Estado de México, donde apenas hace un año el PRI casi triplicó la votación de la izquierda. Victorias en Morelos y Tabasco. Altísimo desempeño del candidato del Movimiento Ciudadano en Jalisco, Enrique Alfaro —segundo en las preferencias, detrás del priista Aristóteles Sandoval—. 

AMLO ayudó a consolidar la victoria en el Distrito Federal. Sus votos han acompañado a los de los legisladores y ha contribuido a que el PRI no tenga mayoría en el Congreso.

El movimiento progresista pudo lograr ese avance gracias a su candidato y a que pudo corregir errores y tomar decisiones acertadas, una a una: resolvió bien la candidatura presidencial que de otra manera lo habría dividido; conformó una coalición total cuando en la última elección dividió sus fuerzas; resolvió con acierto su candidatura al Distrito Federal con la figura de Miguel Mancera y logró la unidad de sus partidos. Capitalizó la buena imagen del gobierno de Marcelo Ebrard. Desarrolló una campaña profesional y una comunicación política exitosa.

Los resultados obtenidos por su candidatura presidencial se dieron a pesar de una inequidad que estuvo a la vista de todos.

Desde mi punto de vista, el candidato del PRI, Enrique Peña Nieto, se posicionó mediante una cuantiosísima inversión de recursos públicos en su imagen.

A causa de la última reforma electoral y los resultados de la elección intermedia de 2009, se redujeron los tiempos oficiales a los que tuvo acceso, y por no haber hecho precampaña, también se perdieron tiempos oficiales disponibles.

La probable superioridad de recursos por parte del PRI —existen sospechas de que fueron más allá de los que le corresponden al partido conforme a la ley— tendría que ser investigada en profundidad.

Los hechos han demostrado que el mejor trabajo de investigación sobre el comportamiento de los electores lo hizo el diario Reforma y que, precisamente cuando estableció que la diferencia entre EPN y AMLO era de solo 4%, fue cuando se dispararon las alarmas del PRI y del PAN, cuyas encuestas internas también mostraban el ascenso de AMLO.

Fue a partir de esas mediciones que se desató la guerra sucia contra López Obrador: la intervención del Presidente de la República, Felipe Calderón, y del exsecretario de Hacienda, Ernesto Cordero, para descalificar su programa económico y sembrar temor con el ejemplo de la situación económica que enfrentan países como Grecia; la propaganda negativa del PAN, a través, por ejemplo, de un anuncio en que se tergiversó el mensaje que AMLO ofreció a los jóvenes en la Plaza de las Tres Culturas para asociarlo con la violencia, cuando en las condiciones más adversas ha dado testimonio absoluto de que su lucha es pacífica y cuando precisamente llamaba a luchar por esa vía, y los spots para reactivar el temor o el reforzamiento de las maquinarias de la movilización, apoyadas por los gobiernos estatales, como el uso de fondos ilegales para la compra y la coacción del voto.

El movimiento progresista creció. Deberá defender su causa hasta agotar todas las instancias que establece la ley. La última decisión la tomará el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF). Su última palabra deberá ser respetada y acatada.

Mientras tanto, las izquierdas tienen ante sí un enorme reto y oportunidad. Aprovechar el crecimiento que lograron para relanzar a sus organizaciones y representar en el Congreso y en el territorio a los millones de ciudadanos que votaron por la propuesta progresista.

Quede finalmente un reconocimiento a Andrés Manuel López Obrador.

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Si se compara lo que alcanzó contra lo que tuvo que remontar, su campaña fue, por mucho, la más exitosa. Así lo vieron los millones de ciudadanos que le reiteraron su confianza y los jóvenes que encontraron en él a un líder limpio y comprometido con las causas que les merecen respeto.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Manuel Camacho Solís.

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