OPINIÓN: Tony Scott, una inyección de adrenalina en el cine de Hollywood

El cineasta creó películas de acción que hacen sentir mareado y aturdido al público mientras las ve, asegura el crítico Gene Seymour
El director Tony Scott muere al saltar de un puente
Autor: Gene Seymour
(Reuters) -

Nota del editor: Gene Seymour es un crítico de películas que ha escrito sobre música, películas y cultura para The New York Times, Newsday, Entertainment Weekly y The Washington Post.

(CNN).- ¿Puedo ser franco contigo? El tipo me ponía nervioso. ¡Todos estos recortes de saltos y progresiones visuales estroboscópicas de una escena a otra! No voy al cine para sentirme más nerviosa. Voy al cine para calmarme o desvanecerme.

Las películas de Tony Scott, quien saltó a su muerte este domingo de un puente en Los Ángeles, eran inyecciones de adrenalina fuertes y difíciles inyectadas en el sistema nervioso colectivo de la audiencia para hacer que el tiempo (y tu cabeza) estallaran. Su nombre en los créditos virtualmente aseguraban al cinéfilo un viaje que hacía competencia con Space Mountain de Disneylandia por dolores en el estómago y emociones que te hacían dar vueltas a la cabeza y te dejarían temblando al final.

No eran los preferidos de todos; y no siempre eran los míos. Y aun así, estoy certero de que en las próximas décadas, las películas de Scott estarán entre las primeras estudiadas por los académicos del cine que buscan el desarrollo del género de acción, por historiadores culturales que buscan pistas sobre los giros nerviosos de la mentalidad estadounidense al comienzo del siglo XXI y por aspirantes a cineastas que simplemente quieren saber cómo demonios hipnotizar a las personas en primer lugar.

Establecer a Tom Cruise y Denzel Washington como iconos de las películas de acción, sin importar cuán considerable (o improbable) ese logro sea, no es ni siquiera la mitad del legado de Scott.

A diferencia de su hermano mayor, Ridley, cuyos créditos vagan por el campo categórico de la ciencia ficción (Blade Runner, Alien) pasando por la aventura de época (Gladiador, Kingdom of Heaven) hasta baños sangrientos contemporáneos (American Gangster, Black Hawk Down), Tony Scott mantuvo un estilo propio a través de su carrera que probablemente produjeron una tasa estable de éxito.

Su primera película, la pieza erótica de vampiros de 1983, The Hunger, terminó con una anomalía relativa (excepto en su estilo absoluto) hasta máquinas de grandes emociones como Top Gun (1986), Revenge (1990), The Last Boy Scout (1991), True Romance (1993), Crimson Tide (1995), Enemy of the State (1998), Man on Fire (2004), Domino (2005), The Taking of Pelham 1 2 3 (2009) y Unstoppable (2010).

La mayoría de estas películas (y sus protagonistas) fueron regidos por plazos que parecían imposibles. Ver Last Boy Scout, Crimson Tide, Enemy of the State, Pelham y Unstoppable es sentirse presionado por el tiempo. Sus héroes no tenían tiempo para pensar y tú tampoco. Propulsión, urgencia, energía en aras de su gasto eran los únicos principios rectores de las películas de Scott, y aun así estabas presionado en tu asiento por su impulso, de alguna manera no podías evitar sentirte paralizado por las imágenes.

El cambio de cada fotograma de aceitoso a hollinoso, de elegante a abrasado, de estrecho a abierto, parecía a la vez abrupto y fluido. Quizá el ruido y las distorsiones eran tu jarra de grog. Pero pocos cineastas antes o desde ese entonces han sido capaces de organizar sistemáticamente elementos tan exasperantes en un flujo de metal rock.

Tener un buen guión siempre ayuda y las contribuciones de Quentin Tarantino en a True Romance y Crimson Tide hacen que esas películas de Tony Scott sean las que los críticos sabelotodos les gusta destacar. Top Gun seguirá siendo la primera cosa que las personas recuerden cuando mencionen su nombre y hay mucho que decir del encanto y eficiencia de la relativamente tranquila pero no menos fascinante Unstopabble. (Es casi como si hubiera estado empezando a calmarse).

Pero con lo gruñón que soy, la película de Scott que voy a destacar por escrutinio especial es una de sus menos famosas; al menos financieramente.

Domino, cuya historia fue inspirada por aventuras de la vida real de la hija de una estrella de cine convertida en una cazarrecompensas (interpretada por Keira Knightley), es una de las películas épicas de acción más subversivas, precisamente por las cosas que te vuelven loca sobre ésta: establecer piezas que te hacen sentir mareado y aturdido al mismo tiempo, tramas que literalmente viran en todo el mapa, luces y escenarios que exudan amenazas y presentaciones hiperbólicas que de alguna manera permanecen fijos en el núcleo narrativo.

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No siempre la disfruté mientras la veía. Pero partes de ésta se quedaron conmigo tiempo después. Podría decir lo mismo para la mayoría de las películas de Tony Scott y, por ende, de su carrera entera.

Las opiniones expresadas en este artículo son solamente de Gene Seymour.

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