OPINIÓN: Los países que viven el espejismo de la democracia sin libertad

Rusia, Egipto, Ecuador y Venezuela son algunas de las naciones que planean modelos de información que limitan la libertad de expresión
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Frida Ghitis
Autor: Frida Ghitis | Otra fuente: 1
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Nota del Editor: Frida Ghitis es columnista de asuntos mundiales para el Miami Herald y el World Politics Review. Ex productora/corresponsal de CNN, autora de El Fin de la Revolución: Un Mundo Cambiante en la Era de la Televisión en Vivo. Síguela en twitter: @FridaGColumns

(CNN) — ¿Qué tan libre eres como para decir lo que piensas y lo que crees? ¿Qué tan libre eres para escuchar los puntos de vista de los demás y de aquellos que cuestionan las creencias arraigadas o critican a los poderosos?

La respuesta a esa pregunta se encuentra en la esencia y el alma de la democracia.

Hoy en día tenemos evidencia de que la democracia titubea en algunos países como Rusia o Egipto; a los que la revolución no los llevará hacia el camino de la democracia, más bien se alejarán.  

Sabemos que los prospectos de cambio en Myanmar no representan una verdadera transformación y que la democracia en lugares como Irán, Venezuela y Ecuador —el país que le ofreció asilo a la mente WikiLeaks, Julian Assange— está muerta, sigue muriendo o sufre una grave enfermedad.

China tampoco tiene absolutamente nada de régimen democrático.

Cuando las autoridades rusas decidieron juzgar a tres artistas del punk-rock integrantes de un grupo llamado Pussy Riot, el problema siempre fue la democracia, o más bien, la falta de ella.

Los fiscales culparon a Maria Alyokhina, Yekaterina Samutsevich y Nadezhda Tolokonnikova de vandalismo e incitación religiosa después de que montaron un show revolucionario a principios del 2012 en Moscú. Las tres irrumpieron en el altar de la catedral de Cristo Nuestro Salvador de la ciudad con sus ya reconocidos y coloridos pasamontañas. Cantaron 40 segundos de su composición Mother of God, Cast Putin Out, lo que después formó parte de su éxito de YouTube Punk Prayer.

La actuación fue un acto de protesta. Similar a otras que han sucedio en Rusia, la queja estaba dirigida al gobierno autoritario de Vladimir Putin y el papel cada vez más contundente de la Iglesia en la política.  

Normalmente, el show hubiera recibido una multa y cargos por perturbar la paz en un recinto religioso. Pero en la Rusia de hoy, no puedes lanzarte en contra del presidente sin tener consecuencias serias.

Las mujeres de Pussy Riot causaron polémica en parte por el nombre de su grupo y por sus 40 segundos revolucionarios. El caso es uno de los más publicitados por los abusos a la ley de libre expresión. 

Alexei Navalny, uno de los detractores más populares de Putin, fue acusado de fraude y mucha gente cree que los cargos fueron sembrados por las mismas autoridades.

Mikhail Khodorkovsky es un crítico del Kremlin, que es un conjunto habitacional de religiosos en el corazón de Moscú, y desde 2005 está en una prisión siberiana debido a que se atrevió a retar la autoridad de Putin. Incontables periodistas rusos han sufrido muertes misteriosas, al igual que los que están en contra de la corrupción, como Sergei Magnitsky. Garry Kasparov, líder de oposición y excampeón de ajedrez, ha sido atacado físicamente.

Reprimir a los que no están de acuerdo con la autoridad es una forma de mantener el poder. Y no hay mejor manera que la de aparentar ser democráticos para controlar a la gente y los votantes. 

Restringir la libertad de expresión, especialmente la de los medios, es el deporte favorito de los gobiernos autoritarios que quieren disimular una democracia legítima.

Ganar unas elecciones puede otorgar democracia legítima. ¿Pero qué pasa cuando la oposición no tiene acceso a los medios? ¿Qué pasa cuando los periodistas no son libres de criticar al gobierno?

Ahí es cuando muere la democracia. Aunque sea como un "muerto-viviente", con líderes elegidos por medio del voto con acceso solo a los puntos de vista que apoyan al régimen. En donde las críticas al presidente son destrozadas, ridiculizadas y difamadas, como sucede en varias naciones.

En Egipto, que tiene su primer presidente electo, existe un movimiento creado para sofocar las críticas y solo exponer un punto de vista al público.

Cuando el periódico Al-Dustour sacó una lista de acusaciones en contra de la Hermandad Musulmana, de cuyas filas salió el presidente Mohamed Morsi, las autoridades quitaron cada publicación de los puestos de revistas. Islam Afifi, editor del periódico, es uno de los tantos periodistas acusados de insultar al presidente. Afifi dice que la Hermandad quiere "silenciar cualquier oposición a sus políticas".

El Upper House, dominado por legisladores islamistas, seleccionó a 50 editores de periódicos para las publicaciones que son del estado. Morsi nombró a Salah Maksoud, activista de la Hermandad, como ministro de información para cimentar el control de los islamitas sobre los medios. 

Ecuador es el país cuyo presidente, Rafael Correa, democráticamente aceptó otorgar asilo a Julian Assange, pero los periodistas afirman que el ejecutivo mantiene una campaña de terror e intimidación contra los corresponsales de información. 

Las leyes de los medios en Ecuador prohíben reportes y hasta editoriales que "tienen una relación, a favor o en contra de un candidato, lo cual incluye propuestas, opiniones, preferencia electoral o tesis política en específico".

El Comité de Protección a los Periodistas lo llama "prevención obligada" y dice que es el complemento a un programa en contra de campañas de desprestigio y de difamación. Y se disfraza de autocensura, un concepto bastante conveniente para el gobierno. 

Así ya no tendrá que hacerse responsable de encarcelar o acosar a los que lo critican, entonces la democracia sigue viva sin importar qué tan libres parezcan las elecciones.

Pocos critican y los electores solo se enterarán de las proezas e inteligencia de sus líderes. Es fácil ganar las elecciones de esa manera.

Ecuador sigue el modelo de Venezuela, en el que el presidente Hugo Chávez impuso la Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión, junto con multas de millones de dólares y el cierre de puntos de venta que funcionan sin el visto bueno del gobierno.

Para mantener un poco de libertad democrática, se permite cierta oposición para funcionar, pero el campo de juego es cerrado y se inclina hacia un solo lado.

Esas tácticas son mucho más sutiles que las de Irán, en donde el gobierno definitivamente encarcela a periodistas.

El régimen no solo ha encarcelado y torturado a periodistas, también clausuró periódicos, sitios web y señales de satélite. Ahora el gobierno dice que planea dejar de usar el internet para el 2013 porque "no se puede confiar en él".

Tristemente, las restricciones a la libertad de expresión, uno de los derechos humanos fundamentales, son más comunes de lo que creemos. De acuerdo con Freedom House, un grupo defensor de los derechos humanos, solo el 14.5% de la gente en el mundo vive en lugares con verdadera libertad de prensa.

Pero hay un efecto que da esperanza y es que ante todos los esfuerzos de los regímenes autoritarios por silenciar las críticas, resaltan el poder de las palabras, el poder de la libre expresión y la importancia de tener una verdadera democracia legítima.

Hasta ahora es un incentivo poderoso para continuar la lucha de los que defienden a la democracia.

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Si pierden la batalla por darle paso al flujo de ideas, la democracia no será más que un espejismo al igual que la libertad. 

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Frida Ghitis.

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