OPINIÓN: El poder de la mujer, más allá de una huelga sexual

La estrategia ha tenido casos de éxito, pero demuestra que el género femenino tiene una limitada oportunidad de expresión
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Frida Ghitis
Autor: Frida Ghitis | Otra fuente: 1
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Nota del Editor: Frida Ghitis es columnista de asuntos mundiales para el Miami Herald y el World Politics Review. Ex productora/corresponsal de CNN y autora de The End of Revolution: A Changing World in the Age of Live Television. Síguela en Twitter: @FridaGColums

(CNN)— En un momento de combustión política, con manifestaciones masivas a favor de la democracia, autoinmolaciones y guerras civiles, las mujeres de un pequeño país africano, Togo, podrían ser las primeras en utilizar una huelga de sexo para derrocar a un dictador. 

Las mujeres, al igual que muchos hombres de Togo, han tenido suficiente de un gobierno encabezado por una sola familia. El presidente, Faure Gnassingbe, tomó el poder en 2005, poco después de la muerte de su padre, quien gobernó durante 38 años.

El país ha mantenido una débil fachada demócrata con elecciones regulares, pero entre el padre y el hijo, la familia no ha cedido el poder en cuatro décadas. 

Las protestas de la oposición para exigir cambios a la ley electoral antes de las próximas elecciones han generado enfrentamientos con las fuerzas de seguridad y arrestos masivos. Así que el pasado 25 de agosto, en una manifestación en la capital de Lome, mujeres que pertenecen al grupo opositor Let's Save Togo anunciaron el despliegue de su nueva arma.

Isabelle Ameganvi, líder del ala femenina de la organización, exhortó a las mujeres togolesas a "mantener la puerta de su 'patria' bajo llave" durante una semana.

Si todo sale de acuerdo al plan, en esta la semana los hombres de Togo tendrán tiempo para pensar en su patria y en su anhelo de, bueno, la democracia.

Las organizadoras de la huelga de sexo dicen que quieren pedir la liberación de prisioneros y motivar a los hombres a tomar acciones en contra de Gnassingbe. Al final, ellas quieren ver un cambio democrático y que el presidente se vaya.

La idea de usar el sexo con objetivos políticos no es nueva. Las mujeres, quienes a lo largo de la historia han estado en desventaja frente a los hombres respecto al acceso al poder, saben desde hace tiempo que ellos son especialmente vulnerables cuando se trata de sexo.

Por eso, la abstención ha sido utilizada para lograr metas políticas en el pasado. Sin embargo, cada vez que las mujeres han recurrido a esta táctica lo han hecho después de una profunda frustración con el uso de otros métodos. 

Además, es una señal de que el poder de la mujer es limitado y de que su mejor estrategia es presionar a los hombres a tomar medidas.

Algunos dicen que esta táctica daña a la mujer, al enfatizar su sexualidad en lugar de su humanidad. Pero las activistas de Togo dicen que utilizan su poder dondequiera que lo encuentren. 

La idea de la huelga sexual tiene una historia que data desde la antigua Grecia. En la obra Lisístrata, las mujeres de Atenas —hartas de las interminables guerras de los hombres— deciden dejar de tener relaciones sexuales con ellos hasta que termine la Guerra del Peloponeso. La comedia fue presentada ante las audiencias atenienses exactamente hace 2,500 años. 

Y es interesante que en la obra de Aristófanes las mujeres hacen más que negar el sexo; también se apoderan del Partenón, el lugar donde la ciudad guarda el tesoro que financia la guerra, y pelean para resguardarlo. 

Puede que se necesite algo más que sexo para persuadir a los hombres a hacer lo correcto, pero las acciones inspiradas por Lisístrata tienen un récord célebre y posiblemente exitoso.

En las incontables ocasiones en que las mujeres han utilizado las huelgas de sexo, es imposible saber si la estrategia produjo el efecto deseado, porque antes de poner en acción esta medida habían tratado con otras formas. Y tampoco es posible comprobar si cada huelga se cumplió al pie de la letra o cuántos hombres utilizaron la violencia sexual para terminar con la protesta.

Aún así existen algunos ejemplos interesantes de mujeres que lograron sus objetivos —que incidentalmente beneficiaron a la sociedad en su conjunto, no solo a las mujeres— después de convocar a una huelga sexual. Si una cosa provocó la otra está sujeto a debate.

El caso más claro de éxito ocurrió en el pueblo colombiano de Barbacoas, donde el año pasado las mujeres lanzaron la "huelga de piernas cruzadas" para exigir una carretera. Decidieron no tener sexo hasta que los hombres construyeran un camino para acortar las 10 horas de viaje hacia la capital de la provincia, a solo 56 kilómetros de distancia. 

Conmovido por el sufrimiento inimaginable de los hombres, el gobierno aceptó construir la vía. 

Unos años antes, también en Colombia, las esposas y novias de miembros de una pandilla en el pueblo de Pereira dijeron que mantendrían una huelga sexo hasta que los hombres detuvieran la violencia por la cual habían muerto unas 500 personas. El porcentaje de fallecimientos bajó en un 26.5%.

Pero ni la antigua Grecia, América Latina o una reciente huelga sexual en Filipinas, inspiraron a las activistas togolesas a llevar a cabo la estrategia a favor de la democracia. Fue la increíble historia de Liberia lo que les dio motivo para ser optimistas.

Hacia 2003, los liberianos habían soportado 14 años de una brutal guerra civil que destrozó al país. Líderes de las Mujeres de la Acción Masiva de Liberia por la Paz organizaron una serie de acciones no violentas, incluida la huelga sexual, para demandar el fin de la guerra. A la dirigente del grupo, Leymah Gbowe, le fue otorgado el Premio Nobel de la Paz junto con Ellen Johnson-Sirleaf, otra mujer liberiana que estaba a punto de hacer historia.

Una vez más, nadie sabía qué tan importante fue para las protestas la estrategia de no tener sexo. Pero antes de que acabara el año, las partes del conflicto firmaron un tratado de paz que acabó con la guerra y sentó las bases para unas elecciones democráticas.

Cuando los liberianos acudieron a las urnas, la mayoría votó por Johnson Sirleaf, quien se convirtió en la primera mujer presidente en la historia de África.

Esa sí es una historia de éxito, porque una vez que las mujeres acceden al verdadero poder político, ya no necesitan recurrir a huelgas sexuales u otros medios indirectos para expresar sus puntos de vista y obtener resultados.

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Al final, se trata de que todos los ciudadanos, incluidas las mujeres, tengan una oportunidad justa para en el proceso político. Esa es la máxima meta en la lucha por la verdadera democracia.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Frida Ghitis

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