OPINIÓN: Tras 11 años del 9/11, los musulmanes de EU aún viven con miedo

Los actos terroristas en Nueva York no solo afectaron a los estadounidenses también fracturaron a la comunidad musulmana
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Autor: Sumbul Ali-Karamali | Otra fuente: 1

Nota del editorSumbul Ali-Karamali es la autora de El vecino musulmán: El Corán, los medios y el asunto del velo y Creciendo como musulmán: Cómo entender las creencias y costumbres del Islam. Es miembro de la dirección del comité de Mujeres en Igualdad y Espiritualidad Islámica y del Consejo de Mujeres Musulmanas de la Shura Mundial, grupos que se dedican a promover los derechos de la mujer y los derechos humanos desde una perspectiva islámica.

(CNN)- Mi padre siempre me aconsejó no hablar de religión, política o de los hijos de otras personas. Él perteneció a una generación de musulmanes estadounidenses que querían pasar desapercibidos e incorporarse a la vida de EU sin llamar la atención. Mientras crecía en el sur de California, intenté seguir su consejo. Sin embargo, tras el 9/11 me di cuenta, al igual que otros musulmanes estadounidenses, que no teníamos más opción que hablar de religión. A pesar de que incontables musulmanes en Estados Unidos y otras partes del mundo han condenado los hechos del 9/11, la comunidad fue objeto de sospechas.

Los terroristas del 9/11 quebrantaron muchas leyes del Islam y fueron denunciados como asesinos de masas por los líderes religiosos del Islam. Aún así, el Islam es percibido como una religión que predica la violencia.

Tras los terribles hechos, rodeados por el miedo y la ira, muchos musulmanes estadounidenses se dieron cuenta de que la razón por la que los ciudadanos de EU se habían apresurado a pensar lo peor de los musulmanes era porque conocen muy poco acerca de los fundamentos del Islam.

Nos dimos cuenta de que si no explicábamos nuestras creencias y tradiciones, entonces otras personas escribirían nuestra historia en nuestro lugar. A pesar de los esfuerzos, eso fue exactamente lo que sucedió.

Aunque los sucesos del 9/11 animaron a muchos estadounidenses a aprender más sobre el Islam, también desencadenaron una ola de sentimientos en contra. A pesar de las iniciativas creadas para terminar con el estigma como los libros relativos al Islam, documentales, esfuerzos educativos y programas de televisión como El musulmán estadounidense, las encuestas muestran que la percepción negativa hacia el Islam aumentó desde el 9/11 en lugar de disminuir.

Las tendencias solo sirven para desanimar a los más optimistas en nuestra comunidad; muchos de nosotros sentimos más temor que hace una década y las congregaciones musulmanas se sienten asediadas.

En los últimos años han aumentado los incidentes en contra de mezquitas. A principios de este verano, una mezquita en Joplin, Missouri se quemó por completo. Roger Stockham fue arrestado el año pasado por posesión de explosivos afuera del Centro Islámico en Dearborn, Michigan. Un incendio provocado dañó muy seriamente un templo en Wichita, Kansas, el año pasado. Cada vez son más comunes los actos vandálicos en contra de los recintos sagrados.

Los grupos discriminadores también se han multiplicado: uno de los crímenes de odio más terribles fue el asesinato de Shaima Alawadi, una joven madre que recibía amenazas anónimas en los que era acusada de ser terrorista.

Casi todos los profesores de estudios islámicos con los que he hablado o que conozco –sean o no musulmanes—han recibido correspondencia intimidante, incluso, amenazados de muerte.

¿Cómo es que esto sucede en nuestro país? Existen varias razones. No solo se trata de la falta de información acerca de la comunidad musulmán-estadounidense, sino de la desinformación y en muchos casos, de las falsedades acerca de las bases del Islam y las creencias de los musulmanes. Uno de los ejemplos más ridículos es que no soportan a los perros: al parecer somos tan malos que el mejor amigo del hombre es nuestro enemigo. (Para referencia, visite el sitio web: Los musulmanes y los perros, en donde se difunde de forma irresponsable este disparate).

El Center for American Progress emitió un reporte en 2011 en el que se documentaba la existencia de una pequeña pero muy bien fundada red de detractores del Islam que son constantes en sus esfuerzos por difundir información incorrecta acerca del Islam. De manera directa o indirecta, estos detractores fomentan la histeria alrededor de la mezquita cercana a la “zona cero”, promueven la película La tercera Yihad --que fue exhibida por la policía de Nueva York como video de entrenamiento, por lo que recibió fuertes críticas--,  y es responsable de las campañas publicitarias anti-islámicas que aparecen en autobuses del transporte público en todo el país.

Esta retórica anti-islámica se ha relacionado con la violencia: Anders Breivik, quien asesinó a más de 70 personas en Noruega, citó a diferentes blogs anti-islámicos en su manifiesto –en el que era evidente su postura en contra de la “Islamización”.

Los musulmanes estadounidenses lucharon no solo en contra de la falta de información acerca del Islam, sino de la creciente masa de mitos virulentos acerca de los musulmanes que continuamente hemos de explicar o desestimar.

Es particularmente aterradora la rapidez con la que algunas figuras públicas y funcionarios oficiales han optado por la fobia al Islam. Las audiencias de Radicalización musulmana de Peter King, las acusaciones infundadas que lanzó Michele Bachmann acerca de los lazos de funcionarios públicos con la Hermandad Musulmana, y el espionaje de las comunidades musulmanas que ha llevado a cabo el Departamento de Policía de Nueva York desde hace largo tiempo (y que no arrojó pista alguna) son tan solo algunos ejemplos de la creciente satanización de los musulmanes y, en consecuencia, de la religión islámica.

El Islam es la segunda religión más grande del mundo; los musulmanes conforman más de una quinta parte de la población mundial. Ninguna religión podría prosperar a lo largo de 1,400 años sin ser flexible y adaptable. La retórica difamatoria que se ha dirigido en contra de los musulmanes y el Islam poco tiene que ver con la religión o sus seguidores, por el contrario, tiene mucho que ver con el temor a lo Otro.

Para los musulmanes estadounidenses, la última década ha sido tormentosa. Hemos salido de la vida privada a la luz pública en un esfuerzo por impulsar un acuerdo mutuo entre las comunidades de nuestro país multicultural.

No lo hacemos solo por nosotros, sino porque el miedo irracional hacia el Islam y que los musulmanes son malos para todos los estadounidenses: deteriora el tejido social, crea divisiones entre la sociedad, merma la salud de nuestra democracia y afecta la objetividad de nuestras decisiones políticas.

Durante la última década, me he topado con varios estadounidenses que entienden esto y que a pesar de los detractores, realizan admirables esfuerzos por establecer una conexión con los musulmanes.

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Hace poco dirigí un discurso en un templo judío como parte de una serie de pláticas educativas. La audiencia rompió espontáneamente en aplausos a la mitad de mi discurso acerca del Islam y las mujeres y al final me extendieron una ovación de pie.  Ellos fueron uno de los conmovedores ejemplos de generosidad y accesibilidad con los que me he encontrado a lo largo de la última década. A pesar del desánimo y el miedo, eso me ayuda a conservar las esperanzas en el futuro.

Este comentario refleja exclusivamente la opinión de Sumbul Ali-Karamali.

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