La inflación forzará alza de tasas

El incremento de precios en México tiene raíces monetarias que deben atacarse, dice Alfredo Coutiño; la esperanza de que la inflación regrese a 4% para el final del año podría quedar en buenos deseos.
inflacion precio consumidor moneda  (Foto: Photos to Go)
Alfredo Coutiño*
CIUDAD DE MÉXICO (CNNExpansión) -

A pesar de que la inflación ha sido afectada por algunos choques de oferta de naturaleza transitoria en los pasados meses, también tiene raíces monetarias que necesitan ser atacadas. 

De lo contrario, la esperanza del banco central de que la inflación regrese a 4% para el final del año se quedará solamente en "buenos deseos". La oferta primaria de dinero creció a una velocidad real tres veces superior al crecimiento de la economía durante el segundo trimestre.

Tanto el mercado como el banco central han argumentado que el rebote inflacionario de los últimos meses tiene naturaleza transitoria, ya que se debe mayormente a los efectos generados por la escasez de algunos productos,  generada por la influenza aviar y por las condiciones climáticas en el mundo.

Dado este diagnóstico, las autoridades y los mercados esperan que la inflación regrese a tasas menores hacia finales del año.

Sin embargo, dicho diagnóstico ignora que la inflación también es impulsada por factores de demanda que tienen que ver con una aceleración de la cantidad de dinero en la economía que ha sido acomodado por condiciones monetarias expansivas, sobre todo en este año de elecciones presidenciales.

Efectivamente, el proceso electoral generó una mayor demanda de dinero por los gastos para financiar las elecciones y las campañas políticas. Un evento totalmente natural y de gran escala que sólo sucede cada seis años. Sin embargo, a dos meses de las elecciones, dicho exceso de circulante monetario no ha sido retirado de la circulación, a pesar de las emisiones de bonos de regulación monetaria que se han dado en los meses recientes.

Era de esperarse que con la terminación de las campañas y la celebración de las elecciones, las condiciones en la economía volverían a la normalidad, sobre todo ante la desaparición del gasto que se ejerció para financiar el proceso político electoral.

Esto ocasionaría que el exceso de demanda interna generado por ese gasto adicional tendería a desaparecer al término de las elecciones, lo que efectivamente no ha sucedido, ya que la cantidad de dinero primario emitido por el banco central continúa creciendo no sólo a tasas similares a las que existieron en los meses de intensificación de las campañas políticas (mayo y junio), sino también a tasas del doble de las que existieron a mediados del año pasado.

Así, durante el segundo trimestre, mientras la base monetaria creció a una tasa real de 12%, el crecimiento real de la economía sólo fue de 4.1%.

La cantidad de dinero real crecía a una velocidad tres veces superior a la de bienes y servicios producidos en la economía; pero además, en agosto la base monetaria creció a una tasa anual de 16% después de alcanzar su máximo de 18% en junio. Dicha tasa es prácticamente el doble de la de 8.8% que existió entre julio y agosto del año pasado.

Ese exceso de circulante monetario no ha sido retirado a pesar de que la economía  empezó a dar señales de moderación a mediados del año, lo cual implica que la abundancia de dinero efectivamente está generando un exceso de demanda interna en la economía que está presionando a la inflación a la alza.

La economía alcanzó su plena capacidad de funcionamiento desde inicios del año, con crecimientos incluso mayores al potencial, con lo cual la holgura de capacidad productiva desapareció desde el primer trimestre del año. Consecuentemente, el exceso de oferta monetaria que aún existe está, efectivamente, acomodándose en presiones de precios, además de importaciones.

Lo anterior demuestra que efectivamente la inflación también tiene raíces monetarias que no desaparecerán mientras las condiciones continúen estacionadas en territorio expansivo.

De no atenderse oportunamente, la inflación no sólo no regresará a 4% para finales del año, sino que incluso podría acelerarse ante la tradicional realineación de precios y tarifas públicas que necesariamente tendrá que ocurrir con el arribo de la nueva administración a principios de diciembre.

En este sentido, el banco central debería actuar preventiva y estratégicamente, normalizando las condiciones monetarias hacia territorio neutral. Esto implica que el banco central únicamente tiene dos oportunidades en este año para actuar (finales de octubre y noviembre), antes de que sea forzado por la realidad a ejecutar un ajuste más agresivo a principios del nuevo gobierno. Por lo cual se eleva la probabilidad de que la primera alza de tasas suceda antes de que termine el presente año.

Con esto se confirmaría que el tan largamente anunciado recorte de tasas establecido por el banco central como una posibilidad desde agosto del 2011 -y que los mercados compraron con toda miopía- haya quedado relegado a "buenos deseos", como bien lo establecimos desde ese entonces, dado que no existían condiciones para tal recorte.

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Dado que el banco central ha jugado bien el papel de líder, y el mercado de seguidor, éste último podría ser sorprendido con el inicio del ciclo de alzas en la tasa de fondeo antes de que termine el año y en anticipación al arribo del nuevo gobierno. 

*Alfredo Coutiño es director para América Latina de Moody's Analytics

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