OPINIÓN: ¿Qué está mal con Romney?

Para la autora, el candidato presidencial republicano intenta ser alguien que en realidad no es
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Gloria Borger
Autor: Gloria Borger | Otra fuente: 1
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Nota del Editor: Gloria Borger es analista político en jefe y aparece regularmente en programas como "AC360⁰", "The Situation Room" y "State of the Union".

(CNN) – Al ver la dolorosa y autodestructiva metida de pata de Romney sobre "el 47%", a primera vista parece inexplicable, como si el hombre se estuviera deshaciendo de la mitad del electorado.

No importa que entre las autodeclaradas "víctimas" de las que habla incluyan a adultos mayores (quienes votaron por los republicanos en el 2010) y a veteranos (muchos de los cuales podrían votar por el Partido Republicano). O de que también son personas que trabajan duro y pagan sus impuestos, y que podrían obtener algunos beneficios en sus impuestos por sus hijos.

Entonces ¿qué pasa con Mitt Romney, quien debería saber estas cosas —y probablemente sí las sabe— que mete tanto la pata? Otra forma de hacer la pregunta: ¿Por qué un hombre tan inteligente dice tantas estupideces?

Tengo una teoría. Pasando tanto tiempo este año pensando en Romney —y hablando con aquellos que lo conocen mejor, en asuntos de política y personales cuando estaba haciendo un documental para CNN— hay algo que parece ser cierto: Romney ve la política desde la perspectiva de un empresario. Eso significa que evalúa una situación (o una audiencia). Piensa qué necesita para cerrar el trato. Después lo hace y entonces espera que funcione.

Por consiguiente, Romney habla con un grupo de peces gordos conservadores y les dice lo que él piensa que quieren escuchar para que se la crean. Si le creen o no, está de más. Él estaba cerrando el trato.

Debes saber esto: aunque Romney nació en la política, no es un político nacido para hacer política. Su padre pudo haber sido el gobernador de Michigan durante tres periodos, pero le dijo a su hijo que primero entrara a los negocios. Y lo hizo. Y ahora Romney es un tipo de números que llegó tarde a la parte de la política. Y se nota, especialmente cuando le pides a los electores que confíen en lo que tú crees para convertirte en presidente.

Algunos políticos inspiran por la lealtad que le tienen a una causa o a un partido. Romney es un hombre de negocios que llegó a la política por un fuerte sentido de la obligación, y creía en su propia habilidad de reparar lo que está roto. Resultar electo es lo que tienes que conseguir para que puedas contribuir con eso en lo que eres bueno: solucionar cosas.

(Por una extraña razón, tal y como sucede con el presidente Obama, también cree que resultar electo es lo que tienes que conseguir para que puedas contribuir con eso en lo que eres bueno: transformar las cosas).

Romney ha tenido mucho éxito asumiéndose como el hombre que lo va a poder arreglar todo. Aunque no pudo vencer a Ted Kennedy, sí se convirtió en gobernador del estado liberal de Massachussetts en el 2002, postulándose como un político moderado a favor de la vida.

Sin embargo, una vez en el puesto, cuando se enfrentó con el difícil tema del aborto,  cambió de parecer, y me explicó que se trataba de un asunto de conciencia, moderado por la realidad del poder político. "Me dí cuenta de que sonaba bien en campaña, pero cuando me convertí en gobernador y era el responsable de firmar una legislación que podría significar una vida humana, simplemente no lo pude hacer", me dijo.

Pero no hay duda: Romney se tuvo que mover a la derecha para tratar de salir nominado (como candidato presidencial), así que lo hizo en la campaña del 2008. Y lo volvió a hacer en el 2012.

Al tratar de explicar el proceder de Romney, el exconsejero Alex Castellanos me dijo que el viraje de Romney en temas sociales era el de un hombre de negocios que "consideraba el hecho de gobernar principamente como un asunto de economí que de repente tuvo que hacer frente a algunos asuntos de carácter social como el hecho de hacerse responsable por una vida humana. Y eso lo hizo evolucionar".

Nos remitimos ahora al candidato 'severamente conservador' de las primarias del 2012. Y a la última plática ofrecida durante una recaudación de fondos en la que dijo que la mitad del público estadounidense se victimiza, por lo que piensa que el gobierno tiene que cuidarlos.

Todo eso nos lleva a esta pregunta: ¿Romney cree en todo esto?

Al final de cuentas, es difícil saberlo.

Pero me uno a la teoría de David Brooks, quien publicó en The New York Times que Romney es un "hombre decente que dice estupideces porque está tratando de ser algo que no es, una especie de caricaturista que odia al gobierno".

A lo mejor es lo que Romney pensó que necesitaba para cerrar el trato. Pero el problema es que la política presidencial no es un negocio. Es un asunto de personas.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Gloria Borger.

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