OPINIÓN: Compartir archivos por internet es parte de evolucionar

La industria tendrá que aceptar la idea de que la música y el conocimiento ya no serán exclusivos mientras continúe el avance tecnológico
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Autor: Rick Falkvinge | Otra fuente: 1

Nota del Editor: Rick Falkvinge es el fundador del Piratpartiet de Suecia, el primer Partido Pirata alrededor del mundo, y es un miembro activo de la campaña para la “próxima generación de libertades civiles y política de información sensible para salvaguardar las partes del Internet que garantizan el libre albedrío de los usuarios”.

(CNN) Desde hace 20 años, la industria de los derechos de autor financía una lucha en contra de los adolescentes que comparten cultura y conocimiento entre ellos. Primero fue la música ("las grabaciones caseras matarán a la industria musical"), después juegos, seguidos de películas y, finalmente libros.

Han tratado de exponer a los adolescentes y a otros como si compartir fuera algo inmoral.

El problema con esta descripción es que tiene muy poco impacto en la gente que comparte, para ellos compartir un disco o un juego con un amigo o un extraño es una buena acción.

Por lo tanto tenemos una severa desconexión acerca de cómo diferentes partes de la sociedad ven la actividad de compartir cultura y conocimiento fuera de las cadenas establecidas de distribución, o de la violación de los derechos de autor, como lo quieras ver.

Mientras la tecnología móvil evoluciona, se hace cada vez más claro que esta es una guerra que no puede ser ganada. Hoy en día, nuestros dispositivos pueden almacenar de 16 a 64 gigas de información.

Los discos duros que pueden almacenar 60 terabytes están a la vuelta de la esquina. Esta capacidad de almacenaje será muy rentable y permitirá que cualquiera pueda llevar consigo toda la música que se haya producido en la historia.  

De ocurrir este fenómeno en los aparatos móviles que puedan transmitir información a través de bluetooth y de manera anónima, significa que cualquiera puede sentarse en una cafetería y copiar una colección de música completa sin que se pueda rastrear, ni siquiera ellos mismos sabrán para qué la copiaron y de quién. 

Sin embargo, en el transporte público como el tren o el metro, se formarán barreras espontáneas que no permitan al usuario móvil estar actualizado con toda la información o música que se comparta. 

Poco después, el almacenamiento también será suficiente para albergar todas las películas jamás producidas. Lamentablemente, los celulares son tecnología rastreable y centralizada, se les conoce como “aparatos de rastreo gubernamentales que también puedes usar para hacer llamadas telefónicas”, y están en lo cierto, las posibilidades de identificar a cualquiera van más allá de lo que existía al este, lo que anteriormente se conocía como la Cortina de Hierro.

La ventaja es que los teléfonos móviles se pueden conectar directamente uno con otro, sin posibilidad de investigar la central, las conexiones o su localización, siempre y cuando se encuentren en un rango corto de enlace. "Rango corto" significa por lo general unos 10 o 25 metros.

Este tipo de distribución de persona a persona, conocido como sneakernet porque la gente usa sus pies para mover la información, no es tan efectiva como el internet, pero es lo suficientemente efectivo.

Es como compartir juegos primitivos en las primeras computadoras, antes que tuviéramos una BlackBerry o internet. Un juego nuevo tardaba unos tres días desde su lanzamiento para que llegara al resto del mundo. Eso es bastante rápido.

Entonces, darse cuenta de que nada podrá detener a la gente de compartir conocimiento y cultura, sin importar que viole el monopolio de distribución que conocemos como derechos reservados, gracias al rápido desarrollo de los aparatos móviles y que encima de todo continuará a pesar de cualquier tipo de violencia aplicada, ¿será que hay alguna otra opción?

Resulta ser que existe otro aspecto importante al respecto.

Por primera vez en la historia en la historia de la humanidad, al menos de todos los que tienen una conexión de internet, "todo el mundo" puede tener acceso al conocimiento y a la cultura colectiva de la humanidad, al igual que puede contribuir libremente en él.

Ese es un salto enorme para nosotros como civilización.

Ni siquiera es un proyecto utópico, con una ridícula etiqueta de precio, como el elevador espacial, el lanzador satelital de tubo de aspiración, o una base lunar. Toda la tecnología ya ha sido desarrollada, toda la infraestructura se encuentra construida, todas las herramientas se han implementado.

Todo lo que tenemos que hacer es quitar esa prohibición de usar la biblioteca más grande que haya construido el hombre.

(Irónicamente, esta misma discusión se llevó a cabo cuando las librería públicas asumieron la ley impuesta en 1850, cuando los editores argumentaron que deberían prohibir el préstamo de libros a la gente. Entre más intentamos cambiar las cosas, mayor es la posibilidad de que se queden igual).

No todo tiene que ver con el acto de detener las cosas sino con el hecho de dejar que fluyan una vez que han cruzado hacia el otro lado.
 

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Rick Falkvinge

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