OPINIÓN: Antes de cumplir 40, ¿llegó el momento de ahorrar y ser previsor?

Es importante que los mexicanos aprendan a ahorrar, tomando en cuenta factores de índole económico y de salud
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Autor: Roberto Morán | Otra fuente: 1

Nota del editor: Roberto Morán es editor general de la revista Dinero Inteligente y es autor del libro Lo que debes saber de dinero antes de cumplir 40, editado por Diana

(CNNMéxico) — Me lo temía. Hice un rápido sondeo en Facebook con la pregunta “¿Crees que los mexicanos somos previsores” y la respuesta fue justo la que preveía: no, no creemos que seamos previsores. Alguien dice: “No lo creo, si no, cómo sería aquello del ‘ingenio del mexicano’”.

Los mexicanos somos ingeniosos, parranderos, adolescentes o hijos de la Malinche, según la encuesta o el filósofo de turno, pero nunca se nos reconoce por ser previsores. Aun así, las microfinancieras en México se desarrollan porque hay pequeños emprendedores que necesitan recursos para poner un negocio; en todos los pueblos hay casas con varillas listas para ampliarla cuando la familia aumente, y las tiendas de artículos de construcción venden pequeños costales de cemento para las familias que compran materiales cuando tienen un dinero extra. De esa forma, esas familias ahorran, con mejores resultados que en una cuenta bancaria.  

No se trata de envolverse en la bandera de que "los mexicanos que hacen el sacrificio de cruzar la frontera son muy trabajadores" y de que las clases bajas, a diferencia de las gastadoras clases media y alta, sí se sacrifican por el mañana —entonces, ¿por qué como país no tenemos las tasas de ahorro e inversión de China o de Corea?—.

También hay síntomas que demuestran que no somos previsores, porque nos atacan el sobrepeso, la obesidad y la diabetes, los cuales no llegan de pronto, sino que son el resultado, en general, de una mala cultura de alimentación, que un país previsor habría evitado a tiempo. A una nación previsora no la habría tomando por sorpresa la consecuencia de 20 años de consumir pan industrializado, sopas instantáneas y refrescos, además de vivir en ciudades mal planeadas que desalientan la actividad física e impulsan a ganar una medalla de oro por horas perdidas frente a la (pésima) televisión.

Dejemos de preguntarle a la memoria de Octavio Paz si el mexicano alguna vez saldrá de su Laberinto de la Soledad. O de creer que estamos encerrados en la melancolía, como eternos ajolotes que no evolucionan, según el símil del libro de Roger Bartra —sociólogo y antropólogo mexicano—. Las señales de que no somos previsores existen porque hasta ahora vivíamos en el corto plazo.

La expectativa de vida era menor. Hubo generaciones que creían que ya estábamos condenados a una devaluación cada seis años. Y la profecía se cumplió desde 1976 hasta 1995. Desde 1995 hasta 2000 prácticamente no hubo hipotecas y quienes tenían una, la sufrían. Ahora no hay devaluaciones como las que ocurrían porque al presidente en turno se le olvidaba prever que tenía que pagar los fabulosos créditos que pedía en momentos de abundancia. Además, ya hay más hipotecas y tenemos la feliz condena de una mayor expectativa de vida. Feliz si hacemos las previsiones necesarias, pero condena si continuamos con una mala alimentación y sin cuidar nuestra la salud. Y también seguirá siendo condena si el ahorro sigue como lo hacemos y sin entender como sociedad que es necesario hacer un esfuerzo para tener un buen sistema de seguridad social y para entender que la recaudación de impuestos sirve para algo.

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A la mejor el título de mi libro “Lo que debes saber de dinero antes de cumplir 40” suena algo presuntuoso. ¿Qué me va a enseñar ese señor? Pero creo que es un buen principio: debemos saber que nuestro mañana ya cambió, queramos o no, y que tenemos que ser más previsores, independientemente de lo que digan los sondeos de Facebook o los libros de Octavio Paz.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Roberto Morán.

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