OPINIÓN: El debate entre Obama y Romney careció de discursos genuinos

A menudo, los candidatos se enfrascaron en declaraciones paralelas, en lugar de interacturar
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Autor: Alan Schroeder | Otra fuente: 1

Nota del Editor: Alan Schroeder, profesor en la Escuela de Periodismo en la Universidad Northeastern, es el autor de Presidential Debates: 50 Years of High-Risk TV. 

(CNN) – Los presidentes que buscan la reelección muchas veces sufren cuando regresan a la escena del debate después de una ausencia de cuatro años. Este miércoles por la noche, en Denver, se añadió un caso más de estos a los libros de historia. Mitt Romney no fue particularmente estelar, sino que Barack Obama se quedó corto.

En un formato de debate inusual, con declaraciones iniciales de dos minutos seguidas por una discusión abierta, los candidatos tenían que moverse rápido e improvisar. En este punto, Romney resultó ser más ágil; parecía estar alerta ante su entorno de una manera en la que Obama no lo estaba.

Aún así, para ambos candidatos, todas las semanas de asesoramiento intenso se interpusieron en su camino para ofrecer un discurso genuino. Cada hombre parecía tan preocupado por reproducir sus líneas empaquetadas que la interacción directa pasó a segundo término.

A pesar de los grandes esfuerzos del moderador Jim Lehrer para lograr que los aspirantes hablaran entre ellos, muchas veces se enfrascaban en monólogos paralelos. Para ambos, esto significó perderse una gran oportunidad.

Consideremos unos cuantos momentos del debate:

La referencia de Romney al aprendizaje de las pequeñas mentiras de sus cinco hijos es una clásica preparación para un debate: la premeditada línea que combina una declaración positiva acerca de su orador (en este caso, "soy un hombre de familia y un padre inteligente") con un revés para el oponente ("no creas lo que Obama y Biden han estado diciendo de mí").

Este acercamiento de doble enfoque le ofreció a Romney una oportunidad para llamar a su oponente mentiroso con una capa dulce. Si la maniobra funcionó o no, ya lo dirá el espectador, pero Romney se merece crédito por haber usado ese discurso perfectamente.

La respuesta de Obama fue sonreír, lo que está bien. Pero hubiera sido mucho más efectivo contestar con una línea propia (citando sus experiencias como padre, por ejemplo) como una manera de recordarle a todo el mundo que Romney no era el único papá en el escenario. Obama nunca debió dejarse comparar con un hijo desobediente.

Lo que dijo Romney acerca de Big Bird es una de las referencias culturales populares que a los políticos les gusta decir porque piensan que los conecta con el ciudadano promedio.

Sin embargo, en este caso, el disparo volvió hacia Romney. ¿Por qué? Porque citó al fiel pájaro de Plaza Sésamo como un símbolo del gasto excesivo del gobierno. Puedes meterte con muchas cosas en Estados Unidos, pero generaciones enteras de electores crecieron con él.

Otros personajes queridos le hubieran servido mejor al candidato para hablar sobre los gastos federales y como un el objeto de una lección negativa. De alguna forma, Romney se redimió al explicar que él no quiere pedir dinero prestado a China para pagar PBS (el servicio de difusión pública estadounidense).

Sin embargo, Big Bird debió quedar fuera de esos límites.

Romney ha hecho alusiones culturales en debates pasados —como cuando citó a George Constanza, del programa Seinfeld— con los mismos resultados anticuados. Es tiempo de sacar esas referencias de su repertorio.

El descuido de Wall Street era una posible flecha en la mochila de Obama, y aunque lo expuso bien, el presidente no parecía estarle poniendo corazón. Extrañamente, para alguien tan experimentado en la mecánica de la televisión, Obama tuvo dificultades para manejar las cámaras.

Dirigió parte de su mensaje de "¿alguien piensa que?" hacia la cámara, pero cuando llegó al final de "entonces el gobernador Romney es su candidato", Obama no miró al lente.

Ese fue un error de principiante y una sorpresa para alguien tan preparado para usar la cámara como herramienta de comunicación.

Inevitablemente, el presidente hablaría del programa de salud en Massachusetts durante su confrontación, así que para los espectadores solo era una cuestión de qué tan adecuadamente se defendería Romney.

Gracias a su oponente, tuvo un poco de ayuda; la petición de Obama para que Romney "explicara más” derrochó sarcasmo, y Obama inmediatamente sonrió entre dientes más de lo necesario.

La defensa de Romney sobre su historial en Massachusetts le dio al republicano uno de sus mejores momentos de la noche. Logró voltear el Romneycare no como evidencia de fracaso, sino como un ejemplo de su habilidad para trabajar en un entorno bipartidista.

Dirigida directamente a los independientes, esta era una señal que Romney necesitaba mandar, y la cara de Obama dio a entender que sabía que el gobernador se le había adelantado.

Para el presidente Obama, esta crítica de parte de Romney fue una de las líneas más agudas de la noche. Sin embargo, llegó como respuesta final antes de los últimos alegatos de los candidatos; demasiado tarde en el proceso como para beneficiarlo.

El punto donde Obama dijo que un presidente debe ser leal a sus creencias es algo válido. Aún así, pudo haber tenido más fuerza si el demócrata lo hubiera sacado antes, de manera que pusiera a Romney a la defensiva.

En resumen, este fue un mejor debate para Romney que para Obama. Pero como muchas veces pasa con los primeros debates, el evento entero se sintió un poco flojo.

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Esperemos que para el segundo round los candidatos hayan superado sus errores de la noche de apertura, más allá de los misterios del formato y de estar sobreentrenados.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Alan Schroeder

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