OPINIÓN: El debate entre Biden y Ryan, una pelea entre padre e hijo

Los candidatos a la vicepresidencia de Estados Unidos tuvieron un encuentro en el que el mayor de edad impuso su carácter
Debate por la vicepresidencia de EU
Autor: Alan Schroeder | Otra fuente: 1

Nota del Editor: Alan Schroeder, profesor en la Escuela de Periodismo en la Universidad de Northeastern, es autor de Presidential Debates: 50 Years of High-Risk TV.

(CNN) — Se escribió un capítulo más en la ilustre historia de los descarriados debates vicepresidenciales. En el Centro Universitario de Kentucky, Joe Biden y Paul Ryan se enfrentaron en lo que puede ser descrito metafóricamente como un concurrido intercambio de ideas. En la realidad se sintió más como una pelea verbal entre padre e hijo. Considera estos 5 momentos clave del debate.

Ryan: No hay necesidad de disculparse

Ese fue un buen momento para Ryan, sino es que uno de sus mejores del debate. Hace un punto específico, y lo demuestra clara y lógicamente. Ryan también entrega el material de una manera efectiva. Su rostro se animaba conforme hablaba y usa un discurso simple para expresar sus dudas acerca de cómo manejó la administración de Obama la muerte del embajador en Libia. 

El enojo estratégico de Biden

Biden lanzó el ataque que todos esperaban que hiciera: el presidente Obama en el primer debate. Biden es muy crítico hacia los comentarios de Mitt Romney y Ryan sobre los estadounidenses que por alguna u otra razón no pagan impuestos. Tiene una gran abstracción filosófica acerca del papel del gobierno en la vida de las personas y las personaliza con frases de sus padres, vecinos, la gente con la que creció, los adultos mayores, veteranos, y los soldados peleando en Afganistán. Es una lista un poco larga, y lo hace con convicción y pasión.

Ryan rechaza el comentario del 47 %

Esto representó el intento de Ryan por usar el humor para disfrazar un comentario negativo, en este caso uno ya famoso de Romney, acerca del 47 % de los estadounidenses que no pagan impuestos. Los estrategas de los debates planean y anticipan estos momentos, pero es imposible predecir cómo saldrán al final. Bromeó con la tendencia de Biden de tener deslices verbales, Ryan sugirió que Romney destrozó sus palabras cuando habló al 47 %. Ryan hizo un buen papel al decir la frase que le escribieron, hasta provocó una risa a la audiencia. Pero en el análisis final no hay mucho que Ryan o alguien más pueda hacer para contrarrestar el daño causado por el comentario original de Romney.

Biden: "¿Ahora eres Jack Kennedy?"

En este intercambio los dos candidatos luchan por dominar la conversación;  otra vez, hicieron alusión a un padre y su hijo discutiendo a la hora de la comida. La cara de incredulidad fingida de Biden mientras Ryan hablaba, no tuvo precio. Por su parte, Ryan casi no pudo contener su exasperación al no poder hablar. La frase de Biden –“¡Oh! ¿ahora eres Jack Kennedy?”– no es una referencia sutil al clásico debate vicepresidencial de 1988, cuando Lloyd Bentsen le dijo a Dan Quayle, “Senador, usted no es un Jack Kennedy”. Ryan intenta reírse del insulto, pero parece desconcertado. Biden dio en el punto. ¿No deberían saber ya los candidatos que nunca es bueno invocar a John F. Kennedy en un debate presidencial?

Ryan pierde la compostura

Estadísticamente este es uno de los malos momentos de Ryan en el debate. Inseguro de cómo manejar el tono perturbador de Biden, Ryan pierde la compostura. Empieza a moverse en su silla y a mover su cuello como esos muñecos que pones en el auto. En un par de puntos emite un sonido raro como de ahogo, un sonido que no va de acuerdo con su nivel de madurez. En casi todo el debate Ryan no dejó que un fastidioso Biden le afectara, pero este momento lo afligió.

Ryan se merece algo de crédito. Antes del debate, él predijo que Biden se le iría encima “como bola de cañón”, y de hecho lo hizo. Aunque no de la mejor manera, Biden logró dominar la tarde, un viejo león que no tenía ninguna intención de ser tumbado por un jovencito del otro lado de la mesa.

Como un maestro de la actuación en la noche de estreno, Biden se apoyó de todos sus trucos de interpretación: frases dramáticas, amplias sonrisas, risas exageradas, vistas hacia la audiencia. Así hayan sido exageradas algunas partes, cumplió con su objetivo. La mayor parte del debate se mantuvo con una energía de poner a su oponente a la defensiva. Hubo momentos en los que parecía que Ryan tenía miedo de que Biden lo castigara y le quitara las llaves del carro.

Ryan tuvo sus buenos momentos en este debate, pero en general quedó como si no tuviera lo necesario para el puesto que busca. Para superar cada debate vicepresidencial se necesita que el candidato esté listo para entrar a la Oficina Oval en el segundo que se le pida. Bajo este estándar, Ryan no lo pudo alcanzar.

No quiere decir que le hombre no tenga un futuro en la política presidencial. Los años lo harán superar su problema de inmadurez. Si Mitt Romney pierde las elecciones, no es inconcebible que en cuatro años Ryan y Biden se encuentren otra vez en el escenario juntos, como coestrellas de un debate presidencial.

En general, la característica más notable del debate fue la diferencia de edad de los candidatos. En la óptica de los debates televisados una diferencia generacional puede ir en cualquier dirección: el candidato más viejo puede lucir pasado de moda o que ya pasó su tiempo, o sabio y experimentado. El candidato más joven puede verse fresco y energético, o como si no estuviera listo para el momento. En este caso, la edad de Biden tendió a funcionar a su favor, la juventud de Ryan actuó en su contra.

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Más allá del asunto de la seriedad, Biden ganó el debate por una segunda razón: logró poner en la mesa muchos de los problemas que el presidente Obama no puntualizó en Denver. Esta fue una maniobra siniestra, pero en varias ocasiones Biden logró su misión. Lo que permitirá a Obama presionar el botón de "reiniciar" para el siguiente encuentro con Romney la próxima semana.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Alan Schroeder.

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