OPINIÓN: El salto supersónico, ¿equivalente a la llegada a la Luna?

Felix Baumgartner saltará en caída libre casi desde el espacio, una hazaña sin duda histórica
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Autor: Judson Jones | Otra fuente: 1

Nota del editor: Judson Jones es un meteorólogo, periodista y fotógrafo. Ha colaborado con CNN durante cuatro años, cubriendo desde tormentas hasta tornados y tifones. Síguelo en su cuenta de Twitter.

(CNN) — Me perdí el primer paso de Neil Armstrong en la Luna y el lanzamiento del Sputnik. Esos acontecimientos sucedieron mucho antes de mi época.

Cuando era niño, estaba fascinado con el cielo y cuando la NASA cerró su programa de transbordadores, me rompió el corazón. Sin embargo, la carrera espacial privatizada ha renovado mis sueños de niñez de llegar a los astros.

Como meteorólogo, he visto muchos eventos climatológicos y espaciales importantes, pero en estos momentos, si estuvieras sentado junto a mí, escucharías el rápido golpeteo de mis pies debajo de mi escritorio. Estoy ansioso por lo siguiente: una cápsula espacial que cuelga de una grúa en el desierto de Nuevo México.

Es como el set de una película de George Lucas flotando al borde del espacio.

Un hombre lleva a cabo una inimaginable caída libre desde el borde del espacio y tenemos la oportunidad de verlo... en vivo

Este martes, en el trabajo, me quedé viendo la transmisión en vivo de la misión Red Bull Stratos. Vi los globos colocados en distintas alturas en el cielo para probar los vientos, con el conocimiento de que si se alinean en una línea recta vertical "nosotros" estaríamos listos para el lanzamiento.

Siento que esta misión fue creada para mí porque también soy periodista y fotógrafo, pero sobre todo vivo para dar un salto de fe; la sensación de ir más allá, en un territorio desconocido.

El hombre protagonista de esta hazaña, Felix Baumgartner, debe tener esa misma sensación en un nivel que nunca alcanzaré. Sin embargo, eso no me impidió sentir su dolor cuando se levantó una ráfaga de viento en remolino y giró el globo parcialmente inflado que lo llevaría hasta el extremo superior de nuestra atmósfera. Tan pronto como el globo de 40 acres, con una cubierta no más gruesa que una bolsa de lavado en seco, rozó el suelo, supe que todo había terminado.

Con cada giro que daba el globo, se podían ver las arrugas de decepción en el rostro del poseedor del actual récord y capcom (cápsula de comunicaciones), el coronel Joe Kittinger. Agachó su cabeza en los controles de misión mientras le comunicaba a Baumgartner la decepcionante noticia: se suspende la misión.

El clima desempeña un papel importante en esta misión: 

En la Tierra, las condiciones tienen que ser muy tranquilas, vientos de menos de tres kilómetros por hora, sin precipitación ni humedad y pocas nubes.

El globo con la cápsula adjunta se moverá a por la parte baja de la atmósfera (la troposfera) donde reside nuestro clima diario. Subirá más alto que la punta del Monte Everest (8.85 kilómetros), llegando incluso a una altitud superior a la de los aviones comerciales (9.17 kilómetros) para ingresar a la estratosfera. Cuando atraviese la capa límite (llamada tropopausa), se prevé una gran cantidad de turbulencia.

El globo irá a lentamente a la deriva hacia el borde del espacio exterior, a 120,000 pies (36.53 kilómetros). Aquí, Fearless Felix (El temerario Felix) se desenganchará. Abrirá la puerta.

Entonces, supongo, poco a poco saldrá en algo parecido a un trampolín olímpico.

Abajo, la Tierra se convierte en el fondo de concreto de una alberca en la que quiere aterrizar, pero no demasiado fuerte. Aun así, él viajará rápido, por lo que, a pesar de la distancia, no será como aventarse a la parte profunda de la alberca. Será como si se aventara a la parte menos profunda.

Cuando salte, se espera que alcance la velocidad del sonido (1,110 kilómetros por hora) en menos de 40 segundos. Al igual que al impactar la superficie del agua, empezará a disminuir su velocidad a medida que se acerque más a la Tierra, donde está el aire más denso. Pero esto no será suficiente como para detenerlo completamente.

En caso de ir demasiado rápido o salirse de control, cuenta con un paracaídas de estabilización que pueden desplegar para detenerlo. Su equipo espera que esto no sea necesario. En cambio, él planea desplegar su principal paracaídas, de 25 metros cuadrados, a una altitud de 1,524 metros.

Con el fin de desplegar exitosamente su paracaídas, tendrá que bajar la velocidad hasta 277 kilómetros por hora. Tendrá un paracaídas de reserva que se abrirá automáticamente si pierde la conciencia por las altísimas velocidades.

Aun si todo sale según lo previsto, no será así. Baumgartner caerá de manera libre a una velocidad que haría que tú y yo perdiéramos el conocimiento, y ningún paracaídas tiene la garantía de funcionar a una altura superior a los 7,620 metros.

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Puede que no sea la Luna, pero Kittinger cayó libremente desde los 31,333 metros en 1960, en los albores de una infame carrera espacial que capturó los corazones de muchos. Baumgartner intentará romper ese récord, algo inquietante. Este es uno de esos momentos monumentales que siempre recordaré, porque no hay forma en que me lo pierda.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Judson Jones.

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