OPINIÓN: Los aciertos de Obama para remontar en el debate ante Romney

El presidente notó que su desempeño en el primer encuentro contra el republicano no fue buena y su segunda actuación habló por él
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Alan Schroeder
Autor: Alan Schroeder | Otra fuente: 1
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Nota del Editor: Alan Schroeder, profesor en la Escuela de Periodismo de la Universidad de Northeastern, es autor de Presidential Debates: 50 Years of High-Risk TV.

(CNN) — Parece que Barack Obama captó el mensaje. En su segundo debate contra Mitt Romney, el presidente ofreció una actuación reivindicativa que quedará como modelo para futuros contendientes, una lección sobre cómo enderezar el barco.

Su desempeño en Hempstead fue tan bueno como el de Denver fue malo. De hecho, este pudo haber sido el mejor debate de su carrera y justo en el momento en el que lo necesitaba.

Al navegar en el accidentado formato del debate ciudadano, el presidente expuso argumentos persuasivos para su reelección, punto por punto; delineó fuertes contrastes con su oponente y evitó pronunciarse con rudeza.

Obama no explicó siempre de la manera clara y precisa que se esperaba, y a menudo se desviaba del tema en cuestión. Pero al final del debate había tocado prácticamente cada punto de su "Lista de cosas que debí hacer en Denver".

Apareció Obama, el organizador de la comunidad, un hombre con un mensaje por vender y con una audiencia a la que podía vendérselo. Su interacción con los participantes fue sólida, comprometida y con energía, todas las cualidades que le fallaron en el primer round. Aparentemente sacó fuerza de los 82 ciudadanos en el escenario, una fuerza que creció a medida que avanzaba la noche.  

En ocasiones, Romney parecía intimidado por esta fresca reencarnación del orador al que superó dos semanas atrás. Tanto en el discurso como en el estilo, Romney estuvo a la sombra de Obama en este debate, como segunda voz del presidente. Claramente ese no era el rol que Romney quería jugar.

Muchos de los momentos que definieron al republicano fueron negativos. Sus intentos por confrontar directamente al presidente tuvieron carga dramática, pero no funcionaron como lo planeó. Estas maniobras dejaron una impresión de petulancia en lugar de liderazgo.

Lo que realmente afecta a Romney en estos debates es cuando piensa que no está haciendo lo que debe, por lo que desperdicia mucho tiempo al exigir un minuto extra, pedir la última palabra o una oportunidad para regresar a un tema anterior. Romney puede creer que esta asertividad lo hace ver fuerte y en control, pero en realidad solo refuerza una percepción negativa que el candidato necesita borrar: la de un plutócrata que intenta tomar hasta la última migaja que cree merecer.

El debate ciudadano fue un escenario particularmente inapropiado para que Romney mostrara ese lado de sí mismo.

Su principal problema de Romney fue que no conectó con la audiencia tan efectivamente como Obama. Esto era evidente cada vez que el republicano respondía con un "Agradezco eso" o “Esa es una pregunta importante”, palabras que denotaban incomodidad con varios temas que los electores querían discutir, como el salario justo para las mujeres, la prohibición de las armas o la inmigración.

Los grandes momentos de Obama fueron más positivos, en especial e inesperadamente en el tema de Libia. Como si lanzara dagas a su oponente, el presidente dijo que el hecho de que Romney sugiriera que la Casa Blanca buscaba una ganancia política de la muerte del embajador estadounidense y otros tres funcionarios era "ofensivo". 

Cuando la moderadora del debate, Candy Crowley, respaldó la versión de Obama sobre los eventos en lugar de la de Romney, el presidente soltó una de las pocas frases chistosas de la noche: “¿Puedes decirlo un poco más fuerte?”

Obama también ofreció una réplica inteligente en la discusión sobre las finanzas personales de los candidatos. Después de que el presidente sacó a relucir las inversiones en el extranjero de su rival, Romney habló de los bienes de Obama: "¿Has echado un vistazo a tu pensión?".

"No es tan grande como la tuya", respondió, "entonces no la veo tan seguido". Ventaja para Obama.

Uno de los peores momentos para Romney ocurrió cuando una mujer en la audiencia le preguntó cómo diferenciarlo del expresidente George W. Bush. La respuesta del gobernador bien pudieron escribirla los guionistas de Saturday Night Live.

"El presidente Bush y yo somos personas diferentes y estos son tiempos diferentes", dijo. "Es por eso que mi plan de cinco puntos es tan diferente de lo que él pudo haber hecho". No es exactamente algo para la posteridad.

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Antes de este debate, me preguntaba si Obama reconocería el enorme elefante blanco en la habitación: su deplorable desempeño en el primer round. ¿Bromearía al respecto o contaría una linda historia sobre lo que dijo Michelle (la primera dama) esa noche? Al final no lo necesitó. Su actuación habló por sí misma.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Alan Schroeder.

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