OPINIÓN: Para los candidatos de EU, es inevitable hablar de México

Al hablar de economía, los presidenciales tienen que pensar en su principal socio comercial, aunque es mejor que no lo hagan directamente
La política exterior en el tercer debate
Autor: Genaro Lozano | Otra fuente: 1

Nota del editor: Genaro Lozano es Politólogo e Internacionalista. Profesor en el ITAM. Analista político de CNN México y columnista en el periódico Reforma. Es coautor de los libros ¿Qué es Estados Unidos?, Same Sex Marriage in Latin America: Promise and Resistance, Same Sex Marriage in the Americas, Bajo el mismo techo y Ciudadanos.mx: Twitter y el cambio político en México. Puedes seguirlo en Twitter: @genarolozano

(CNNMéxico)— Varios comentaristas y analistas han señalado en diversos medios que México ha sido completamente ignorado en la elección presidencial de Estados Unidos.

Que Barack Obama y Mitt Romney se miran al ombligo y solamente hablan de la economía estadounidense y de los problemas de su país. Incluso en el último debate presidencial que fue dedicado a política exterior, los candidatos presidenciales hablaron de Irán, de Siria, de Israel, de Egipto, de China y del papel de Estados Unidos en el mundo, pero ignoraron a México y a América Latina. 

Esas preocupaciones son entendibles. Incomoda que el principal socio comercial de México no hable de su segundo socio en el mundo. Incomoda que la frontera de más de 3 mil kilómetros de longitud, los millones de lazos familiares de mexicoamericanos, las influencia cultural de ambas sociedades, la violencia en la frontera, la Iniciativa Mérida, la cercanía entre los gobernadores fronterizos, el problema del agua o del aire en ciudades vecinas y muchos otros factores que hacen que México y Estados Unidos sean dos de los países más interconectados del mundo, no hayan tenido peso alguno para que siquiera hubiese una mención en los debates entre Obama y Romney.

Lo cierto es que difícil, y afortunadamente, México no ha sido un tema importante en la contienda electoral de Estados Unidos y mucho menos uno que defina quién ganará la elección presidencial. Tal vez lo haya sido por allá de 1844, cuando James Polk y Henry Clay compitieron por la Casa Blanca, un año antes de la secesión de Texas de un recién independizado México y dos años después de lo que los estadounidenses llaman la “guerra méxicoamericana” y que en México preferimos llamar como “la intervención estadounidense”.

En un moribundo siglo XX, México volvió a ser tema electoral en la elección presidencial de 1992, cuando George H. Bush, Bill Clinton y Ross Perot discutían si era necesario un tratado de libre comercio con el México de Carlos Salinas de Gortari. Después de eso, México volvió a ser tema electoral  en la presidencial del 2000 cuando Al Gore y George W. Bush tuvieron que reflexionar sobre la democracia en América Latina y referirse al triunfo de Vicente Fox y la llegada de la alternancia en el Ejecutivo mexicano. Para 2004, México no fue tema en la contienda entre Bush y John Kerry porque los estadounidenses estaban ensimismados, como casi siempre, con su guerra contra el terrorismo y al Qaeda.

La ausencia de un conflicto bélico internacional siempre abre el espacio a la economía como tema dominante en una elección presidencial en Estados Unidos —o acaso en la elección de cualquier país del mundo—. Además, la ausencia de temas sociales polarizantes incentiva aún más que el electorado demande respuestas sobre cómo aliviar una crisis económica. Por ello, no figuran México y su violencia, ni México y un acuerdo migratorio, ni el regreso del PRI a Los Pinos en esta contienda 2012 en Estados Unidos.

¡Qué bueno que así sea! Después del nivel del tercer debate presidencial entre Obama y Romney, de las imprecisiones respecto a la política de detener las aspiraciones nucleares de Irán, de las pifias de Romney respecto a que las economías de América Latina —cuyo PIB conjunto supera los 5,500 millones de dólares— eran tan grandes en conjunto como la gigantesca economía de China —que en 2011 rebasó los 11,400 millones de dólares—, después de escuchar las explosivas declaraciones con respecto al Egipto del presidente Morsi, me parece que es muy bueno que no se haya hablado de México, y esto es también una verdad a medias.

Lo cierto es que cuando los candidatos presidenciales hablan sobre la economía de Estados Unidos, cuando hablan de sus políticas energéticas, cuando mencionan cómo se va a incrementar el empleo o de cómo se va a educar a más gente —incluida la población latina— los candidatos están hablando también de México.

Mitt Romney habló de una “América del Norte independiente en sus recursos energéticos” y ello incluye a Canadá y a México. Durante el segundo debate, Romney habló de la Operación Rápido y Furioso, demandando transparencia a la administración de Obama y éste tuvo que dar explicaciones, mismas que siguen faltando por parte del gobierno mexicano.

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La economía de Estados Unidos es un tema que, sin duda, preocupa al electorado estadounidense y que es visto como un tema de política doméstica. Sin embargo, temas como la economía son realmente temas intermésticos, como se dice en el argot de los internacionalistas. Un tema que impacta a ambos países, e incluso a Canadá, el socio que parecemos siempre olvidar del TLCAN. Por ello, México, aunque no lo quieran ver, ha estado más presente de lo que se cree en la elección presidencial de Estados Unidos y hasta parece benéfico que no se hable directamente del país, porque luego los candidatos hablan de más y solo ayudan a politizar un tema interméstico, por ejemplo el tema migratorio, con nefastas consecuencias.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Genaro Lozano.

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