OPINIÓN: Internet, ¿cómo ha transformado la vida de los mexicanos?

La conexión móvil ha tomado un papel protagónico en la familia, la sociabilidad y la vida pública del país
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Autor: María Elena Meneses | Otra fuente: 1

Nota del editor: María Elena Meneses es investigadora y profesora en la Escuela de Humanidades y Ciencias Sociales del Tecnológico de Monterrey, campus Ciudad de México. Puedes seguirla en su cuenta de twitter @marmenes

(CNNMéxico) — En México, internet es cada vez más joven, móvil e influyente dentro de la familia, la sociabilidad y la vida pública.

En el año electoral, 43% de los usuarios admitió que la red influyó en su voto, un porcentaje alto en un país que privilegia a la televisión y es poco afecto a leer diarios. Pero no solo en la política, en el hogar la red ha comenzado a trastocar las relaciones familiares: 25% de los encuestados admitió que pasa menos tiempo con su familia.

Estos datos se desprenden del Estudio de Hábitos y Percepciones sobre Internet y diversas Tecnologías Asociadas 2012, del Proyecto Mundial de Internet (WIP, por sus siglas en inglés), según el cual ya hay 52.3 millones de usuarios de Internet en el país. Esto quiere decir que hay 12 millones de internautas más que el año pasado y 7 millones tienen menos de 11 años.

El WIP realiza esta encuesta en diversos países y en México es implementada, desde 2009, por un grupo de investigadores del Tecnológico de Monterrey bajo la dirección de Fernando Gutiérrez, quienes se dan a la tarea de explorar percepciones e influencia de la red en diversos aspectos de la vida cotidiana de los mexicanos: desde la reconfiguración de la vida familiar hasta las prácticas culturales y de consumo.

Según el estudio, los mexicanos hemos trasladado buena parte de nuestra sociabilidad a las redes sociales, ya que 86% dijo usar internet para acceder a ellas, de las cuales Facebook y YouTube son las predilectas. Por esto no sorprende que 56% de los internautas reconociera haber seguido el proceso electoral de este año a través de Facebook.

El WIP es una iniciativa del Centro para el Futuro Digital de la Universidad del Sur de California en Annenberg y para su director, Jeffrey Cole, estamos asistiendo en todo el mundo al fenómeno "de no querer perderse algo nuevo" y los mexicanos no son la excepción.

Más que no querer perderse de la revolución digital, pareciera que es inevitable incorporar las formidables plataformas digitales a nuestra vida productiva y afectiva.

Del estudio se desprende que el consumo de Internet en México es móvil y, por lo tanto, "los espacios de uso", categoría explorada en diversas encuestas similares, pronto dejará de ser usada por expertos por la reducción de ese espacio en favor de la universalidad que favorece a los teléfonos móviles.

Pese a que 42% de los usuarios dice tener confianza en las transacciones comerciales en la red, su uso es aún discreto. Los servicios bancarios, el pago de impuestos, las compras y las reservaciones no son referidos por arriba de un 25% de los internautas mexicanos, lo cual contrasta con la apropiación de la red para la sociabilidad, el entretenimiento, la información y la política.

Los datos del WIP evidencian que los internautas mexicanos llevan una "vida mezclada", como le llama la investigadora estadounidense Sherry Turkle a la falta de atención y concentración en un solo entorno. Vida mezclada es cuando manejamos y hablamos por celular, cuando estamos en una reunión y miramos incesantemente a través del móvil si tenemos algún mensaje desatendiendo la conversación.

De esta forma, 25% dijo usar redes sociales y 33% enviar mensajes al ver televisión.

De las consecuencias del uso multipantalla en la era de la desatención en la industria de los medios y la publicidad, todo está por descubrirse. En la escuela, las prácticas multitask son preocupación de nosotros los profesores, que no encontramos la fórmula para captar en el aula la atención de la generación digital.

Si bien cada vez más mexicanos se apropian de la red para fines significativos de su vida cotidiana, poco más de la mitad, 54%, todavía permanece al margen de sus beneficios. Esto obliga a matizar entusiasmos y exige a los distintos sectores: gobierno, empresas, universidades y a la misma sociedad, redoblar esfuerzos para lograr un México conectado.

El crecimiento acelerado, observado hasta ahora por estudios como éste, tiene el tope de la pobreza y la exclusión y, probablemente, no estemos tan lejos.

Además de la superación de la pobreza, como lo he expresado en diversas ocasiones, es necesario un agresivo programa de inclusión digital que tienda a conectar a los desconectados y a brindar educación digital desde la infancia. El camino aún es largo.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a María Elena Meneses.

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