OPINIÓN: El legado y los desafíos que deja el líder chino Hu Jintao

El Secretario General del partido comunista termina un período de 10 años entre reconocimientos y asuntos por esclarecer
Jaime A. Flor Cruz
Autor: Jaime A. Flor Cruz | Otra fuente: 1
NULL -

Nota del Editor: 'Jaime’s China' es una columna semanal acerca de la sociedad y política china. Jaime Flor Cruz ha vivido y trabajado en China desde 1971. Estudió historia de China en la Universidad de Pekín (1977-81) y fue corresponsal de Beijing de la revista TIME y director de oficina (1982-2000).

Beijing (CNN) — Cuando Hu Jintao deje este mes el poder del partido comunista de China, no todo el mundo verá su historial de 10 años favorablemente.

Dicho esto, es un récord de rápidos cambios sociales y económicos combinados con un torbellino político, desastres y desmoronamientos.

El trabajo a lado del primer ministro Wen Jiabao, a Hu, de 69 años, se le atribuye la solidificación de China como una potencia global emergente.

Pero Hu también tiene críticas. “Aunque la reforma y la apertura le ha dado al partido una inmensa fortuna, la distribución de la riqueza ha sido extremadamente dispareja”, dijo Zhang Ming del departamento de política en la Universidad Renmin de China.

La sociedad china está de acuerdo. “China, como nación, se ha hecho más rica y fuerte”, dijo Li Yong, un oficinista de Beijing. “Pero mucha gente no se siente de esa manera. Parece que la prosperidad no ha llegado a otros niveles más abajo”.

“Guofu, minqiong" es la frase en chino para decir que la nación se ha hecho más rica, la gente más pobre; ésta fue una declaración popular durante la época de Hu en el poder.

Parece irónico, dicen los observadores, por la imagen que tiene Hu de ser un político populista.

Hu, ingeniero con mucha experiencia en las provincias pobres y subdesarrolladas de China, trabajó su camino a la cima del partido a través de la Liga de Jóvenes Comunistas (CYL, por sus siglas en inglés), un territorio de entrenamiento que ahora cuenta con unos 70 millones de miembros.

Después del CYL, Hu fue nombrado jefe del partido en las provincias pobres de Guizhou y del Tíbet de China.

En 1992, lo seleccionó el líder principal Deng Xiaoping para promoverlo a ser "el alma" de la generación joven, dándole estratégicamente un lugar en la élite del Politburó.

Cinco años después, se convirtió en el miembro más joven del Comité Permanente del Politburó —el cuerpo selecto legislativo del país— con lo cual se alineó como el supuesto líder de la "cuarta generación".

Se hizo cargo del 16º Congreso del Partido en el 2002 cuando tomó el lugar del presidente Jiang Zemin como jefe del partido comunista, antes de asumir el lugar de presidente de Estado el siguiente año.

Hu ha tratado de sembrar su legado al apoyar el "desarrollo científico" del país, una frase repetida en su política, que busca un desarrollo más balanceado, equitativo y sustentable, en lugar de una economía de crecimiento increíble como lo quería su predecesor Jiang.

El programa de Hu hacía un llamado a un mayor gasto social para ayudar a los granjeros pobres  o desempleados y a trabajadores urbanos para asegurar la estabilidad social o el weiwen.

En el último congreso que se llevó acabo hace cinco años, Hu logró modificar la constitución del partido para incluir su mantra del desarrollo científico. Fue visto por la mayoría como una señal de que había consolidado su poder a cinco años de haber tomado el puesto de Jiang.

Bajo el mandato de Hu, China se convirtió en la segunda economía más grande del mundo. El Banco Mundial estima que su PIB es de 7, 318 miles de millones de dólares, por factores como la mano de obra de bajo costo y una moneda devaluada que se mezcló con el crecimiento económico entre el 2003 y el 2007.

También se le da el crédito por mejorar el ejército del país y elevar el orgullo nacional.

En el 2008, China fue el anfitrión de los Juegos Olímpicos, poniendo el reflector  en la salida de China como potencia mundial.

En junio de este año, el país asiático completó su primer acoplamiento espacial con tripulación humana —un indicador significativo en su objetivo de construir una estación espacial— y puso a su primera astronauta femenina en órbita, siendo apenas el tercer país en hacerlo.

En octubre, China lanzó su primer portaviones al mar, señal de que es un país con la habilidad para proyectar su poder militar más allá de sus fronteras.

Pero Hu siempre ha presumido del "movimiento pacífico" de China, el cual es visto por los observadores como la construcción de una sociedad próspera y armónica.

Los críticos dicen que no ha logrado completar su objetivo.

“En estos 10 años, no está ni siquiera cerca de ser armónica”, dijo Zhang. “Los conflictos y contradicciones han empeorado. De hecho está en un punto crucial”.

Cuando se dio el levantamiento étnico en el Tíbet en 2008 y en la intranquila provincia de Xinjiang en China del oeste en 2009, Hu mostró su lado frío al actuar autoritariamente con la policía y el ejército, y la censura del contenido en internet que informaba al respecto.

Del mismo modo, el régimen de Hu mostró poca tolerancia con la oposición política, acorraló a los disidentes que se expresaban más y a los activistas sociales que fueron encarcelados o viven en custodia domiciliar o fueron desaparecidos por semanas.

Las víctimas más reconocidas de la represión política incluyen a Liu Xiaobo, galardonado con el Premio Nobel, a Hu Jia, ganador del premio Sakharov, el artista Ai Wei Wei, y el activista ciega Chen Guangcheng.

Bajo el gobierno de Hu, China ha mantenido un control opresor con los medios, especialmente la que es originaria del país. Por ejemplo, en marzo, los reguladores del internet exigieron a los 300 millones de microbloggers en Weibo, un servicio chino parecido al Twitter, que registraran sus nombres verdaderos en las publicaciones para hacerlos responsables.

“Después del 2007, Hu fortaleció el lado estricto del Estado”, dijo David Zweig, profesor de política en la Universidad de Hong Kong de Ciencia y Tecnología.

Pero Hu no ha podido cerrar la brecha creciente de riqueza. Durante la Conferencia de Desarrollo Sustentable de las Naciones Unidas de junio pasado en Brasil, el primer ministro de China dijo que su país aún tiene a 100 millones de personas viviendo por debajo de la línea de pobreza, a pesar del tamaño de su economía.

Un estudio realizado a principios de este año por la Universidad Suroeste de Finanzas y Economía descubrió que el 10% de los hogares chinos encuestados tiene el 57% del total de sus ingresos y el 85% del total de sus bienes. En años recientes han visto el desarrollo inequitativo del sector rural-urbano con millones de personas mudándose a las ciudades para mejorar sus expectativas económicas.

Mientras tanto, aquellos que creían que Hu abriría el sistema político de China, también se decepcionarán. Él llamó a la democracia occidental un "callejón sin salida" y ha soportado la presión de perseguir hasta la más modesta reforma en el sistema político.

Con poca transparencia, rendición de cuentas y pluralismo, el partido comunista de Hu no progresó mucho en combatir la corrupción en el partido y en el gobierno.

“Ven a Hu como un líder débil, al que se le pasan las oportunidades, y que se preocupa de más por imponer el orden, su llamada hexie shehui (sociedad armónica)”, dijo Zweig. “Las críticas (del gobierno de Hu) han llegado hasta la Escuela Permanente Central, donde Xi Jingping es presidente”.

Se espera que Xi, el actual vicepresidente de Estado, tome el poder en lugar de Hu como Secretario General del partido para el final del 18º Congreso del Partido.

Sin embargo, los meses que faltan para el congreso han traído negociaciones inestables y secretas entre el grupo distinguido del partido, las cuales se dividen entre las facciones ‘elitistas’ y las ‘populistas’.

La habilidad de Xi para crear unidad en el poder determinará cómo manejará la nueva administración el nacimiento de China como una superpotencia global y cómo lidiará con sus problemas domésticos.

“La demanda por un cambio de los de abajo es importante”, dijo Zweig. “Pero Xi Jinping podría tener que esperar hasta que consolide su poder antes de que pueda meter su propio paquete de reforma”.

Eso, añadió, puede tomar de 59 años a varios meses, o hasta uno o dos años.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Jaime A. FlorCruz.

Ahora ve
No te pierdas