OPINIÓN: Las jaurías, el cuidado de los perros y el papel de los humanos

Las autoridades ignoran la preocupación de fondo, como el abandono y la sobrepoblación canina en México
Autor: Andrea López Fuertes | Otra fuente: 1

Nota del editor: Andrea López Fuertes es bióloga mexicana especialista en etología canina por la Asociación para el Estudio del Perro y su Entorno AEPE con sede en España. Puedes seguirla en la cuenta de twitter: @tuytuperro

(CNNMéxico) — Cada vez que se reporta un caso similar a lo ocurrido en Iztapalapa con la jauría que atacó a cuatro personas, la gente me pregunta "si es cierto o no" que algo así puede suceder. ¿Puede un grupo de perros callejeros atacar a las personas? La respuesta sencilla es sí. La historia, sin embargo, es más complicada que eso.

En primer lugar, un perro no es más ni menos que eso. No es 'bueno' o 'malo'. Es simplemente un animal que por más que nos empeñemos en ponerle moñitos y disfraces, responde a sus instintos básicos. Cuando un perro (ya sea domesticado, callejero o feral, es decir, que nacen alejados del contacto humano) es expuesto a una amenaza, su reacción será siempre asegurar su supervivencia y la de su especie.

Sus instintos básicos son innatos y juegan un papel fundamental en el desarrollo de su comportamiento. El instinto sexual, la búsqueda o rastreo de alimento, su organización jerárquica, el ladrido o la defensa ante una amenaza, son algunos de ellos. Esto no quiere decir que sea imposible educarlos, pero un perro jamás dejará de ser perro, de la misma forma en que un humano jamás dejará de ser humano.

Los perros son animales gregarios, que es la tendencia a convivir con algunas especies para optimizar su reproducción y sobrevivencia. Viven en jauría porque les gusta, pero también porque es más fácil cubrir sus necesidades de alimento, reproducción y protección.

Pueden presentar distintos tipos de agresión, ya sea por miedo, porque sienten amenazado su territorio, por dolor, por ganar o defender su nivel jerárquico frente al resto de la jauría, por defender la posesión de sus recursos (alimento, juguetes, sus dueños etc), porque se sienten frustrados o por su instinto de caza, entre otros. En cualquier situación, los perros pueden reaccionar instintivamente.

Sin embargo, es un grave error dar por hecho que los perros callejeros son agresivos o 'asesinos' solo porque sí. De hecho, las mascotas 'de casa' presentan un porcentaje mayor de ataques a humanos. Aún así, con mucha frecuencia, autoridades, medios de comunicación y la opinión pública suelen satanizar a los animales en estado silvestre.

La existencia de los animales callejeros es consecuencia directa de nuestra irresponsabilidad. Los seres humanos abandonamos y perdemos a nuestras mascotas con una facilidad asombrosa. Además de no esterilizarlos.

Los perros hacen lo que cualquier animal (incluidos los seres humanos): se reproducen. Después nacen los cachorros que se convierten en adultos y es una historia de nunca acabar.

Según datos de la Sociedad Mundial de Protección Animal (WSPA, por sus siglas en inglés), una sola perra con una vida reproductiva de 6 años, en promedio, podria engendrar descendencia de más de 60 mil nuevos especímenes.

De acuerdo con Parametría, una empresa encargada de realizar análisis de opinión pública, y cifras del Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática (INEGI), de los 18 millones de perros que hay en México, sólo 5.4 millones tienen hogar. Eso nos deja con aproximadamente 12.6 millones vagando por nuestras calles, mercados, parques y demás espacios públicos. Esto no solo representa un problema de salud pública sino también de ética colectiva: los maltratamos y abusamos de ellos.

Por años, las autoridades han sido insensibles y negligentes. Han ignorado por completo los dos ángulos del asunto. Lo único que hacen es reaccionar en el momento con su detención y sacrificio de los animales.

El problema no es la existencia de jaurías, sino nuestra incapacidad para establecer una política pública adecuada para su control que incluya: esterilización masiva de animales callejeros, campañas de concientización y adopción, castigo al maltrato, abuso y abandono animal. En otros países se ha realizado con éxito. México podría ser otro caso.

Lo sucedido en la delegación Iztapalapa debe investigarse a fondo. Hay versiones de los vecinos que contradicen la hipótesis de las autoridades sobre el ataque dirigido por los perros. Como especialista en comportamiento canino y sin conocer los detalles de la investigación, puedo decir que es atípico que una jauría agreda a tantas personas consecutivamente. Es decir, normalmente lo que sucede es que ocurre a una sola persona o son más espaciados entre ellos. Por eso, las autoridades no deben descartar otras posibilidades.

Si las autoridades deciden continuar con una política que no ve el problema de fondo, entonces estos perros deben ser esterilizados y entregados a protectores de animales —que han pedido quedarse con ellos— para evaluar si es posible la adopción. Lo importante es aprender de la experiencia e implementar medidas preventivas y obligatorias para controlar a la población canina del país.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Andrea López Fuertes.

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