OPINIÓN: Las 'batallas' de Obama y el impacto que tendrán en México

Obama tiene muchos frentes abiertos en Estados Unidos como para voltear mucho hacia el exterior, incluido México
La toma de protesta de Obama desde México
Autor: Rosario Green | Otra fuente: 1

Nota del editor: Rosario Green es una política y académica mexicana. Licenciada en Relaciones Internacionales por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y Maestra en Economía por el Colegio de México y la Universidad de Columbia. Se desempeñó como senadora del Partido Revolucionario Institucional (PRI) durante las LX y LXI Legislaturas. De enero de 1998 a diciembre de 2000 encabezó la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), en la administración del expresidente Ernesto Zedillo.

(CNNMéxico) — A menudo se escucha que el segundo mandato de los presidentes estadounidenses que logran su reelección se dedica más a asuntos de política exterior que interior.

Pero tengo la impresión de que no será el caso del segundo mandato del presidente Obama.

Y no porque las convulsiones que se viven en el mundo no sean de gravedad, unas más que otras, sino porque tiene aún muchos frentes abiertos en el plano doméstico.

No por ello, sin embargo, pueden ignorarse algunos de los ineludibles asuntos externos sobre los que la segunda administración Obama tendrá que actuar. En primer lugar se encuentra el retiro de las tropas estadounidenses de Afganistán, pues los recortes presupuestales no dejan alternativa: para 2014 los efectivos militares estadounidenses en ese país no superarán los 10,000 efectivos.

En segundo lugar, la preocupación del gobierno de Obama por el programa nuclear de Irán y sus repercusiones sobre su aliado, Israel. Sin embargo, más allá de encendidas condenas a Irán, no es de esperarse una movilización estadounidense en la zona.

En tercer lugar, identifico toda la cuestión de China. Debe recordarse que en los debates durante su última campaña política, coincidió con su oponente —Mitt Romney— en expresiones muy duras en contra de China. Sería deseable que con el cambio en la administración china, Obama logre una mejor relación con su principal acreedor. Ver en China un rival en lugar de un aliado eventual no hará las cosas más fáciles para Estados Unidos, pese a la negociación del Acuerdo Estratégico Trans Pacífico de Asociación Estratégica, del que México es, por cierto, uno de sus socios.

En cuarto lugar, está el tema de Siria, país donde el régimen de Bachar al Asad acumula miles de víctimas fatales y la efervescencia política continúa, apoyada por terceros países que podrían hacer triunfar a un grupo extremista cuya orientación pragmática es muy difícil de predecir.

Por último,  y si uno no quiere referirse a Mali, Argelia y otros países que ocupan  parte de la atención mundial, está la Unión Europea y sus dificultades, como colectivo, para superar la crisis financiera.

Estados Unidos no puede permitirse el lujo de una Europa desarmada económicamente y al borde de una crisis que recuerda la década de 1930. La Unión Europea es su aliada estratégica y no hay forma de hacerse de la vista gorda. El denominado diálogo trans Atlántico dependerá de la postura que Estados Unidos adopte frente a una Europa que, por momentos, parece deshilvanarse.

Pero serán las batallas internas las que demanden la mayor atención del presidente Obama.

Primeramente, la cuantiosa deuda pública estadounidense y las dificultades a las que su pago se verá expuesto, en caso que el Congreso no decida ampliar su techo. El impacto del riesgo de una moratoria eventual sería tan nocivo que podría cancelar la posibilidad de salir del escaso crecimiento inercial de la economía estadounidense.

En segundo término, su promesa de una reforma migratoria integral, que retribuya la fe del segmento poblacional de los hispanos que, por segunda vez, se volcaron  a las urnas a votar por él.

Por último, la única respuesta posible al dolor de los padres cuyos hijos, aún los más pequeños, han muerto a manos de sujetos cargados con rifles de alto poder: controlar la venta de ciertas armas de fuego.

Ninguna de esas tres batallas se ven como metas sencillas, dada la preeminencia de los republicanos en la Cámara baja y el peso de los intereses concretos. Pero ya vimos a un Obama dispuesto a todo en su primera administración cuando sacó su reforma de salud. El costo fue alto, pero salió adelante.

Hoy, que ya no puede aspirar a un tercer mandato, podría sorprendernos con nuevos éxitos. El Congreso debe autorizar el aumento del techo de la deuda o en marzo, Estados Unidos entrará en moratoria. Los republicanos, que sufrieron el castigo del voto hispano, probablemente estarán dispuestos a aceptar algún tipo de reforma, no integral, pero sí una que los congracie de alguna manera con ese sector poblacional que hoy constituye la primera minoría en Estados Unidos. Y por lo que toca a las armas, algún compromiso tendrá que ser alcanzado, pues no se puede vivir con una conciencia cargada de asesinatos de criaturas inocentes.

Aunque no están movidas por motivos ulteriores, las tres propuestas tendrán un importante impacto sobre México:

El mayor crecimiento económico estadounidense implicará más exportaciones. La reforma migratoria permitirá la consolidación de los derechos de aquellos mexicanos que hablan inglés, pagan impuestos, tienen un empleo y están dispuestos a pagar una multa, si hiciere falta. Y el mayor control de armas de fuego incidirá sobre el abasto de los cárteles mexicanos de la droga.

Nada que no ambicionemos quienes creemos que nuestra relación bilateral merece mejores cauces.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente de Rosario Green.

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