OPINIÓN: Las visas de trabajo, pieza clave para la reforma inmigratoria

Los legisladores se centran en los que ya viven en EU y no en los que llegan al país sin un estatus legal, para poder ser productivos
John McCain habla de la reforma inmigratoria
Tamar Jacoby
Autor: Tamar Jacoby | Otra fuente: 1
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Nota del editor: Tamar Jacoby es una becada de la Fundación New America y presidente de InmigrationWorks USA, una federación nacional de pequeños empresarios que apoyan la reforma migratoria.

(CNN) — Una reforma inmigratoria integral. De repente, la frase está en boca de todos, desde el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, hasta el senador republicano Marco Rubio, seguido de los presentadores de televisión como Sean Hannity y Bill O’Reilly.

Como por arte de magia, todo el mundo está a favor después de seis años de evadirla y usarla como herramienta de presión política: ahora todos quieren que se lleve a cabo.

Pero, ¿qué es exactamente? ¿Qué clase de retos conlleva y qué significa para Estados Unidos?

Después de 10 años de debate en Washington, rara vez se habla de la pieza más importante del rompecabezas y casi nadie la entiende por completo. Obama a menudo habla de reformas sin siquiera mencionarla. Nunca se tocó el tema durante las campañas presidenciales. No fue lo que hizo que los latinos salieran a votar en cantidades nunca antes vistas. Aunque es probable que se incluya en la estructura de la reforma que se espera publiquen el lunes un grupo de senadores de ambos partidos, el concepto casi no llama la atención de los medios, ya sea en inglés o en español.

¿Cuál es la pieza más importante de esta reforma de la que nunca has oído hablar? Se trata de arreglar el sistema legal para que funcione en el futuro, tanto para los migrantes como para la economía estadounidense.

Muchos estadounidenses piensan que la reforma trata acerca de los 11 millones de inmigrantes no autorizados que viven en Estados Unidos. Muchos de ellos han estado aquí por muchos años y han echado raíces. No vamos a deportarlos, ni siquiera los proteccionistas más acérrimos creen que eso sería práctico.

Tampoco es probable que se vayan a "casa" voluntariamente, sin importar lo difícil que les hagamos la vida con leyes estrictas. Para la gran mayoría, Estados Unidos ya es su hogar. Seguramente ellos serán el tema a tratar cuando se reanude el debate acerca de la inmigración en los próximos meses.

Sin embargo, que sea el asunto más discutido no lo hace el más importante.

Debemos preguntarnos: ¿Cómo se creó el problema, para empezar? ¿Por qué esta economía rota produjo un mundo subterráneo de trabajadores, quienes junto con sus familiares conforman una población equivalente a la del estado de Ohio?

La principal causa: no hay visas para los extranjeros menos capacitados que quieren ir a trabajar legalmente a Estados Unidos.

Los dos programas para trabajadores temporales poco capacitados que existen son por temporada: mano de obra agrícola, equipos de jardinería o trabajadores para los centros turísticos de verano e invierno. Prácticamente no hay visas permanentes para ese sector no especializado.

Simplemente no hay opciones para un mexicano sin preparación, a menos que tenga familiares que vivan legalmente en Estados Unidos y que puedan respaldarlo para obtener una visa familiar.

Muchos de los 11 millones de personas que ya están en el país —si no es que la mayoría— habrían preferido entrar legalmente al país si hubiera sido posible. Sin embargo, no tienen opción.

Esto no sería un problema si no nos resultara necesario recurrir a los trabajadores inmigrantes. Pero los necesitamos. Conforme se recupere la economía, su demanda aumentará.

Y no es una consecuencia de que los trabajadores estadounidenses sean escasos o inadecuados. Por el contrario, en su mayor parte, a los ciudadanos les va mejor que hace unas décadas. Nos preparamos más y aspiramos a la clase de empleos que necesitan de una mejor educación.

En 1960, la mitad de los hombres nacidos en Estados Unidos que formaban parte de la fuerza laboral habían abandonado la preparatoria y hacían trabajos físicamente demandantes y que requerían de poca capacitación.

Actualmente, menos del 10% de los hombres realizan esos trabajos. Mientras tanto, la demanda de mano de obra poco capacitada aumenta conforme pasa el tiempo. En 1955, por ejemplo, 25 centavos de cada dólar se gastaban en un restaurante. Ahora, esa cantidad es de al menos 50 centavos. Además, una de las profesiones que más se ha desarrollado en Estados Unidos es la de asistente clínico doméstico.

Sin embargo, pocos estadounidenses que se gradúan de la preparatoria aspiran a hacer una carrera como camarero o asistentes clínicos domésticos. Y no deberían: están preparados para hacer labores más productivas, ganar mejores salarios y contribuir más a la economía.

No, no necesitamos tantos trabajadores inmigrantes en una economía en recesión y cada vez son menos los que quieren ir a Estados Unidos cuando los empleos son pocos. Pero sí necesitamos de algunos y ellos tiene que entrar por la vía legal.

Cualquiera que sea el programa que diseñemos tiene que ser flexible, tiene que crecer para satisfacer la demanda de mano de obra y reducir cuando los subsidios así lo requieran.

No me malinterpreten: el objetivo de la reforma es disminuir la cantidad de inmigrantes no capacitados que entran al país. Y para ello es necesario crear una vía legal como las visas de trabajo e implementar un sistema que permita a los empleadores encontrar y contactar al personal indicado.

Esto no es solo un imperativo económico. De no hacerlo, sería imposible el éxito de la legislación inmigratoria.

Incluso la mejor vigilancia se ve superada por el dinamismo de la economía estadounidense. Mientras haya trabajos, los extranjeros querrán venir. Si queremos evitar la ilegalidad, tenemos que crear opciones dentro de la ley.

Encontrar una solución a los 11 millones de inmigrantes que ya están en el país sería regresar a los errores del pasado sin resolver el futuro. A menos que diseñemos otras formas, nos seguiremos encontrando con en el mismo predicamento dentro de una o dos décadas, y surgirá la misma pregunta ¿qué hacer con los 10 o 20 millones de inmigrantes no autorizados que viven entre nosotros más allá de la ley?

La única forma de evitar esto es crear un sistema de inmigración legal que funcione.

Si tan solo Obama hablara de ello. Entonces tendríamos la esperanza de llegar a algún lado mientras se reanudan los debates.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Tamar Jacoby.

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