OPINIÓN: Por qué las fiestas de Super Bowl arruinan al Super Bowl

El especialista deportivo Jeff Pearlman clasifica a los diferentes 'personajes' que acuden a estas reuniones y no dejan ver el futbol
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superbowl  superbowl  (Foto: )
Jeff Pearlman, especial para CNN
Autor: Jeff Pearlman, especial para CNN | Otra fuente: 1
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Nota del editor: Jeff Pearlman es autor del libro: Sweetness: The Enigmatic Life of Walter Payton (Dulzura, la enigmática vida de Walter Payton). Escribe el blog jeffpearlman.com. Síguelo en Twitter.

(CNN) – Odio las fiestas del Super Bowl.

Mi esposa habría preferido que no empezara este artículo con esa frase. "Nunca nos volverán a invitar a una", dice.

Mmm...

Odio las fiestas del Super Bowl.

Las odio.

Vaya, me encanta el Super Bowl. Amé a Vince Ferragamo y a los Carneros de Los Ángeles que casi derrotaron a los Acereros de Pittsburgh en 1980. Adoré la intercepción que Jack Squirek hizo del pase de Joe Theismann en 1984. Amé a Marcus Allen mientras corría por todo el campo; a William Perry mientras aplastaba a los Patriotas; a Doug Williams que impactó a los Broncos; a Jeff Hostetler que suplió a Phil Simms, y a Steve Young "arrancándose el mono de la espalda".

Definitiva y absolutamente amo el Super Bowl. Simplemente no me gustan las fiestas del Super Bowl.

Cuando era niño, mientras crecía en las calles de Mahopac, Nueva York, ver el Super Bowl era simple: estaba solo, tirado frente al televisor en mi estudio, con un balón de futbol americano bajo el brazo y un tazón de pretzels a un lado. No quería que me molestaran, no quería relacionarme con nadie.

Quería ver un partido de futbol… en paz.

Aún quiero lo mismo. 

Sin embargo, las fiestas del Super Bowl se han vuelto un ritual estadounidense más como las cenas de Nochebuena o la búsqueda de los huevos de Pascua— aunque la diversión se vaya al cuerno. Si no estás en una sala con una pantalla enorme, un montón de globos y 40 personas quejándose del dip de los nachos, estás en el sitio equivocado.

Bueno, al diablo con eso. No hay nada mejor para arruinar el Super Bowl que una fiesta de Super Bowl; o para ser más precisos, la gente que asiste a una fiesta de Super Bowl (no todos, claro está). En cada reunión siempre hay al menos un tonto —una especie de Terminator que viaja en el tiempo— programado para arruinarlo todo.

Les presento una breve clasificación:

1. El que sabe todo lo que va a ocurrir: Hace cuatro años, mientras veía a los Cardenales enfrentarse a los Acereros en uno de los mejores Super Bowls de la historia de la NFL, tuve la mala suerte de estar en la misma sala con Myles. Alguna vez jugué un partido informal con Myles y bueno, no me impresionó. El robusto y bajo hombre de cuarenta y tantos años ostentaba unas manos de piedra y la velocidad del fango, pero hablaba como si fuera Randy Moss. Cuando lo vi en la fiesta del Super Bowl, pensé: "Oh, esto no puede ser bueno".

Y no lo fue. Myles predecía cada jugada cinco segundos antes de que se ejecutara y acertaba cerca del 0.00872% de las veces. "Ah, van a hacer que James corra por el medio, allí"… pase. "Big Ben tiene que lanzar un pase largo"… pase pantalla.

Myles no solo hacía pronósticos, sino que los hacía en voz MUY alta. Yo quería gritar; quería llorar; quería ponerle a Myles un jersey de los Vaqueros y exiliarlo a un bar en Filadelfia. En vez de eso me quedé sentado allí, escuchando a este tonto que se comportaba como John Madden bajo los efectos del óxido nitroso.

2. El tonto que quiere que guardes silencio durante los comerciales: El Super Bowl se trata del futbol. En serio, de futbol, de dos equipos de élite, de carreras desperdiciadas, de estrategias, de anotaciones, de intercepciones y de goles de campo. No se trata de Alf, John Oates o Justin Bieber en un comercial de Pepsi. Lo entiendo: los comerciales a veces son graciosos e ingeniosos. Está bien. Pero si otra persona que se la pasa hablando durante el juego y me exige que me calle para ver los anuncios, enloquezco.

3. El tonto que sufre con el jersey de su equipo que todavía tiene la etiqueta: Es inevitable que alguien llegue este domingo con un flamante jersey de Ray Rice, de los Cuervos, mientras habla de “todos los años que sufrí esperando este día”.

–Dime el nombre de cinco jugadores de los Cuervos

–Ray Rice.

–Bien.

–Ray Lewis.

–OK

–Jim Flacco.

–Lárgate de aquí.

Yo soy aficionado de los Jets de Nueva York. Nací en 1972. No solo han pasado 40 años sin que mi equipo llegue al Super Bowl, sino que he tenido que ver pasar a jugadores como Blair Thomas, Rich Kotite y JoJo Townsell.

En otras palabras: cállate.

4. El tonto de las casillas: No puedo recordar la última vez que asistí a una fiesta del Super Bowl en la que alguien hizo pasar una hoja de papel con muchas casillas dibujadas y todos ponían cinco dólares, más por culpa que por otra cosa. Luego, durante el partido, alguien gritaba: “¡14!”, o “¡27!” y todos vitoreaban. Hasta el día de hoy no tengo ni la más remota idea de lo que eso significa, solo sé que me irrita terriblemente.

5. El tonto borracho: No necesita decirse gran cosa: se bebe doce cervezas, se come todos los nachos, vomita todos los nachos sobre tus zapatos mientras grita: “¡Vamos Astros!” y lo mandan temprano a casa.

Afortunadamente, este año debería estar bien. Mi esposa estuvo de acuerdo en quedarnos en casa, pedir una pizza y ver a los Cuervos enfrentar a los 49ers en el estudio con nuestros hijos.

Mientras nadie hable, estoy satisfecho.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Jeff Pearlman

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