OPINIÓN: El meteorito en Rusia, una razón para no perder de vista el cielo

La caída del objeto espacial demuestra que el universo no es solo un conjunto de planetas 'flotantes' acompañados de unas lunas
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Autor: Colin Stuart | Otra fuente: 1

Nota del Editor: Colin Stuart es astrónomo y escritor de temas científicos, también trabaja como astrónomo independiente para el Observatorio Real de Greenwich, en Londres. La publicación de su primer libro será en septiembre de 2013, por la editorial Carlton Books.

Londres (CNN) — Los reportes que llegan de Rusia indican que cientos de personas resultaron heridas por un meteoro que cayó del espacio.

La fuerza de la bola de fuego, la cual al parecer se estrelló en un lago cerca de la ciudad de Chebarkul, en los Montes Urales, provocó un estruendo en el cielo este viernes por la mañana, hora local, rompiendo ventanas y dañando edificios.

Esto se produce el mismo día en que tanto astrónomos como periodistas centraban la atención en un asteroide de 40 metros —conocido como 2012 DA14— el cual se pronosticó que pasaría cerca de la Tierra durante la noche del viernes.

El asteroide bordeará nuestro planeta a unos 27,000 kilómetros del planeta. Basados en los primeros informes, no hay razón alguna para creer que ambos fenómenos estén relacionados.

No obstante, esto sirve para demostrar cuántos desechos espaciales existen arriba, por encima de nuestras cabezas. Es sencillo pensar en un sistema solar sereno, con ocho planetas que orbitan de manera tranquila alrededor del Sol y con solo unas cuantas lunas de compañía.

La realidad es que también compartimos nuestro vecindario cósmico con millones de otros cuerpos mucho más pequeños: asteroides. Hechos de roca y metal, varían en tamaño, algunos con unos pocos metros de ancho y otros tan grandes, conocidos como Ceres, de 1,000 kilómetros de ancho.

Son los escombros derivados del caótico nacimiento de nuestro sistema solar, hace unos 5,000 millones de años y que, en su mayoría, se encuentran en un "cinturón" entre las órbitas de Marte y Júpiter.

Sin embargo, se sabe que algunos se alejan de esta región, puede ser por las colisiones con otros asteroides o a la atracción gravitacional de un planeta. Y eso provoca que viajen a una distancia muy corta de la Tierra.

Una vez que un trozo de roca espacial entra en nuestra atmósfera, se le denomina meteoro. En su viaje por los cielos, a unos cuantos kilómetros por segundo, la fricción con el aire puede hacer que se rompa en varios pedazos. Testigos presenciales describieron una explosión de luz y escucharon ruidos fuertes, ensordecedores.

También esto se debe a que el objeto se rompe entre los gases que hay en el cielo. Si alguno de los fragmentos impacta contra el suelo, solo entonces se les llama meteoritos.

Dichos fenómenos son poco comunes, aunque no sin precedentes. Un objeto entró en la atmósfera de la Tierra en 1908 antes de que se desintegrara por encima de Siberia.

La fuerza de la explosión devastó una densa área de bosque que cubría más de 2,000 kilómetros cuadrados. No es difícil imaginar la destrucción que provocaría un fenómeno así en una región más densamente poblada.

La Tierra cuenta con aproximadamente 170 cráteres también causados por la caída de escombros desde el espacio. El más grande se encuentra cerca de la ciudad de Vredefort, en Sudáfrica. Se cree que el impacto de un asteroide mucho más grande —tal vez de unos 15 kilómetros de ancho— acabó con los dinosaurios hace 65 millones de años.

Es fácil ver por qué los astrónomos están interesados en descubrir la posición y la trayectoria de tantos asteroides como les sea posible. De esta manera pueden calcular hacia dónde se dirigen y cuando, y si en todo caso podrían ser una amenaza para nosotros en la Tierra.

Es precisamente este tipo de trabajo lo que llevó el pasado febrero al descubrimiento del asteroide 2012 DA14, gracias a un equipo de astrónomos españoles. Sin embargo, los impactos de un meteorito ocurridos hoy demuestran que, actualmente, no es posible predecir todo.

Una fundación sin fines de lucro, encabezada por Ed Lu, exastronauta de la NASA, quiere enviar al espacio un telescopio dirigido a la caza de asteroides que pueda explorar el sistema solar en busca de posibles amenazas.

Por ahora, los astrónomos utilizarán el paso del 2012 DA14 para lanzar rayos de radar a la superficie, con la esperanza de aprender más acerca de su movimiento y estructura.

Algún día esta información podría ser utilizada para ayudar a mover un asteroide de su órbita de impacto contra la Tierra. Lo sucedido en Rusia solo sirve para demostrar lo importante que es esa tarea y para mantener nuestros ojos en el cielo.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Colin Stuart.

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