OPINIÓN: El escándalo rodea a la comercialización de los caballos

La comercialización de caballos para el consumo está rodeada de leyes ineficaces y maltrato animal
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caballos  caballos  (Foto: )
Roly Owers, especial para CNN
Autor: Roly Owers, especial para CNN | Otra fuente: 1
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Nota del editor: Roly Owers es alto ejecutivo de World Horse Welfare; es un veterinario certificado que ha dedicado su vida a los caballos. Trabaja activamente con gobiernos, órganos reguladores del deporte, sociedades veterinarias y organizaciones no lucrativas para mejorar las condiciones de los caballos en todo el mundo.

(CNN) — Se ha arrojado luz en el turbio negocio de la comercialización de carne de caballo en Europa, sin embargo, el público todavía no es consciente del brutal trato e innecesario sufrimiento al que se somete a los caballos que terminan en sus platos.

En Europa, cada año se transportan hacia los rastros a cerca de 65,000 caballos en viajes de varios días de duración en condiciones infernales.

Estos caballos están estresados, exhaustos, deshidratados y enfermos; necesitan desesperadamente alimento, agua y descanso.

Ninguna clase de caballo se libra: desde caballos de trabajo enfermos, hasta potros (los filetes de potro son muy apreciados entre los que comen carne de caballo), pasando por los caballos que se crían y engordan al límite para venderlos en los rastros al mayor precio posible.

Pocos caballos (si no es que ninguno) son capaces de soportar viajes tan largos, una hazaña difícil de lograr hasta para el caballo más fuerte. Varios miles de caballos estadounidenses se transportan largas distancias hacia rastros en México y Canadá, así que no solo es un problema europeo.

World Horse Welfare efectúa investigaciones de campo regularmente como parte de su campaña para detener estos largos viajes; durante años ha documentado el indignante sufrimiento de esos caballos. En los embarques que se inspeccionaron recientemente, el 89% de los caballos tenían lesiones y el 93% presentaban síntomas de enfermedades.

Su sufrimiento era evidente: todos mostraban signos de agotamiento y depresión y la mayoría habían sufrido terribles heridas a causa de los compartimentos mal diseñados y terribles lesiones por fricción ocasionadas por el espacio inadecuado del vehículo. Ningún animal tendría que sufrir esto.

La Autoridad Europea para la Seguridad en los Alimentos (EFSA) determinó claramente que "en el caso de caballos, la duración de los viajes no debería ser superior a 12 horas".

No obstante, la Comisión Europea se rehúsa a cambiar las leyes que permiten que los caballos sean transportados indefinidamente, siempre y cuando descansen cada 24 horas (una regla rota con frecuencia, en parte porque en la práctica es imposible de aplicar).

Los sistemas inmunológicos de los caballos decaen tras 10 horas de transporte, lo que los hace susceptibles a enfermedades. Esto es extremadamente desagradable para los caballos y también representa un riesgo real para la industria equina de Europa, ya que los caballos que están destinados al rastro con frecuencia se mezclan con otros caballos a lo largo de las principales rutas.

Presentamos regularmente los hallazgos de nuestras investigaciones ante la Comisión Europea y compartimos con las autoridades la información relativa a la violación a las leyes del transporte. También hemos presentado un gran número de recomendaciones en nuestro "Archivo de Pruebas" en relación con los problemas ocasionados por el comercio y algunas propuestas para solucionarlos.

El punto medular de esas recomendaciones es el establecimiento de un límite de entre 9 a 12 horas para los viajes de los caballos (de conformidad con la opinión de los propios asesores científicos de la Comisión Europea), lo que es perfectamente factible dada la abundancia de rastros autorizados para recibir caballos; se ahorraría dinero y se evitarían muchos trámites burocráticos si esto se armonizara con otras leyes. Sin embargo, la Comisión Europea se rehúsa a actuar.

Entonces, ¿qué podemos hacer para ayudar a estos caballos? Primero, podemos concientizar a la gente acerca de este comercio indignante y animar a los europeos a alzar la voz. También podemos escribir a nuestros gobiernos en Europa para pedir un cambio.

Además, podemos seguir presionando a la Comisión Europea para que aplique el límite máximo a la duración de los viajes recomendado por los mismos expertos científicos de la Comisión. No se trata de evitar que la gente consuma carne de caballo —esa es una decisión personal—, sino de cumplir con nuestra responsabilidad básica de cuidar a los caballos mientras vivan.

Entre más alcemos la voz juntos en nombre de los caballos, tendremos más oportunidades de terminar con este sufrimiento innecesario. Eso es exactamente lo que es: absolutamente innecesario, irresponsable y brutal.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Roly Owers.

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