OPINIÓN: La renuncia de Benedicto XVI muestra el lado humano del papa

La decisión del pontífice, más que demostrar debilidad, podría significar uno de sus momentos más poderosos
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Por: Mary Ann Walsh
Autor: Mary Ann Walsh | Otra fuente: 1
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Nota del Editor: La hermana Mary Ann Walsh es directora de relaciones con los medios de la Conferencia de Obispos Católicos de EU e integrante de las Hermanas de la Misericordia de la Comunidad Regional del Noreste de las Américas. Es excorresponsal extranjera del Servicio de Noticias Católico en Roma y editora de Juan Pablo II: Una luz para el mundo, Benedicto XVI: Ensayos y reflexiones sobre su papado, y Del papa Juan Pablo II a Benedicto XVI.

(CNN) — Una de las paradójicas afirmaciones de la Biblia proviene de la Epístola de San Pablo a los Gálatas: "El poder se perfecciona en la debilidad".

La poética oración proclama que cuando somos débiles, somos fuertes. La renuncia del papa Benedicto XVI a uno de los que muchos consideran el puesto más poderoso del mundo, da prueba de ello.

En un título asociado con la infalibilidad —aunque eso refiere a las proclamaciones formales sobre fe y moral— el Papa manifiesta su debilidad.

Su aceptación de fragilidad habla de manera realista acerca de la humanidad: Nos volvemos viejos, nos debilitamos y finalmente morimos. Un trabajo, incluso uno guiado por el Espíritu Santo, como los católicos romanos creemos, puede llegar a ser demasiado agobiante.

La debilidad humana ha marcado este papado. Todos cometemos errores, sin embargo, el Papa se enfrenta a un gran escenario.

Por ejemplo, apenas había empezado su papado cuando visitó Ratisbona, Alemania, lugar en donde alguna vez dio clases de teología. Muy en su papel de profesor, ofreció una declaración provocativa para mantener la conversación.

Para presentar el tema de su sermón, el Papa citó un relato de un diálogo entre el Emperador Bizantino Manuel II Paleólogo y un erudito musulmán anónimo, a fines del siglo XIV, una cita que por algunos fue mal interpretado como una condena de Mahoma y el islam.

Dos veces, el Papa enfatizó que él hizo referencia a las palabras de alguien más. Desafortunadamente, la declaración sobre el islam fue tomada como un insulto, no como algo para abrir la discusión, y desató la ira en todo el mundo musulmán.

El sorprendido Papa tuvo que explicarse. Ofreció disculpas y dos meses después viajó a la Mezquita Azul de Estambul, lugar en el que de pie y descalzo oró junto al Gran Mufti de Estambul.

Después recibió a líderes musulmanes en el Vaticano para dar inicio a un foro de diálogo católico-musulmán. Fue un momento humano —un error, una disculpa y resarcimiento— en todos los sentidos.

Una controversia parecida se suscitó cuando él trató de traer de vuelta a la cismática Sociedad de San Pío X, el redil católico romano.

En un gran gesto en busca de la reconciliación, le quitó la excomunión a cuatro de sus obispos, sin percatarse que uno, Richard Williamson, fue alguien que negó el Holocausto. Esto enfureció a muchos judíos.

Posteriormente, el Vaticano dijo que el obispo no había sido sometido a investigación, y en un gesto de reverencia a la modernidad señaló que los funcionarios por lo menos deberían haber buscado en internet.

En humilde respuesta, Benedicto XVI reiteró su condena al antisemitismo y a Williamson le dijo que tenía que retractarse de sus opiniones sobre el Holocausto para ser reincorporado por completo. De nuevo, el reconocimiento de un error y su iniciativa para recomponer la situación.

El papa Benedicto XVI llegó de un pueblo católico bávaro. Las excursiones familiares de su niñez incluyen viajes a la ermita de la Virgen Negra, Nuestra Señora de Altotting.

Entró al seminario a los 13 años. Se convirtió en sacerdote, erudito y teólogo. Vivió su vida al servicio de la iglesia. Incluso al renunciar al papado, adopta la vida monástica para orar por una iglesia a la que siempre ha amado.

En retrospectiva, su visita a la tumba del siglo XIV del papa Celestino V, un monje benedictino que renunció al papado hace ocho siglos, se vuelve conmovedora.

En 2009, en una visita a Aquila, Italia, Benedicto XVI dejó en la tumba de Celestino el palio, una vestidura parecida a una estola que significa autoridad episcopal y que Benedicto XVI había utilizado para su toma de posesión como papa. El gesto adquiere un mayor significado con la renuncia.

Esperamos que el papa sea perfecto. Los católicos lo ven como el vicario de Cristo en la tierra. Se posiciona como un líder espiritual para gran parte del mundo. Estadistas de todos los países lo visitan. Vive entre una espléndida arquitectura, a la sombra de la abovedada Basílica de San Pedro. Todo da testimonio de una omnipotencia casi surrealista.

Sin embargo, en este mundo también vive como una persona vulnerable. Y esto es una paradoja de su momento más humano —renunciar al poder del cargo— podría mostrarlo más poderoso como el mensaje de San Pablo hace muchos años: "el poder se perfecciona en la debilidad".

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Mary Ann Walsh.

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