Chávez deja reto petrolero en Venezuela

Las reformas del fallecido mandatario dejaron una industria fracturada, dice Cyrus Sanati; para revivir al sector, el Gobierno debe hacer cambios a sus leyes de tributación y propiedad.
hugo chavez  (Foto: AP)
Cyrus Sanati

La muerte del presidente venezolano Hugo Chávez no es la panacea para la disfuncional industria energética del país. La incertidumbre política y económica posiblemente continúe disuadiendo a los inversionistas extranjeros de comprometer plenamente el dinero, los recursos y la experiencia que se necesitan desesperadamente para aprovechar eficazmente la riqueza petrolera de la nación. Quien asuma las riendas del país tendrá que desmantelar las políticas, las estructuras y la retórica que han hecho que invertir en Venezuela sea una misión inútil. No es una exageración decir que la muerte de Hugo Chávez acaecida el martes sacudió a la industria de la energía. El autócrata "bolivariano" ha sido el mayor villano de la industria petrolera desde hace más de una década. Durante su gestión como presidente de Venezuela, Chávez no sólo desechó contratos y expropió tierras y equipos de compañías petroleras extranjeras, como ExxonMobil y ConocoPhillips; también logró hundir a la compañía petrolera nacional, Petróleos de Venezuela (PDVSA), usándola como una caja chica para financiar los programas y las políticas asociadas a su vagamente definido experimento del "Socialismo del siglo XXI".

Hubo un tiempo en que Venezuela fue considerada como un bastión del liberalismo, una excepción a la llamada maldición de los recursos, que postula que la riqueza petrolera fomenta los regímenes corruptos y dictatoriales. Sus gobiernos elegidos democráticamente, aunque lejos de ser perfectos, eran considerados más estables que los de otras naciones ricas en petróleo, como las de Oriente Medio. Esta estabilidad atrajo a inversionistas extranjeros de todo el mundo, especialmente a las gigantes petroleras estadounidenses ConocoPhillips y Chevron.

Para la década de los noventa, Petróleos de Venezuela y sus socios extranjeros, que en ese momento incluían a casi todas las grandes compañías petrolíferas estadounidenses y europeas, estaban bombeando alrededor de tres millones de barriles diarios de petróleo de los yacimientos venezolanos, convirtiéndolo en el tercer mayor exportador de petróleo en la OPEP. El plan a largo plazo de Petróleos de Venezuela era aumentar gradualmente su capacidad de producción a unos ocho millones de barriles diarios, lo que habría puesto a Venezuela a la par de los gigantes exportadores de crudo como Rusia y Arabia Saudita.

Pero la ineptitud y la corrupción de la cleptocracia chavista han contribuido a una disminución de la producción global de petróleo venezolano, que en el último recuento fue de 2.4 millones de barriles por día, un 25% menos de lo producido cuando Chávez llegó al poder hace 14 años. Eso habría sido justificable si las reservas petroleras de Venezuela se estuvieran agotando rápidamente, pero no es el caso, ni de lejos. De hecho, en 2010, la OPEP confirmó que todo el cinturón petrolífero del Orinoco contenía depósitos de arenas bituminosas equivalentes a unos 300,000 millones de barriles de petróleo, suficiente para satisfacer la demanda mundial actual durante 10 años. Eso significaría que Venezuela tendría las mayores reservas de petróleo del planeta, superando las reservas de Arabia Saudita de 260,000 millones de barriles.

Considerando que el precio actual del petróleo es 10 veces superior al que tenía cuando Chávez asumió el poder en 1998, uno podría suponer que la Faja Petrolífera del Orinoco estaría hoy llena de equipos y trabajadores tratando furiosamente de explotar su abundante riqueza negra. Pero, por supuesto, no ocurre así. Durante su mandato, Chávez instituyó una serie de devastadoras "reformas" a la industria petrolera del país, que terminaron fracturándola. Rompió contratos de reparto de producción firmados bajo el Gobierno anterior, obligando a las compañías petroleras extranjeras a entregar más de sus ganancias al Estado.

Chávez luego usó a Petróleos de Venezuela como su cajero automático personal, privando a la empresa del capital de inversión necesario para expandir sus operaciones en el Orinoco. En el año 2011, la paraestatal venezolana se quedó con sólo 11,000 millones de dólares, o el 9% de sus ingresos totales, para financiar operaciones futuras. Eso apenas bastaba para mantener las luces encendidas, ya no digamos explorar y perforar. En cambio, la paraestatal petrolera mexicana Pemex (un caso sin remedio de excesiva burocracia), gastó alrededor de 19,000 millones de dólares, o el 17%, de sus ingresos en operaciones, mientras que la brasileña Petrobras invirtió 42,000 millones de dólares, el 29% de sus ingresos.

PDVSA asegura que estará invirtiendo cerca 140,000 millones de dólares en el Orinoco para 2015. Es difícil que eso suceda dado la enorme cantidad de dinero que sustrae el Gobierno. En enero, Chávez ordenó que la paraestatal incrementara los pagos que aporta a una partida secreta, Fonden (cuyos movimientos no se registran ni tampoco rinde cuentas), un fondo utilizado para apoyar la "revolución," vaciando aún más sus recursos. Y para rematar, el gobierno ha cargado a PDVSA con una deuda de alrededor de 35,000 millones de dólares, dejando a la compañía con grandes pagos de intereses que sólo aumentan sus problemas económicos.

Pero acaso el golpe mortal a la inversión petrolera venezolana llegó en 2007, cuando Chávez esencialmente "renacionalizó" la industria, echando a un par de compañías petroleras extranjeras que se negaron (una vez más) a renegociar sus contratos, a saber, los gigantes estadounidenses ExxonMobil y ConocoPhillips, que habían invertido miles de millones de dólares en el país desde principios de 1990.

Las nuevas normas, que son más o menos las que rigen hoy, exigen a los inversionistas extranjeros formar sociedades con PDVSA en donde la petrolera estatal tendría una participación del 60%. La empresa extranjera, que tendría una participación del 40%, aún tendría que financiar el 100% de la inversión. Además, cualquiera que fuera la ganancia de la empresa extranjera, ésta estaría sujeta a una tasa impositiva del 50% y a una regalía de 33% (un gravamen petrolero). Ah, y los inversionistas deben convenir que cualquier controversia que pueda surgir en el futuro sobre su participación será solventada por los tribunales venezolanos, no en las molestas e imparciales cortes internacionales de arbitraje.

Aun cuando la relación riesgo/recompensa es claramente inexistente, Venezuela dice que ha licitado 36 bloques petroleros en el Orinoco a 27 compañías provenientes de 21 naciones. La mayoría son compañías petroleras de propiedad o control estatal de lugares como Irán, Bielorrusia y Cuba. Pero algunas de las grandes compañías petroleras que cotizan en bolsa como la española Repsol, la brasileña Petrobras, la italiana Eni y la francesa Total también tienen participaciones. Incluso a Chevron le fue asignado un bloque, si bien pequeño.

Aunque tiene sentido tener algunos socios extranjeros para distribuir el riesgo, se puede ir demasiado lejos, en especial cuando dichos socios no tienen ninguna experiencia en las arenas petrolíferas. De hecho, este reparto parece más una extraña maniobra de relaciones públicas que una auténtica división del trabajo. Por lo tanto, no debería sorprendernos saber que actualmente la perforación en el Orinoco es más bien escasa. Aunque Petróleos de Venezuela afirma que ha comenzado a perforar pozos con sus socios rusos y vietnamitas, las cifras iniciales de producción reportadas son triviales. Mientras tanto, se sabe que la compañía estatal india de hidrocarburos ONGC y varias otras se están absteniendo de invertir más dinero hasta que haya un poco de claridad en cuanto a la situación política en el país. Podemos apostar que incluso los más firmes aliados de Venezuela, como China que ha prestado el régimen de Chávez unos 46,000 millones de dólares en los últimos años, estarán entre los que se tomarán un respiro.

Es difícil ver qué podría cambiar en la industria petrolera de Venezuela en los próximos meses. El aparato político que Chávez estableció parece plenamente afianzado. Probablemente para desaparecerlo sería necesaria una revolución en toda regla. Con todo, Venezuela se acerca a un punto crítico en lo que respecta a la producción petrolera. El gobierno no puede seguir dependiendo de PDVSA para pagar sus cuentas. Necesita verdaderos socios extranjeros con experiencia real para que participen y ayuden a impulsar la producción.

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Eso significa traer de vuelta a empresas como ConocoPhillips, que antes de ser puesta de patitas en la calle en el 2007, era la mayor operadora extranjera en el país. Ellos tienen los ingenieros y los conocimientos técnicos para ayudar a que Venezuela despegue con rapidez. El país haría bien en consultar también a empresas petroleras como Husky, Suncor, Syncrude y Nexen, todas ellas tienen una amplia experiencia de trabajo en las vastas arenas bituminosas del Athabasca canadiense.

Para atraer a los talentos adecuados, Venezuela necesita hacer algunos cambios serios en sus leyes de tributación y propiedad. Las compañías deben sentirse seguras para realizar inversiones, de manera que la seguridad y las protecciones legales deberán ser incuestionables. Pero incluso si los nuevos líderes de Venezuela cedieran a todas las demandas de las compañías petroleras, probablemente pasará un tiempo antes de ver una mayor explotación. Chávez destruyó la credibilidad de la nación, y tomará algún tiempo para que Venezuela se gane de nuevo la confianza. Por eso, cuando los venezolanos acudan a las urnas dentro de un mes para elegir a su nuevo líder, sería prudente que eligieran a alguien que supiera comer una generosa ración de humildad.

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