OPINIÓN: La reforma educativa, apenas el inicio de la 'tarea' en México

Sí, la promulgación de la reforma es un logro, incluso en el contexto de la captura de Elba Esther Gordillo, pero faltan muchas cosas más
La reforma educativa busca a los mejores maestros
Juan Carlos Romero Hicks
Autor: Juan Carlos Romero Hicks | Otra fuente: 1
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Nota del editor: Juan Carlos Romero Hicks es presidente de la Comisión de Educación del Senado de la República, exdirector general del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACyT) de diciembre 2006 a marzo del 2011, exgobernador de Guanajuato durante el periodo 2000-2006, y exrector de la Universidad de Guanajuato de 1991 a 1999. Puedes seguirlo en su cuenta de Twitter: @JCRomeroHicks

(CNNMéxico) — En la misma semana que se promulgó la reforma a los artículos 3 y 73 de la Constitución, la Procuraduría General de la República (PGR) anunció la detención de Elba Esther Gordillo, la líder del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) y con ello algunos opinan que ya no existe obstáculo alguno para poder tener una reforma educativa integral y sin sobresaltos sindicales.

Aún no existe una reforma educativa y ésta se dará hasta que se concreten las leyes secundarias y políticas públicas, así como cuando, finalmente, pueda otorgársele al alumno una educación de calidad, por lo que el avance real, hasta el momento, es pequeño.

Para poder hablar de una reforma educativa integral, tendríamos que comprender todo el sistema educativo en su conjunto, el cual se compone por un lado de los docentes, instituciones, programas, infraestructura física, recursos, directores, escuelas, padres de familia y autoridades educativas.

La reforma enviada como iniciativa por el presidente Enrique Peña Nieto, y modificada sustancialmente por los legisladores en ambas cámaras, carece de la amplitud necesaria como para poder llamar una reforma comprehensiva en materia educativa, ya que ésta solo toca una partes de todo el entramado que hace funcionar la educación en nuestro país.

La primera parte de la modificación que no estaba contenida en la original, es otorgarle el carácter constitucional a la educación, es decir, que tiene que ser de  calidad.

La segunda parte es una reforma al texto de la Constitución, para incorporar una práctica que ya se venía realizando en el ámbito federal, para que a partir de ahora, el ingreso, la promoción y la permanencia —de los profesores en sus puestos de trabajo— no podrán ser sujetos de negociación, sino de méritos. El aspecto más importante  radica en haber incorporado la evaluación para la permanencia, el reconocimiento y la promoción de los profesores.

Estoy seguro de que la mayoría de los profesores en el país no tienen miedo a la evaluación, porque saben que tienen capacidad suficiente para cumplir con esos procesos, o en determinado caso, corregir sus deficiencias. Ellos, como cualquier otro mexicano, suelen ser personas buenas que luchan todos los días por ser mejores y esperan una oportunidad para probarlo. Me parece que ahora la tendrán.

Finalmente, la tercera parte le concede autonomía constitucional al Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación —INEE— órgano que ya existía desde el año 2002 y que ya contaba con la autonomía, la independencia técnica y la libertad académica correspondiente.

Pero la reforma también debe incluir una revisión laboral, que atienda al respeto de las normas del trabajo de los maestros, hasta incluir su jubilación.

De ello, desde mi punto de vista, se derivarían cuatro apartados laborales:

1) La permanencia, que aún no está claramente definida y que habrá que definir

2) La consecuencia de los paros ilegales

3) La revisión a eliminar la doble negociación sindical —a nivel federal y estatal—

4) La democracia y transparencia en el ámbito sindical

Como se dice coloquialmente, 'el diablo está en los detalles', y de los legisladores dependerá convertir en realidad este intento de reforma

No podemos olvidar que el fin y el foco debe ser el alumno, pero también el reconocimiento a los profesores mexicanos, a los que nos han enseñado a leer, a los que han escogido como camino de vida una de las vocaciones más bellas a las que puede dedicarle su vida una persona.

A ellos, a los que son mayoría, les tenemos que cumplir con una ley que contemple desde una mejor formación inicial, un ingreso transparente y basado en méritos, hasta un escalafón real y objetivo, y, por supuesto, una jubilación digna.

Cuando hayamos logrado esto, sin embargo, solamente habremos cambiado una parte y tendremos que redoblar esfuerzos, para resolver otros pendientes: un contenido educativo nuevo, que forme ciudadanos y que los forme con valores; una infraestructura digna, con un mínimo común compartido por todas las escuelas; la formación artística y deportiva, entre otros.

Tienen que ser revisadas y evaluadas las políticas públicas, y elaborar rediseños institucionales y cambios en la legislación.

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Por lo pronto, de lo que disponemos, es un proceso de revisión hacia una reforma educativa integral.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Juan Carlos Romero Hicks.

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