OPINIÓN: Mujeres profesionistas, no sientan culpa por dejar el hogar

Llegó el momento de 'ceder' en las áreas domésticas y preocuparse más por impulsar sus carreras laborales
La participación de las mujeres en la política
Courtney E. Martin
Autor: Courtney E. Martin | Otra fuente: 1
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Nota del editor: Courtney E. Martin es escritora y conferencista. Vive en Brooklyn, Nueva York y escribió el libro Perfect Girls, Starving Daughters: How the Quest for Perfection is Harming Young Women, entre otros. Síguela en Twitter: @courtwrites.

(CNN) — En su nuevo y muy discutido libro, la directora operativa de Facebook, Sheryl Sandberg, afirma que las mujeres necesitamos "resistir" más en nuestras carreras.

Pedir flexibilidad aunque lo que enfrentemos nos asuste, aceptar los ascensos y los grandes proyectos e irradiar nuestra propia valía en fiestas como lo hacen los chicos de Harvard. Estoy de acuerdo.

Pero para evitar caer de bruces a causa de todo ese impulso, también necesitamos aprender a "ceder" en otras áreas de nuestra vida.

Son demasiadas las mujeres que liberan a los jefes de sus responsabilidades al evitar una negociación salarial o al aceptar políticas que impidan a las madres trabajadoras prosperar, pero lo peor es que ellas nunca son libres de responsabilidades.

Llegó el momento de que las mujeres elevemos la bandera blanca o nos rindamos ante nuestras tumultuosas y hermosas vidas. Debemos aceptar las imperfecciones —físicas, domésticas y sociales— y buscar sentirnos completas, valientes e interesantes. Adoptemos la vieja idea de ser una "madre lo suficientemente buena" del psicólogo D.W. Winnicott.

Durante la conferencia TED, mientras me hallaba rodeada de superperfeccionistas, charlaba en los pasillos con una reconocida líder organizacional, quien me dijo que era el cumpleaños de su hija de 4 años. "Debe ser difícil no estar con ella. ¡Es un día tan especial!", dije.

"No realmente", respondió de inmediato. "Todos cumplimos cuatro años… no es tan especial. Habrá más cumpleaños y pasa un día genial con su papá".

Quedé atónita. Sin importar lo que piensen de su indiferencia, hay que admirar la capacidad que tiene esta mujer de desechar en público lo valioso que es ser madre. En este breve intercambio, valientemente rechazó la expectativa de sentirse torturada por no estar en el cumpleaños de su hija.  

En cambio afirmó que estaba emocionada por estar en la conferencia con la que daría un impulso a su carrera. El beneficio adicional era que su esposo tenía la oportunidad de fortalecer su lazo y construir más recuerdos con su hija.

Otro avistamiento reciente e inusual de una mujer que "cede": hace un par de semanas, estaba comiendo comida tailandesa con un grupo de mujeres de entre 20 y 30 años. Otra perfeccionista amiga nuestra nos mostró una foto de su hijo, sentado en una cama de hospital mientras sonreía con entusiasmo y hacía señas levantando los pulgares.

Resulta que mientras ella estaba en un viaje de trabajo, él se cayó de un árbol y terminó en el hospital. El pequeño le pidió a su padre que tomara esta foto con su iPhone y se la enviara a su mamá para que viera lo valiente que había sido, aunque ella no hubiera estado allí.

En lugar de sentirse culpable por no haber estado allí para supervisar la sutura, demostró orgullo con una sonrisa: su hijo aprendió el poder de la flexibilidad.

En efecto, parte de la revolución comprende preguntarnos cuál es nuestro valor en el trabajo, y por otra parte también, no sobrevalorar nuestro trabajo en casa.

Tenemos permiso de ser menos responsables en esas áreas de la vida que hemos controlado durante décadas: lavar los platos, llevar a los niños a la escuela y hasta las notas de agradecimiento.

Frecuentemente queremos que nuestros amigos, familia y jefes nos consideren infalibles y "buenas", lo que la escritora Rachel Simmons llama la "maldición de la niña buena".

Mejor agudicemos nuestra serenidad, seamos libres de la culpa, de las expectativas y la perfección. Hay que saber reconocer cuando no podemos cumplir tanto con nosotras mismas como con otras personas.

Tenemos que practicar la indiferencia radical, el raro y poderoso: "Ni hablar", cuando sabemos que no se puede ser omnipresente.

Mi madre es una mujer muy talentosa y activa, pero cocinar no está entre sus actividades favoritas. Aún así, paso casi todas las noches de mi niñez cocinando rollo de carne, sopa, guisados de pollo y otras especialidades, tal como lo había hecho su madre y como creía que tenía que hacerlo.

Tristemente, y para la evidente frustración de mi mamá, no recuerdo ninguna de esas comidas. Recuerdo a mi madre proyectando documentales, saltando en el trampolín y yendo a caminar al parque con sus amigas para ejercitarse. Esas son las cosas que ella amaba y las que me hicieron quien soy.

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Mientras Sheryl Sandberg se vuelve el símbolo de la "resistencia", necesitamos una amplia variedad de mujeres —de diversa distribución étnica, económica y geográfica— que también personifiquen la nueva era del "ceder".

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Courtney Martin.

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