OPINIÓN: El papa Francisco envía una señal a los fieles latinoamericanos

El nuevo papa representa el reconocimiento de la comunidad católica latinoamericana
reaccion al nombramiento del papa francisco
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Ruben Navarrette Jr.
Autor: Ruben Navarrette Jr. | Otra fuente: 1
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Nota del Editor: Ruben Navarrette es colaborador de CNN y columnista que vende sus escritos a diversas publicaciones nacionales con el Grupo de Escritores del Washington Post. Puedes seguirlo en su cuenta de Twitter: @rubennavarrette

(CNN) – “¡Ya era hora!”

Esa fue la respuesta de un amigo católico mexicano-estadounidense a la noticia de que el cardenal Jorge Bergoglio de Argentina había sido electo como el primer papa latinoamericano en los casi 2,000 años de historia de la Iglesia católica. Fue una de esas expresiones espontáneas que, aunque no es políticamente correcta, fue honesta y sentida.

Ya era hora.

Para los católicos latinoamericanos caprichosos como yo, la elección llegó en el momento justo. ¿Qué tan caprichoso soy? Voy a misa cinco veces al año y han pasado casi 40 años desde que me confesé por última vez. Incluso cuando voy a la iglesia, soy lo que se conoce como un “católico de cafetería”. Elijo lo que me gusta de los sermones e ignoro el resto. Creo en la santa trinidad, pero también creo en cosas en las que, según la Iglesia, no debería creer, como el matrimonio gay y el derecho a elegir de una mujer.

Algunos de mis compañeros católicos me juzgarían duramente y me acusarían de no estar lo suficientemente comprometido con nuestra religión.

No lo estoy. Estoy bien con mi fe. Rezo directamente a Dios y no necesito de un intermediario. Estoy lo suficientemente comprometido con mi Iglesia que, francamente y en vista de sus propios pecados, no está en posición de juzgar a nadie.

Debido al escándalo de abuso sexual de niños a manos de sacerdotes, la Iglesia católica está en la cuerda floja en mi vida, y estoy seguro de que también lo está en la vida de otros católicos. He estado tentado a abandonarla con desagrado en más de una ocasión.

No ayuda el hecho de que vivo en el sur de California, a la sombra de la Arquidiócesis de Los Ángeles. Es la mayor arquidiócesis de Estados Unidos y hasta hace poco estuvo bajo el control del cardenal Roger Mahony. Hace poco, la arquidiócesis y Mahony llegaron a un acuerdo por casi 10 millones de dólares en una demanda por abuso sexual infantil.

Mahony, quien se retiró en 2011, fue acusado de ayudar a un pedófilo confeso a evadir a las autoridades. No obstante, se le permitió votar en el cónclave en Roma.

Como católico, es difícil ser idealista, entusiasta y optimista cuando vives en el patio trasero de Mahony. Esa arquidiócesis siempre es noticia, y normalmente es para mal.

Sin embargo, reconozco que la iglesia católica es mi hogar. Es acogedora, conocida. Cuando asisto a bodas o funerales, sé por instinto que es aquí a donde pertenezco. La Iglesia tiene muchos defectos y el nuevo papa tiene mucho que hacer para reconstruir la confianza de los feligreses. Sin embargo, no puedo ir a ninguna otra parte.

La naturaleza humana nos lleva a querer vernos reflejados en una organización a la que pertenecemos. Por eso los mormones en Estados Unidos estaban entusiasmados con la idea de elegir como presidente a Mitt Romney. Por eso los judíos estaban tan ansiosos por elegir como vicepresidente a Joe Lieberman. Por eso, en ciudades de la Costa Este del país —como Boston, New Haven o Nueva York—, los irlandeses han votado por los candidatos irlandeses por generaciones y los italianos han votado por los candidatos italianos.

Hay cerca de 480 millones de católicos en Latinoamérica, sin contar a entre 40 y 50 millones de latinos en EU que también son católicos. Esa población representa casi la mitad de los 1,200 millones de católicos en el mundo.

Hasta para un pueblo que no piensa en términos de años sino de siglos y que es conocido por su paciencia, 20 siglos es mucho, mucho tiempo para esperar a que se reconozca su existencia, que sons importantes y que merecen respeto.

La espera ha terminado. El papa Francisco es de ascendencia italiana, pero nació en Buenos Aires en 1932. Creció en Latinoamérica, habla español con fluidez y entiende como es la vida de los pobres y los oprimidos. Como lo han señalado correctamente otros comentaristas, el hecho de que haya elegido el nombre “Francisco” —en honor a San Francisco de Asís, el campeón de los desposeídos— es una clave de que pretende concentrar la atención del mundo en el tema de la igualdad de los ingresos.

Mientras tanto, la noticia de un papa latino ha esparcido una ola de euforia a lo largo de Argentina y América Latina. Imagina ganar el Mundial de futbol 10 veces. También habrá gran emoción entre los latinoamericanos de Estados Unidos, tal vez la suficiente como para que se vuelva a encender su pasión por la Iglesia y regresen a misa.

Finalmente, el papa recientemente electo es un símbolo poderoso. Indica que habrá un nuevo comienzo. Representa a la gente que representa el futuro del catolicismo.

Al ser el primer papa no europeo en asumir el cargo en más de 1,200 años, el hombre de 76 años pone a Latinoamérica en el mapa al instante. Esta es una de las regiones más jóvenes del mapa. Si Europa remite al pasado, entonces Latinoamérica representa el mañana.

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Eso es bastante adecuado. Después de todo, para los católicos, este es un nuevo día.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Ruben Navarrette.

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