La empresa como comunidad

Los directivos deben buscar éxitos a largo plazo e incentivar a sus empleados, dice Angel Hernández; además de buscar el beneficio económico, las compañías tienen responsabilidades sociales.
jefe preocupado  (Foto: ThinkStock)
Angel Hernández Vega*

La velocidad de comunicación, la facilidad de acceso a información a través de internet y el desarrollo de los llamados software integrados hace que el directivo tenga la mayor información disponible para la toma de decisiones.

Sin embargo a pesar de estos elementos favorables, las noticias sobre fracasos y fraudes son cada vez mayores. Todo tipo de empresas se enfrenta a situaciones de quiebra o endeudamientos insostenibles.

La respuesta a esta incongruencia se encuentra en la formación de valores de quienes dirigen las empresas. En forma general, el concepto de que las empresas son comunidades de personas y que las relaciones comerciales se vean como relaciones entre  personas parece haber desaparecido.

Se ha convertido al dinero en un dios. La única medida de éxito es la velocidad para alcanzar el máximo nivel de riqueza. No se consideran inversiones de largo plazo y no se aprecian retornos de inversión mayores a un año.

Esto se traduce en que a las  empresas se les mida por sus resultados trimestrales y se fomenta el sentido de corto plazo con la difusión de los resultados en forma diaria o aún por horas de los precios de las acciones públicas.

Los consejos de administración y los inversionistas alimentan esta fiebre demandando  utilidades de corto plazo a como dé lugar. Se procura que la acción en el mercado siempre crezca y se hipoteca el futuro de la empresa con decisiones de corto plazo.

Los ejecutivos ceden a las presiones. Proponen para sí incentivos de corto plazo y alinean las decisiones a alcanzar la meta trimestral satisfaciendo la ambición de los inversionistas en los mercados.

Cuando la ambición por la obtención de las utilidades se desborda esto se traduce en falsificación de información y en robo. Se muestra en la quiebra de empresas como el caso de Enron, las noticias sobre fraudes financieros como el de Madoff y otros cuyos importes no merecen mención en los servicios informativos.

Las empresas prestan gran atención al control de la organización. Cualquier empresa cuenta con procedimientos que detallan la realización eficiente de sus operaciones. Sin embargo el ejemplo de los directivos no está sujeto a procedimientos y suele ser el origen de los problemas de control.

Las organizaciones de una forma u otra resaltan la importancia del servicio al cliente y la valía de los empleados. Sin embargo la realidad resulta ser una gran incongruencia. Ejemplos de lo anterior, son los recortes de personal no totalmente justificados, posponer decisiones de mantenimiento o inversión o bien la eliminación de áreas de investigación,  buscar esquemas para evitar el pago de las cuotas de seguridad social o no pagar beneficios a los empleados.

La respuesta a estas situaciones es una actuación de empresarios y directores a favor de una verdadera responsabilidad social. La empresa debe generar utilidades en forma legítima, pero también debe procurar contar con fórmulas para su justa distribución que incluya a proveedores, clientes, empleados y la sociedad en general.  Este bienestar necesita permanecer a través del tiempo, lo que exige un cambio de mentalidad de corto a largo plazo y evitar decisiones que pongan en riesgo el futuro de la empresa. 

Esta nota es una invitación a la reflexión de empresarios y directivos para que sus decisiones beneficien a la empresa en el largo plazo. Que se tenga un compromiso con todos los actores relacionados con la organización procurando la formación de comunidades de personas en donde la utilidad sea distribuida conforme a fórmulas justas, fomentando la estabilidad futura de la empresa. 

También es una invitación para quienes son empleados, a corresponder a la oportunidad de contar con un trabajo de actuación profesional y cumplir cabalmente con las tareas que les han sido encomendadas, procurando con ello una mejor convivencia en un ambiente que promueva el desarrollo de las personas. 

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El control se logrará con la correspondencia entre los empleados y una actitud congruente de los directivos a los principios de servicio al cliente y de valor de los trabajadores. Existirá un interés común por el éxito de largo plazo de la empresa y porque la organización sea una verdadera comunidad de personas en donde puedan trascender como individuos.

* Angel Hernández es actuario por la Universidad Anáhuac y cuenta con la Maestría para Ejecutivos con Experiencia (MEDEX) por el IPADE, así como el MBA de la Universidad Anáhuac. Ha desempeñado diferentes funciones en el área de Finanzas en empresas como General Electric, Unilever, 3M, Ingram Micro, TRW. Colabora como profesor del ICAMI y en Diplomados de Finanzas y Análisis y Planeación Financiera del Tecnológico de Monterrey.

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