OPINIÓN: La importancia de explorar las profundidades del océano

La comprensión a fondo de nuestros océanos podría ayudarnos a enfrentar los retos que nos aguardan
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Chris German, especial para CNN
Autor: Chris German, especial para CNN | Otra fuente: 1
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Nota del editor: Chris German es geoquímico marino y científico en jefe del área de Sumersión Profunda del Instituto Oceanográfico Woods Hole. Trabaja en la Instalación Nacional para la Sumersión Profunda de Estados Unidos y ofrece asesoría sobre temas como la presencia a distancia de Vehículos Submarinos Autónomos y las mejoras recientes al Vehículo Tripulado Alvin.

(CNN) — A pesar de que los humanos centran su atención en la tierra firme, nuestro planeta es 'oceánico'.

El océano cubre más de las dos terceras partes de la superficie de la Tierra y permite que la vida, como la conocemos, sea posible: produce la mitad del oxígeno que respiramos, ayuda a regular el clima y proporciona el hábitat más grande para la vida en la Tierra.

No obstante, con casi 3,000 metros de agua que cubren más de la mitad de la superficie del planeta, gran parte de este vasto reino sigue sin ser explorado o investigado. Pero se está considerando hacerlo.

De hecho, nuestro progreso no está limitado por la imaginación de los científicos o los ingenieros, sino por la magnitud y el costo que tiene el desarrollo de las tecnologías adecuadas para lograrlo. Los avances en la tecnología satelital nos proporcionan una cobertura mundial para el estudio de la atmósfera terrestre. Sin embargo, en el caso del océano, ese enfoque solo es superficial, literalmente.

¿Qué ocurre en el vasto y profundo océano, fuera de la vista y del alcance de la luz del sol y de los satélites? Este es un ejemplo de las razones por las que debe importarnos: en 1977, los científicos se sumergieron a bordo del vehículo tripulado Alvin para investigar una dorsal volcánica a 2,500 metros bajo el nivel del mal y descubrieron algo completamente inesperado: un ecosistema exuberante que medraba en las chimeneas hidrotermales por las que se libera la energía química del interior de la Tierra.

Con este descubrimiento, logrado tan solo tres años después de que las nuevas tecnologías permitieran que Alvin llegara a esas profundidades, cambió nuestro entendimiento sobre la forma en la que la vida puede funcionar en la Tierra y abrió campos de investigación completamente nuevos.

Sabemos que los manantiales termales que sostienen a estos ecosistemas están presentes en todas las cuencas marinas y albergan a cientos de especies animales hasta ahora desconocidas.

Durante los últimos 30 años, se han descubierto esas nuevas especies a un ritmo de una cada dos semanas, y aún tenemos que explorar más del 75% de este sistema de dorsales oceánicas de 55,000 kilómetros de largo.

En esos sitios hay grandes yacimientos de metal, que podrían volverse fuentes de minerales esenciales para nosotros; algunos de esos sistemas podrían revelar cómo se originó la vida en la Tierra y más allá.

En vista de todos los descubrimientos que han surgido de la investigación minuciosa de esas dorsales oceánicas, nos preguntamos qué podríamos encontrar en el extremo del ciclo tectónico de esa placa, en donde el suelo marino se vuelve a internar en la Tierra, en las profundas fosas marinas.

Hasta ahora, solo tres humanos se han aventurado a estas profundidades: la sumersión de Jacques Piccard y Don Walsh a bordo del batiscafo Trieste, en 1960, no tuvo igual hasta que James Cameron se sumergió en el Deepsea Challenger el año pasado. Estas fueron sumersiones pioneras que requirieron de gran valor.

Sin embargo, para explorar realmente las fosas marinas, los científicos tienen que estudiarlas metódicamente, lo que requiere de un acceso constante a las tecnologías emergentes como el Vehículo Híbrido Operado a Distancia Nereus, que se sumergió en la fosa Challenger en 2009, a la fosa de las Caimán en 2010 —a donde regresará este año— y se sumergirá en el Pacífico en 2014.

Si el estudio de las fosas progresa al mismo ritmo que nuestras pasadas exploraciones en las dorsales marinas, podrían pasar otros 30 años para que hayamos explorado apenas una quinta parte. No solo es necesario explorar las fosas, sino todo el vasto océano.

A pesar de que durante una década se ha efectuado una investigación mundial internacionalmente coordinada a través del Censo de la Vida Marina, la cuenca oceánica más grande del mundo, el Pacífico Sur, ha sido poco estudiado, por ejemplo. Por ahora, creemos que las profundidades del Pacífico siguen prácticamente sin ser tocadas por los contaminantes atmosféricos (radionucleidos producto de pruebas de bombas, clorofluorocarbonos) que ya han penetrado en las profundidades del Atlántico. Sin embargo, ¿cómo describiremos su inmaculado estado antes de que sea demasiado tarde?

Simplemente necesitamos innovar y trascender las formas en las que trabajamos tradicionalmente.

Además de la exploración humana directa del suelo marino, necesitamos movilizar a toda una nueva generación de robots autónomos que puedan explorar los océanos de arriba a abajo mientras se mantienen en comunicación con los científicos en tierra en todo momento. Estos sistemas robóticos deben programarse con la suficiente autonomía de decisión como para saber cuándo deben desviarse de una misión para seguir algo importante e inesperado que encuentren y para saber cuándo alertar al científico en tierra para que envíe nuevas instrucciones.

El desarrollo de esta clase de vehículos y sistemas ya se está efectuando a través de sociedades entre laboratorios robóticos e ingenieros oceánicos líderes en el ramo en misiones como el nuevo Centro para la Robótica Marina del Instituto Oceanográfico Woods Hole; sin embargo, tenemos que dar mayor impulso a ese esfuerzo.  Conforme la tecnología se expande y mejora, también necesitaremos encontrar formas nuevas y efectivas para que los sistemas robóticos y los humanos interactúen en las grandes distancias involucradas.

Las tecnologías que necesitamos para la exploración y la comprensión integral están al alcance.

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Necesitaremos los conocimientos resultantes para adaptarnos a los muchos retos que enfrentamos: cambio climático, escasez de alimentos y recursos, contaminación. El entendimiento de nuestros océanos nunca ha sido más crucial: no son solo una característica de nuestro planeta, sino que son nuestro sistema de soporte de vida.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Chris German.

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