¿Cuándo debe abandonar un país el euro?

La viabilidad del sistema bancario podría hacer que una nación deje el grupo, dice Wolfgang Münchau; a la larga, no es posible operar una unión monetaria en contra de toda lógica económica, detalla.
crisis euro  (Foto: Getty)
Wolfgang Münchau*

Es una pregunta que me he estado haciendo desde hace tiempo: ¿en qué momento se vuelve económicamente racional que un país abandone la zona euro? Hay dos cosas a considerar. La primera es si el sistema bancario del país es viable ante una unión bancaria imperfecta -una que no compartirá ningún riesgo en el futuro previsible. La segunda es si las deudas del sector público y privado son sostenibles, teniendo en cuenta las tasas de crecimiento actuales del país y las previstas a futuro.

En cuanto a Chipre, la respuesta a ambas preguntas es no. La decisión de rescatar internamente a los accionistas, tenedores de bonos y depositantes no asegurados habría sido lógica si la zona euro tuviera una unión bancaria completa. No habría ninguna corrida bancaria debido a que todos los bancos serían reasegurados de manera centralizada.

En este universo paralelo, se podría haber cerrado el segundo mayor banco de Chipre sin daños colaterales para el sistema bancario en general, o para la economía chipriota. Estados Unidos es una muestra de cómo funciona esto: si la Corporación Federal de Seguros de Depósito (FDIC, por sus siglas en inglés) realiza una redada fiscal contra un banco en San Francisco, y rescata a los depositantes no asegurados, no habrá una corrida bancaria en los bancos vecinos ya que California no se hace responsable por el sistema bancario. En vez de eso, Estados Unidos tiene una autoridad de resolución federal y un sistema de seguro de depósitos.

Pero debido a que cada país en la eurozona sigue siendo responsable de su sistema bancario, Chipre no tuvo más remedio que imponer controles de capital después del rescate interno. A pesar de las promesas oficiales, estos controles se mantendrán durante un muy largo tiempo. Las autoridades han introducido una nueva moneda convertible paralela al euro estándar a un tipo de cambio de uno a uno, pero sólo hasta 5,000 euros, el límite de transferencia mensual. No es difícil imaginar que la salida de la eurozona habría sido más traumática para la población, pero habría aportado el beneficio de un tipo de cambio devaluado.

Y eso responde a la segunda pregunta. Es más probable que Chipre vuelva a la sostenibilidad de la deuda fuera de la eurozona, debido a que un menor tipo de cambio reduciría la deuda neta, y debido a una reanudación más rápida del crecimiento económico.

En última instancia, éste es el mismo caso de España. Jeroen Dijsselbloem, ministro de Finanzas holandés y presidente del Eurogrupo de ministros de Finanzas de la eurozona, respondió sin saberlo a esa pregunta cuando -en una entrevista con el Financial Times- conmocionó al mundo al decir la verdad. Ahora la política declarada de los países acreedores es resolver el problema de la carga de deuda en el sector bancario en los países periféricos a través del rescate interno de tenedores de bonos y depositantes.

Reflexionemos sobre esto un momento. Con excepción de sus dos mayores bancos -BBVA y Santander-, el sistema bancario de España está quebrado, incluso después de pequeñas recapitalizaciones recientemente acordadas. La burbuja inmobiliaria ha dejado de ser el principal problema, pero es probable que la depresión en curso permanezca durante la mayor parte de la década, considerando las políticas actuales.

La consecuencia lógica de lo dicho por Dijsselbloem y de la realidad de austeridad y de una unión bancaria deficiente es un rescate interno futuro de tenedores de bonos y depositantes de bancos españoles.

El problema es que incluso los depósitos asegurados no estarán protegidos entonces. Observa lo que sucede en Chipre, donde los controles de capital afectan a los depósitos pequeños y grandes por igual. Yo esperaría que esto ocurriera en España también. Teniendo en cuenta la política establecida, es lógicamente irracional para cualquier ahorrador español mantener incluso pequeñas cantidades de ahorros en el sistema bancario español. No hay manera de que el Estado español pueda garantizar el sistema sin caer en impago él mismo.

La consecuencia es que eventualmente también para España se volverá económicamente racional abandonar la zona euro. El mejor momento sería el punto en que el país logre un equilibrio fiscal antes del pago de intereses de la deuda.

Lo mismo aplica también para Grecia, donde el crecimiento económico sigue sin alcanzar los supuestos subyacentes en el análisis de sostenibilidad de la deuda oficial. En ausencia de la voluntad por parte de los países acreedores para acordar otro programa de refinanciamiento de deuda, se vuelve a la misma rutina: más rescates internos, incluyendo a los depositantes bancarios griegos.

¿Y qué pasa con Italia? La deuda del sector público, que se acerca a 130% del Producto Interno Bruto, es sostenible si el país se las arregla para volver a tasas de crecimiento económico de 2%. Con un crecimiento de sólo un poco más de cero en los últimos 15 años, no está claro qué puede hacer un gobierno para lograr ese cambio. Se requerirían grandes ajustes salariales a la baja en el sector privado, y aumentos de eficiencia en el sector público.

El próximo gobierno de Italia tendría que enfrentarse a los intereses particulares de forma similar a lo que ocurrió en Reino Unido a principios de 1980. Si el estancamiento político no logra ser resuelto para lograr este efecto, la sociedad italiana se encaminará a una elección directa entre un impago dentro de la zona euro o a una salida de este grupo.

La primera de estas opciones sería muy tóxica, especialmente para los depositantes. Si le crees a Dijsselbloem, como yo, entonces sería racional que todo habitante del sur de Europa saque su dinero de su país y lo deposite fuera de la zona euro.

En un entorno en el que los países acreedores se niegan a una unión bancaria genuina, los contras para un argumento económico a favor de dejar la zona euro son sorprendentemente bajos. Por supuesto, la economía podría no ser ser el criterio principal de la decisión de un país. En el corto plazo, es posible que la política triunfe sobre la economía. Pero a la larga, no es posible operar una unión monetaria en contra de toda lógica económica.

*El autor es editor asociado y columnista del Financial Times

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