OPINIÓN: El futuro de las alianzas 'heredadas' por Chávez a Venezuela

Con la muerte de Chávez, es probable que el panorama político y económico de América Latina cambie radicalmente
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Por: Eduardo J. Gómez, especial para CNN
Autor: Eduardo J. Gómez, especial para CNN | Otra fuente: 1
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Nota del editor: Eduardo J. Gómez es profesor asistente del Departamento de Administración y Políticas Públicas de la Universidad Rutgers, en Camden.

(CNN) En el funeral del presidente venezolano, Hugo Chávez, su buen amigo Mahmud Ahmadineyad, presidente de Irán, fue fotografiado mientras abrazaba a la afligida madre de Chávez, como muestra de compasión y apoyo.

En Teherán, los diarios y los políticos conservadores inmediatamente arremetieron contra Ahmadineyad e hicieron referencia a la norma religiosa que prohíbe tocar a una mujer que no sea su esposa o su pariente.

Aunque la teología es un factor, la reacción de Teherán podría tener un significado más profundo: que ya no es aceptable apoyar a Chávez, a su familia y a sus aliados políticos y que esta alianza, al igual que las otras que Chávez cultivó, podría estar en riesgo.

Chávez se esforzó mucho para entablar una amistad con Irán y para construir una alianza con otros Estados latinoamericanos, esfuerzo que estuvo motivado en parte por la oposición al papel internacional que juega Estados Unidos.

La muerte de Chávez, ciertamente, está cambiando los cálculos políticos en Venezuela, pero ¿provocará acaso un cambio importante que provoque la realineación de gran parte de Latinoamérica y que se vean afectadas las actitudes y las relaciones con Estados Unidos?

La respuesta probablemente será "sí".

Para empezar, el grupo de naciones que anteriormente se opusieron a Estados Unidos en la alianza izquierdista de Chávez —la Alianza Bolivariana de los Pueblos de Nuestra América, conocida como la ALBA e integrada por Venezuela, Cuba, Ecuador, Nicaragua y Bolivia— bien podría marchitarse debido a la persistente recesión que vive Venezuela y a que los miembros de la alianza temen que ya no contarán con el respaldo económico de Venezuela. Cuando se combine esto con los reportes en los que se afirma que Chávez deseaba fortalecer los lazos con el gobierno de Obama, la hostilidad regional en contra de Estados Unidos podría disminuir.

Desde que asumió el poder en 1999, Chávez consideró a Washington como una fuerza opresora que manipula la política latinoamericana mientras impide el desarrollo de la región a través de la dependencia a los recursos estadounidenses. En respuesta, Chávez se acercó a los líderes que tienen ideologías similares para construir una coalición que desafiara la influencia de Estados Unidos en la región.

Para el 2005, Bolivia, Nicaragua, Cuba, Honduras y Ecuador se unieron a la coalición de Chávez, lo que llevó a la formación de la ALBA, que fue la alternativa al Acuerdo de Libre Comercio de las Américas, y se enfocaba explícitamente en la reducción de la pobreza, al tiempo que facilitaba la unificación de estas naciones a través de sus posturas antiestadounidenses.

Ahora que Chávez se ha ido, probablemente no haya nadie que tenga la influencia para seguir financiando a esta alianza. El país que más aporta a la ALBA es Venezuela, que contribuye con millones de dólares en asistencia para sus miembros y con petróleo a precios bajos. Sin embargo, los venezolanos podrían creer que con la persistente pobreza e inequidad, las necesidades de su país son más importantes que las del pequeño club de naciones de Chávez.

Esta situación preocupa a los miembros del ALBA. De acuerdo con Cynthia Arnson, del Centro Internacional Woodrow Wilson, aunque Bolivia y Ecuador son países ricos y no dependen económicamente de Venezuela, no es el caso de Cuba y Nicaragua.

Cuba recibe cerca de 100,000 barriles de petróleo venezolano al día; Cuba tuvo ingresos de 20,000 de dólares por comercio exterior, de los que Venezuela aportó 8,300 millones. Chávez pagó anualmente cerca de 6,000 millones de dólares a cambio de los servicios de 40,000 médicos y enfermeras cubanas, según Reuters.

Los ciudadanos cubanos temen que con la muerte de Chávez regresen los días de la recesión que siguió a la Guerra Fría, cuando Rusia retiró paulatinamente su financiamiento a Cuba. Por otro lado, Nicaragua ha recibido aproximadamente 500 millones de dólares al año en créditos petroleros y préstamos, cantidad que ascendió a 609 millones de dólares en 2011, mientras que las ganancias que produjo la exportación de productos agrícolas hacia Venezuela aumentó de 2 millones de dólares en 2006 a 300 millones en 2011.

Sin embargo, los miembros de la alianza saben que tienen opciones. El ministro de Economía de Nicaragua, Bayardo Arce, declaró recientemente que era el momento de diversificar las relaciones económicas con China, Europa y Estados Unidos, principalmente porque Nicaragua "tiene que tener presente que la ALBA no durará por siempre". Cuba también podría buscar fortalecer sus relaciones con Brasil, su segundo socio comercial en la región. De hecho, ambos gobiernos ya planean desarrollar varios proyectos comerciales y de infraestructura y están incrementando las transacciones comerciales, principalmente las exportaciones de azúcar.

Ecuador y Nicaragua están trabajando más de cerca con Brasil para ayudar a construir plantas de energía hidroeléctrica e industrias químicas, respectivamente. Además de las altas tasas de crecimiento económico, la presidente de Brasil, Dilma Rouseff, se comprometió políticamente con los pobres y mejoró el control de los sectores económicos estratégicos, como el petróleo, para presentar un modelo izquierdista más atractivo.

En los últimos años, Chávez también estuvo interesado en mejorar las relaciones con Estados Unidos. Para él, la reelección de Obama era una oportunidad para fortalecer los lazos diplomáticos. En una ocasión, Chávez comentó: "Desearía que pudiéramos iniciar un nuevo periodo de relaciones normales". Chávez estaba tan comprometido con su labor, que incluso cuando estaba hospitalizado en Cuba autorizó a su segundo al mando, el vicepresidente Nicolás Maduro, a que iniciara negociaciones con el departamento de Estado de Estados Unidos.

Aunque aparentemente Maduro tendrá dificultades para trabajar con Estados Unidos después de acusar a Estados Unidos de tramar conspiraciones en contra de Venezuela y de la reciente expulsión de unos diplomáticos estadounidenses, una decisión que muy probablemente tenía por objeto ganar la confianza de los simpatizantes políticos de Chávez y asegurar la posición de Maduro como nuevo presidente.

Los funcionarios diplomáticos estadounidenses creen que Maduro es una persona pragmática; el que haya apoyado la construcción de lazos más estrechos con Estados Unidos el año pasado indica que esta tendencia persistirá, especialmente a la luz de los problemas económicos de Venezuela y de la necesidad de incrementar los ingresos a través del comercio.

La muerte de Chávez debería motivar a Estados Unidos a buscar una nueva sociedad con Venezuela. Primero, el secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, debería reabrir la embajada estadounidense en Caracas, que ha estado cerrada desde 2010, y asignar diplomáticos comprometidos a lograr un diálogo pacífico y una cooperación política y económica.

En segundo lugar, Kerry debería aprovechar esta oportunidad para fortalecer la cooperación en temas que ofrecerían beneficios mutuos en los sectores de seguridad nacional y economía, como el combate a los narcóticos, el contraterrorismo y el apoyo al comercio petrolero: actualmente, Estados Unidos importa poco menos de un millón de barriles de petróleo venezolano al día.

Sin embargo, Estados Unidos también debería considerar que esta es una oportunidad para fortalecer sus lazos con otras naciones, como Cuba. Como probablemente Cuba reciba menos asistencia de Venezuela,  Raúl Castro podría considerar impulsar las negociaciones con el gobierno de Obama relativas al embargo estadounidense, los derechos humanos y la liberación de prisioneros estadounidenses, como Alan Gross.

Chávez se ha ido, pero el compromiso de Estados Unidos con una relación democrática pacífica persiste. A partir de ahora, Estados Unidos debería explorar formas de fortalecer sus lazos con Venezuela y otras naciones latinoamericanas.

Sin embargo, no es el único camino: en Venezuela, Maduro necesitará encontrar formas de fortalecer los lazos de su gobierno con Estados Unidos, lo que podría ser complicado si pretende conservar las buenas relaciones de su gobierno con Irán, especialmente después de que Ahmadineyad deje la presidencia.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Eduardo J. Gómez.

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