Estados Unidos, ¿mejor que Alemania?

Pese a las advertencias sobre su déficit de 16.8 bdd, el país no corre peligro, opina Dan McCrum; el alza de las tasas de interés afectará a los inversores, pero no generará una crisis, afirma.
estados unidos bandera  (Foto: Photos to go)
Dan McCrum
Financial Times -

Si dedica un momento a escuchar las advertencias estridentes sobre el déficit de Estados Unidos, la posibilidad de una inflación rampante o una montaña de compromisos con una población que está envejeciendo, el oyente casual podría pensar que Estados Unidos enfrenta un desastre de deuda similar al de Grecia.

Pero de hecho, Estados Unidos está justo como la sólida y sobria Alemania, sólo que mejor. No sólo porque los descendientes de inmigrantes alemanes son el mayor bloque étnico en el país (por encima de los irlandeses-americanos). Si no principalmente porque un análisis tranquilo de las finanzas de Estados Unidos sugiere que hay poco de qué preocuparse.

Comencemos con el tamaño de la deuda federal estadounidense. Las alarmas de deuda diseñadas para alertar a la opinión pública estadounidense sobre sus crecientes pasivos utilizan la cifra bruta de 16.8 billones de dólares. Ése es el total que periódicamente asciende por encima del techo de deuda fijado por el Congreso.

Si es juzgado contra el tamaño de la economía de Estados Unidos, ese montón de deuda bruta luce cercano a los niveles de endeudamiento de Grecia, equivalente a un peso de 111% del Producto Interno Bruto.

Sin embargo, el mayor tenedor esa deuda no es China, como se suele pensar, es el propio gobierno de Estados Unidos. El fideicomiso de seguridad social posee 4.8 billones de dólares de la deuda federal, un movimiento de dinero de un departamento a otro.

Así que la deuda total en poder del público es en realidad de 12 billones de dólares, según la Oficina de Deuda Pública. Pero esto también incluye los 1.8 billones de dólares en poder de la Reserva Federal, controlada de forma independiente tal vez, pero que sigue siendo una rama del gobierno.

Incluso si la Fed permite a sus tenencias madurar, solicitando eventualmente su devolución, parece seguro asumir que el banco central, como un propietario benigno de la deuda estadounidense, probablemente no venderá súbitamente.

Si restamos las tenencias de la Fed, la deuda federal se reduce a 10.2 billones de dólares, o 68% del PIB. En Alemania, el baluarte financiero y supuesto refugio de la zona euro, la deuda pública era del 80.5% de la economía a finales del año pasado.

Ahora bien, Alemania fabrica mejores coches, pero su feroz máquina exportadora podría considerarse una debilidad cuando las economías de sus clientes en Europa están en problemas.

Estados Unidos, en comparación, es dueña de su propio destino: las exportaciones representan sólo el 15% de la producción económica y, por supuesto, Estados Unidos se endeuda en su propia moneda.

Sí, la población está envejeciendo, y el valor de décadas en gastos médicos y pensiones puede añadirse al temible total. Pero ésta es una cuestión a largo plazo y concierne a pagos entre estadounidenses que posiblemente requerirán de dolorosas resoluciones políticas; la inminente incapacidad para efectuar los pagos de bonos no los requerirá.

Entonces, ¿qué pasa con los costos de interés? El costo en el año fiscal 2012 fue de 359,000 millones de dólares, el más bajo desde 2006, debido al bajo nivel de las tasas de interés y la tasa de interés promedio de la deuda comercial de Estados Unidos que ahora es de sólo 2%.

Las tasas de interés eventualmente se elevarán. La Reserva Federal estima que las tasas de interés a 10 años están alrededor de 80 puntos básicos por debajo de donde estarían naturalmente y BlackRock coloca la cifra en alrededor de 100 puntos básicos. Si consideramos este factor, los costos anuales de interés saltarán en quizás 50% o 180,000 millones de dólares.

Lo que hay que recordar es que el aumento de las tasas de interés no aparecerá de la nada. Se producirá debido a que la economía está mejorando, elevando los ingresos fiscales. Pagar el costo del interés adicional hará que las negociaciones presupuestarias sean más difíciles, pero no empujarán a las finanzas de Estados Unidos a ningún tipo de crisis.

Las tasas más altas provocarán algunas molestias y perturbaciones en el mercado de bonos. A estos bajos niveles, un aumento de 100 puntos básicos implicaría pérdidas de capital de alrededor del 9% para los tenedores de bonos del Tesoro a 10 años.

Sin embargo, eso no es más que un argumento para educar a los inversores de que el ambiente es menos favorable de lo que ha sido durante la mayor parte de los últimos 30 años y para sugerir que deberían favorecer bonos a más corto plazo.

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Por ejemplo, de 1956 a 1981, el rendimiento de los bonos a cinco años del Tesoro se movió constantemente hacia arriba, de 3% a 14%. El aumento en los rendimientos presionó hacia abajo los precios de los bonos, pero entonces los flujos de efectivo fueron reinvertidos a mayores rendimientos. Gerstein Fisher calcula que la rentabilidad promedio anual para los bonos del Tesoro a cinco años durante ese período fue de alrededor del 5%.

Los inversores en bonos enfrentan un futuro moderadamente menos favorable. Pero eso está muy lejos de ser un desastre.

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