Reformas para ‘someter a los gigantes’

México debe romper con las barreras para entrar a sus mercados, dice Miguel Flores Bernés; en 20 años la economía ha cambiado, pero no al ritmo que debería, afirma.
Pesos billetes dinero  (Foto: Getty)
Miguel Flores Bernés*
CIUDAD DE MÉXICO (CNNExpansión) -

Daron Acemoglu en su libro Why Nations Fail: The Origins of Power, Prosperity, and Poverty, ha dicho que las barreras de entrada para un empresario mexicano juegan un papel decisivo en su éxito o fracaso. Estas barreras pueden ser insuperables -lo que impedirá entrar a mercados lucrativos- o pueden ser un gran aliado, evitando la entrada de los competidores de empresas ya establecidas.

La diferencia claramente está en las personas que se conocen, las personas a las que se puede influir, y sí, desafortunadamente, también en las personas cuyas voluntades se pueden comprar.  Este pasaje es duro, muy difícil de leer.

Pero, ¿por qué hay tantas barreras para entrar a los mercados en México? Sin duda,  hay razones históricas, la economía no inició su apertura sino hasta 1992, con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Antes, el sistema de sustitución de importaciones, los monopolios públicos y la fijación de precios, mediante acuerdos entre empresas competidoras y el gobierno, eran la regla casi generalizada.

En 20 años la economía ha cambiado, pero no al ritmo que debería y romper las inercias del pasado ha sido un gran reto. Los que más sufren la falta de competencia son los consumidores de menores ingresos, son los que pagan más caras las llamadas de telefonía móvil, las tortillas, el pollo, los materiales de construcción, el gas, los refrescos, el transporte público, la energía y las medicinas.

Ante ese panorama, el anuncio de reformas constitucionales fue recibido con esperanza, como una oportunidad histórica para cambiar las cosas, pero sobretodo como una señal para someter a los gigantes.  Estimo que lo mejor de esta reforma es esa señal, cambiar la Constitución es el mensaje más fuerte que pueden hacer un grupo de políticos. Ahora bien, intentemos evaluar en sus méritos la propuesta, afrontando a aquellos que no quieren que alguien ose sugerir algo diferente a que la reforma es perfecta.

Sin estar de acuerdo con la propuesta de dotar de autonomía constitucional a la autoridad de competencia -pues no hay un solo estudio que la avale- hay que reconocer como algo positivo que el nuevo órgano podrá emitir su estatuto orgánico; y que las facultades de investigación y de resolución quedarán debidamente divididas al interior de este organismo, fortaleciendo el sistema de "balances y contrapesos".

En cuanto a la apertura de mercados en telecomunicaciones y radiodifusión, es muy buena noticia la apertura en inversión extranjera (hasta 100% en telecomunicaciones), aunque considero que no debería exigirse reciprocidad en el caso de radiodifusión que sólo se abre al 49% de participación. El que las televisoras deban cumplir con el must offer (deber de ofrecer canales de tv abierta a operadores de TV restringida) y must carry (deber de transmitir canales de TV abierta por parte de operadores de TV restringida) de forma gratuita y obligatoria también generará competencia. El nuevo órgano regulador de las telecomunicaciones podrá decidir de forma independiente y será el único que en definitiva otorgará concesiones, si bien no me parece adecuada la opinión del secretario de SCT en ese proceso, hay un gran avance regulatorio.

Es meritorio el que se busquen formas para que -en el corto plazo- se declare a agentes dominantes en los mercados de telecomunicaciones y radiodifusión (y se les imponga regulación asimétrica), aunque los criterios para declarar agentes dominantes (50% del mercado) no se complementan con pruebas que acredite que pueden fijar precio y abasto, sin que otros competidores puedan contrarrestar dicho poder. Para el mercado de Radiodifusión, es bueno el que se ordene la licitación de nuevas cadenas de televisión abierta y se fije un plazo para el apagón digital. También será positivo que se emita un ordenamiento único en estos sectores y se homologuen las concesiones para que se facilite una convergencia plena.

En materia de procedimientos es excelente noticia que, contra las resoluciones definitivas de las nuevas autoridades de competencia y telecomunicaciones, sólo proceda el amparo indirecto, pero parece exagerado limitar la suspensión, sobre todo si la nueva ley de amparo ya la limitaba para el caso de concesionarios.

Lo negativo de la reforma sería que el Ifetel asuma las funciones de competencia económica (perseguir prácticas monopólicas y autorización de fusiones y adquisiciones) en telecomunicaciones y radiodifusión.

El Ifetel comenzaría de cero, sin experiencia y se desperdiciarían 20 años de evolución del órgano de competencia mexicano, además de que se elevaría el riesgo de captura del regulador. Tampoco es recomendable que se considere legislar nuevos delitos en materia de competencia económica, distintos a los incorporados en la reforma de 2011, que penalizaba los acuerdos entre competidores para elevar precios y reducir el abasto, pues se corre el riesgo de criminalizar prácticas comerciales normales como exclusividades o ventas atadas, que pueden ser sancionables administrativamente, pero no penalmente.

Por otro lado, las nuevas facultades de los dos nuevos órganos para ordenar desincorporaciones de activos y declarar insumos esenciales -sin guía para los reguladores- generan dudas. Estas dudas podrían disiparse si la legislación secundaría crea procedimientos adecuados que ordenen estudios de mercado y de costo-beneficio antes de aplicar ese tipo de medidas.

También se debe señalar que los plazos para el cumplimiento de obligaciones por parte del Ifetel y el Congreso son muy cortos y que no es clara la forma en que se dará la transición entre los Plenos de la CFC y Cofetel a los nuevos órganos, por lo que se requerirá también guía legislativa al respecto.

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La reforma está aquí y se va a dar, aprovechemos estos últimos momentos para tratar de mejorarla; y, si no se puede, aprovechemos la discusión de la legislación secundaria para interpretarla de forma que funcione y no cree problemas sino soluciones. Aprovechemos el mensaje, aprovechemos el momento para mejorar.  Lo que deseo al final del día es que los mexicanos muy pronto podamos decirle al señor Acemoglu que no tiene razón y que las cosas, ahora sí, ya cambiaron.

*Comisionado en  la Comisión Federal de Competencia (CFC).

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