OPINIÓN: La UNAM, con razón, inteligencia y respeto, contra la demagogia

La autonomía en la Universidad Nacional se refiere a la cátedra y a sus decisiones académicas
Toma de rectoría 1
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Autor: María Teresa Uriarte | Otra fuente: 1

Nota del editor: María Teresa Uriarte es la coordinadora de la Coordinación de Difusión Cultural de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Sigue la cuenta de twitter: @UNAM_MX

(CNNMéxico) Si se realizara un análisis totalmente objetivo y sin tintes partidarios de lo que sucede en México con relación al respeto a la ley, los resultados, me temo, serían muy desalentadores.

En México prácticamente no existe el respeto a la ley, probablemente debido a los excesos cometidos por partidos, banqueros, políticos, financieros y muchos ciudadanos más, quienes nunca padecieron consecuencia alguna por sus delitos. La impunidad es la madre de la mayoría de nuestros males.

Para cualquier observador —nacional o extranjero— resulta muy difícil entender que los profesores se rehúsen a ser evaluados, como igualmente es incomprensible que un grupo ejerza la violencia extrema y rocíe con gasolina a una persona y le prenda fuego, destroce inmuebles o agreda a ciudadanos, y que no pase nada.

"La Ley es dura, pero es la Ley", dice un adagio latino.

En México la aplicación de la ley se negocia o se descalifica a través de un diálogo majadero, irrespetuoso y chantajista. 'O me das lo que quiero o te hago una marcha', 'te denuncio en la prensa', 'te tomo la carretera', o 'me aposento en la Rectoría de la UNAM...'.

No se puede pedir tolerancia cuando lo que impera es la violencia. No se puede pedir diálogo cuando yo impongo las condiciones y solo si haces lo que quiero, acepto tu decisión.

Desde su reinicio en el siglo XX, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) ha sido un espejo fiel de lo que sucede en el país, y sus sinsabores y problemas se generaron por causas, en  general, vinculadas con problemas sociales o políticos que aquejaban a México. Ha sido también el proyecto educativo y de investigación más importante del siglo pasado, y lo sigue siendo.

¿Qué puede hacer la UNAM ante la toma de sus instalaciones?

Desde mi punto de vista, aplicar la ley, pero me parece que esta opinión solo es compartida por más o menos la mitad de la población "porque se agrede la autonomía" y así como "perderemos la soberanía nacional" si la empresa privada —Petróleos Mexicanos (Pemex)— realiza acciones dentro del sector petrolero, la UNAM, ¿perdería su autonomía? ¿se privatizaría?

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El rector de la UNAM, el Doctor José Narro, ha sido totalmente claro y lo ha reiterado sin cesar: la educación debe ser pública, gratuita y de calidad.

Seamos objetivos. La autonomía en la UNAM se refiere a la cátedra y a sus decisiones académicas.

Quiere decir que si yo enseño en mi clase de Arte prehispánico en Mesoamérica que las cabezas olmecas las hicieron los extraterrestres, el descrédito sería mío, pero lo puedo decir.

Si decido que mi programa incluya unas clases de hip hop para que mis alumnos se abran a las manifestaciones de todos los tiempos y todos los lugares, la responsabilidad sería mía, no de la UNAM.

Eso es la autonomía, porque la autonomía no quiere decir extra-territorialidad.

¿Acaso la autonomía me da derecho a violar la ley? La respuesta debe ser NO.

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¿De qué manera enseñamos ética? ¿De qué forma inculcamos valores?

Primero, con el ejemplo. Con funcionarios que cumplan y hagan cumplir la ley; con profesores que firmen la lista de asistencia y den sus clases, con alumnos que asistan y sean evaluados por sus resultados académicos y por sus acciones.

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De lo contrario, el país, la Universidad de México, las universidades, sus académicos, trabajadores y estudiantes, no tenemos esperanzas, porque ahí está radicada la esperanza.

Ningún futuro podrá construirse sin respeto a la ley, sin educación, sin cultura, y la autonomía no puede ser el escudo para el vandalismo y la delincuencia.

La UNAM solo se puede defender en la razón, la inteligencia y el respeto, esas son nuestras armas. Lo demás, se llama demagogia.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a María Teresa Uriarte.

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