¿Debemos alarmarnos por el superpeso?

México está mejor preparado que en 1994 para tener una divisa fortalecida, dice Marco Oviedo; la agenda de reformas del gobierno hacen prever que el peso se mantendrá en sus niveles actuales.
peso monedas  (Foto: Thinkstock)
Marco Oviedo*
CIUDAD DE MÉXICO (CNNExpansión) -

Durante marzo el peso mexicano se apreció 3.5% al cerrar en cifras cercanas a 12.30 pesos por dólar después de haber registrado un promedio de 13.2 pesos por dólar en 2012. Hay diversos factores que han contribuido a que la moneda nacional se haya fortalecido de manera rápida y que los activos mexicanos sean de amplia preferencia entre los inversionistas alrededor del mundo.

Existen factores externos que se han traducido en una menor aversión al riesgo en los mercados financieros internacionales. En primer lugar, el riesgo de un evento catastrófico en Europa es mucho menor ahora que el Banco Central Europeo ha implementado mecanismos para controlar las primas de riesgo de las naciones con problemas fiscales. Por otro lado, en Estados Unidos, si bien el ajuste fiscal se está llevando a cabo de manera desordenada y bajo mucha incertidumbre política, el sector privado muestra signos de recuperación y los estragos de la crisis parecen desvanecerse.

Por otro lado, en México las condiciones macroeconómicas son envidiables: finanzas públicas sanas, inflación baja y relativamente estable, un banco central autónomo y con poca intervención, y crecimiento económico, si bien no extraordinario, sí por encima del crecimiento potencial y alrededor del 4% anual.

El mercado de deuda soberano, así como los activos que se cotizan en la Bolsa Mexicana de Valores,  han sido el refugio predilecto para inversionistas que buscan un rendimiento alto con bajo riesgo. Solamente en 2012 ingresaron al país cerca de 56,000 millones de dólares y por lo que ya suman 105,000 millones de dólares en los últimos 3 años.

Estas cifras adquieren un carácter espectacular si se comparan con el flujo promedio anual observado durante el periodo 1994-2009, el cual fue de apenas 1,900 millones de dólares. En 2013, los flujos se desaceleraron, principalmente en el mercado de deuda, pero siguen siendo de una magnitud considerable: hasta el 15 de marzo, han ingresado al país cerca de 14,000 millones de dólares a los bonos de deuda gubernamentales.

Existen algunas voces que comienzan a preguntarse si esta situación es sostenible y si debemos preocuparnos por esta tendencia. ¿Es 1994 otra vez? ¿Se está gestando otra crisis? Hay múltiples razones por la cual no debemos alarmarnos.

En primer lugar, la entrada de capitales no se ha reflejado en una apreciación real del tipo de cambio que implique un desbalance en las cuentas externas. En 2012, el déficit de cuenta corriente fue apenas 0.8% del PIB, mientras que éste déficit fue de 6% del PIB en 1994. Por otro lado, las inversiones de los extranjeros están denominadas en pesos en un contexto donde el tipo de cambio es flexible, mientras que en 1994 la deuda de corto plazo estaba denominada en dólares con mínimas reservas internacionales y tipo de cambio fijo.

Hoy en día, una salida de capitales se reflejaría en una depreciación acelerada del peso, y en la medida en que esta salida de capitales se motive por eventos ajenos a la economía mexicana, por ejemplo un alza de tasas de interés en Estados Unidos, el tipo de cambio flexible evita que se genere una salida masiva toda vez que algunos inversionistas querrán topar pérdidas y otros decidirán adquirir los activos en esos niveles de tipo de cambio (peso barato). Por otro lado,  hemos observado recientemente, que cuando los extranjeros desean deshacer posiciones en bonos, las Afores son las que entran al mercado aprovechando los precios, limitando movimientos bruscos en las tasas de interés.

En este contexto, los flujos de capital seguirán entrando al país. La promesa de reformas estructurales mantiene las expectativas de crecimiento en un nivel elevado. Si el resultado de las negociaciones del Pacto por México resulta en una reforma energética que mejore la competitividad del país e incremente la inversión en el sector, o una reforma fiscal que reduzca la dependencia de las finanzas públicas a los ingresos petroleros, asegurando su sostenibilidad, el peso seguirá ganado terreno.

Más aún, si el resultado de esta agenda implica un incremento en el crecimiento potencial del país y de la productividad de la economía, estaríamos frente a la posibilidad de una apreciación estructural del peso. La moneda podría fortalecerse de manera sostenida y sin poner en riesgo la competitividad. Por el contrario, reformas débiles y decepcionantes podrían también reducir el entusiasmo de extranjeros, por lo que el súper peso podría desinflarse y regresar, quizás, a los niveles observados en 2012.

Por ahora, todo indica que las fuerzas políticas avanzan y empujan una agenda ambiciosa. Por esta razón, creemos que el superpeso podría llegar para quedarse.

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*Economista en jefe de Barclays para México.


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