OPINIÓN: ¿Por qué la reina Isabel no abdicará como lo hizo Beatriz?

La monarquía británica sobresale como una de esas singulares instituciones en las que se permite el envejecimiento
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Arianne Chernock, especial para CNN
Autor: Arianne Chernock, especial para CNN | Otra fuente: 1
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Nota del editor: Arianne Chernock es profesora asistente de Historia Británica Moderna en la Universidad de Boston y actualmente trabaja en un libro titulado: La reina y yo: el derecho a reinar y los derechos de las mujeres en la Gran Bretaña victoriana.

(CNN) — La reina Beatriz de Holanda, de 75 años, abdicó este martes en favor de su hijo mayor, el príncipe Guillermo Alejandro, de 45 años.

Al explicar su decisión a sus súbditos, dijo: "No me voy porque el cargo sea demasiado gravoso para mí, sino porque la responsabilidad por este país debería estar en manos de una nueva generación".

Algunas personas se preguntan por qué la octagenaria reina Isabel II de Inglaterra no ha hecho una concesión semejante a la juventud. Sin embargo, la monarquía británica moderna se basa en principios muy diferentes. A pesar de que muchos británicos disfrutarían de un cambio de ritmo en el castillo de Windsor, algo más rápido y fresco, la monarquía británica no se basa en la novedad. Se basa en mantener el curso, en la decisión y en la perseverancia.

En una cultura como la nuestra, en la que se valora la juventud y la belleza, la monarquía británica sobresale como una de esas singulares instituciones en las que se permite el envejecimiento —con todas sus complicaciones y humillaciones—y se espera que se lleve a cabo a la vista de todos.

Esto no tiene nada que ver con lo que ocurre en Holanda, en donde la abdicación parece ser la norma. La madre de Beatriz, la reina Juliana, abdicó al trono en 1980 a la edad de 70 años. La madre de Juliana, Guillermina, abdicó en 1948, a los 68 años. En Gran Bretaña, la decisión que en 1936 tomó Eduardo VIII para poder casarse con la estadounidense divorciada, Wallis Simpson, sigue siendo la excepción y no la regla en la Casa de Windsor.

Piensen en el rey Jorge III, quien reinó desde 1760 hasta su muerte en 1820, a los 81 años. A partir de 1788, el rey sufrió ataques periódicos de una probable porfiria, un trastorno metabólico que afecta al sistema nervioso. Para 1810 ya estaba demente permanentemente. Ciego y enfermo, Jorge III pasó los últimos 10 años de su reinado tambaleándose por el castillo de Windsor. Claro que su hijo, el futuro Jorge IV, fungió como regente durante gran parte de esta difícil etapa.

La reina Victoria, la nieta de Jorge III, reinó desde 1837 hasta su muerte en 1901; tenía 81 años y había padecido varias enfermedades durante sus últimos años, como pérdida de la vista, insomnio y reumatismo. Sin embargo, ambos monarcas tal vez fueron más populares que nunca durante su vejez.

Jorge III sobrevivió a la pérdida de las colonias americanas y a los escándalos acerca de su supuesta locura y se ganó la lealtad intensa de la mayoría de sus súbditos. Tras su Jubileo de Oro, ceremonia con la que se marcó el 50 aniversario de su reinado en 1809, el diario The London Times proclamó orgullosamente que toda clase de personas "celebraron el evento en la gran metrópoli de la forma que lo merecían un rey venerable y anciano y una nación leal e iluminada”.

La reina Victoria superó el escepticismo que sus capacidades despertaron en un principio —y a la drástica disminución de su popularidad en la década de 1860, cuando se retiró de la vista pública para llorar la muerte de su esposo, el príncipe Alberto— y se volvió la "Gran Reina Blanca" y la "Abuela de Europa".

Durante su Jubileo de Diamante, en 1897, Victoria fue celebrada como nunca se había celebrado a un soberano. Tal vez solo pudo ofrecer un débil saludo desde su carruaje mientras pasaba frente a las hordas de simpatizantes en su camino a la Catedral de San Pablo, pero su peso simbólico no podía exagerarse.

La monarca británica actual sigue los pasos de sus predecesores. Cuando durante un viaje en Kenia, en febrero de 1952, la joven Isabel se enteró de que su padre, Jorge VI, había muerto, se apresuró a regresar a casa a sabiendas de que el título que acababa de heredar sería suyo hasta la muerte.

"A causa de la súbita muerte de mi querido padre me veo obligada a asumir los deberes y responsabilidades de un soberano", explicó la reina de 25 años a sus consejeros de estado en Londres.

"Estoy profundamente conmovida y hoy solo puedo decirles que trabajaré siempre, como lo hizo mi padre durante su reinado, para llevar a la felicidad y a la prosperidad a mis pueblos, que están esparcidos por todo el mundo".

Cuando Isabel dijo "trabajaré siempre", lo dijo en serio. Sesenta años después, a los 86 años, la reina mantiene un itinerario activo y es benefactora de más de 600 beneficencias y organizaciones.

A este hecho hay que agregar que el reinado de Isabel, al igual que el de sus predecesores, parece haber mejorado con el tiempo, al menos si se mide según los índices de aprobación pública: en mayo, poco después del Jubileo de Diamante de la reina, la empresa de investigaciones de mercado Ipsos MORI determinó que el apoyo a la monarca entre los adultos de Gran Bretaña estaba en un máximo histórico y no hay razones que nos hagan pensar que Isabel dejará su puesto pronto.

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Aunque el príncipe Carlos y el príncipe William se cansen de esperar tras bambalinas, bien podría celebrarse un Jubileo de Platino en 2022.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Arianne Chernock.

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