OPINIÓN: Obama y sus problemas para que se aprueben reformas en EU

El presidente de EU no ha podido concretar buena parte de sus propuestas debido a factores ajenos a su capacidad como político
barack-obama  (Foto: Reuters)
Autor: Julian Zelizer | Otra fuente: 1

Nota del Editor: Julian Zelizer es profesor de historia y asuntos públicos en la Universidad de Princeton. Es autor de Jimmy Carter y Gobernando a EU.

(CNN)  — El presidente Barack Obama tiene momentos difíciles.

La derrota de la legislación sobre el control de armas fue devastadora. A pesar del fuerte apoyo de la gente a regulaciones más estrictas y el respaldo de una coalición bipartidista, un intenso ataque por parte de los grupos de cabildeo de las armas convencieron lo suficiente a los senadores a dar por terminado el tema de la legislación. Quienes apoyaban la iniciativa no pudieron encontrar a los 60 senadores que eran necesarios para acabar con las maniobras que la obstruían.

Uno pensaría que la horrible tragedia de Newtown, Connecticut, en la que 20 niños y seis adultos fueron asesinados a tiros en la primaria Sandy Hook, sería suficiente para hacer que los legisladores impusieran algunas normas, como una verificación más estricta de los antecedentes. Sin embargo, eso no fue suficiente.

Ahora el presidente enfrenta otro reto con la reforma inmigratoria. Un grupo bipartidista en el Senado, encabezado por Charles Schumer y Marco Rubio, ha montado un proyecto de ley de inmigración que incluye una vía de legalización para los 11 millones de inmigrantes indocumentados de ese país y un control más estricto de las fronteras . Parece ser que la iniciativa tiene posibilidades de ser aprobada por el Senado.

Pero, ¿echarán para atrás el acuerdo los republicanos?

Inmediatamente después de que el Congreso desechó la legislación del control de armas, los críticos comenzaron a señalar los titubeos del presidente en torcer los brazos y depender de los miembros del Congreso. En lo que se ha vuelto un refrán familiar entre la gente, Obama no era Lyndon Johnson.

Sin embargo, los problemas de Obama tienen mucho más que ver con la manera en que funciona el gobierno que con su habilidad, o su falta de ella, al trabajar en Capitol Hill.

Se pone demasiado énfasis en el pequeño retrato de lo que hace o deja de hacer en sus interacciones personales con el Congreso, o su "mensajería". En realidad, no es tanto asunto de él, sino del gobierno.

Obama entendió esta situación cuando compitió por la presidencia en 2008. Constantemente habló sobre la necesidad de reformar el gobierno y la forma en que nuestros procesos políticos obstaculizan la capacidad del Congreso y del presidente para tomar decisiones.

Sin embargo, una vez ya como presidente, Obama puso el tema de la reforma en un segundo plano. Decidió enfocarse en los retos de política que venían en lo inmediato, y por lo general descartó la idea de que tuviera grandes posibilidades de hacer que el gobierno funcionara mejor. En ciertos casos, como en el de la utilización de dinero de privados y en el de los comités de acción política, decidió entrarle al juego y asegurarse de que funcionaba a su favor.

La decisión ha tenido un costo.

Durante toda su presidencia, Obama ha batallado, en tanto los grupos de interés privados han seguido ejerciendo un enorme poder sobre el proceso legislativo. Cuando Obama impulsó su ley de atención a la salud en el Congreso, sintió la necesidad de abandonar medidas sumamente importantes que habrían impuesto duros controles a los costos. Hizo eso para aplacar a los poderosos grupos de interés en la industria médica que estaban empecinados en contra de las medidas.

Las regulaciones financieras impuestas por la Ley Dodd-Frank, aprobada en respuesta a la crisis financiera de 2008, han pasado por dificultades pues los grupos de interés continuamente socavan su eficacia al persuadir a los legisladores a evitar cualquier tipo de implementación rígida.

En esta ocasión, las organizaciones a favor del derecho a tener armas, desde las gigantes, como la Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés) hasta conjuntos más pequeños, llevaron a cabo un ataque masivo y firme sobre los legisladores. Ni siquiera el apoyo bipartidista, algo poco común en Washington, fue suficiente para que el proyecto de ley tuviera éxito.

Otros asuntos, como la reforma fiscal para cerrar lagunas, simplemente han sido abandonados debido a que parecen imposible de lograr dado el poder de los grupos de presión y los contribuyentes a la campaña que acechan K Street. El poder del dinero hace que sea extremadamente difícil para los políticos jugársela.

Las tácticas obstruccionistas han seguido siendo el obstáculo crónico para Obama. Con la constante amenaza de tácticas obstruccionistas contra casi cualquier parte de la legislación, casi cada iniciativa de ley necesita una mayoría absoluta de 60 votos en el Senado. Esto hace difícil construir una coalición detrás de la legislación y, en la mayoría de los casos, permite que pequeñas facciones dentro de un partido echen para atrás las propuestas del presidente. Regularmente, los presidentes necesitan del apoyo de ambos partidos para conseguir los 60 votos, y el bipartidismo es casi imposible en la actualidad.

Sin duda, este fue un desafío para los derechos a portar armas, y podría hacer vulnerable la reforma inmigratoria en las etapas finales del debate. Al igual que el dinero y la política, las maniobras obstruccionistas han hecho imposible que otras cuestiones siquiera sean consideradas

Cuando el proyecto de ley de inmigración llegue a la Cámara de Representantes, el problema comenzará. A los activistas del partido que tienden a ser las voces más fuertes les inquietan los miembros de la Cámara pertenecientes a distritos de circunscripciones electorales manipuladas.

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La verdad es que nunca sabremos qué resultaba posible en aquel momento de transformación que siguió a la histórica elección de Obama, o después de su reelección, en 2012. Sin embargo, si no se reforma a nuestro gobierno, el camino hacia el estancamiento no va a desaparecer.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Julian Zelizer.

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