OPINIÓN: ¿Qué puede o no decirnos la historia de Amanda Knox?

La universitaria fue liberada de los cargos, pero millones de personas piensan que simplemente se salió con la suya
Juez italiano pide enjuiciar de nuevo a Amanda Knox
Nina Burleigh
Autor: Nina Burleigh | Otra fuente: 1
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Nota del Editor: Nina Burleigh es escritora y periodista, columnista del New York Observer y la revista Elle y autora de El regalo mortal de la belleza: Los juicios italianos de Amanda Knox (Broadway, 2011), el cual es su quinto libro de no ficción. También es profesora adjunta en la Universidad de Columbia.

(CNN) — Tras esperar para ser escuchada, Amanda Knox por fin habla por sí misma. Cinco años y medio después de que encontraran asesinada a su compañera de casa, Meredith Kercher, la triste y célebre estudiante estadounidense ha publicado su propio libro.

Waiting to Be Heard fue puesto a la venta esta semana a la par de que saliera su primera entrevista en una cadena de televisión. Ambos son una victoria del espectáculo sobre el contenido.

Pero no podría haber sido de otra manera.

Este asesinato fue entretenimiento puro para los tabloides casi desde el momento en que sacaron el cadáver de la casa, en la pintoresca ciudad de Perugia, Italia, un día después de Halloween, en 2007.

Knox no sabe lo que pasó aquella noche y no es capaz de brindarnos una nueva pista que pudiera desenredar el nudo creado por los errores de la policía, las mentiras, el orgullo nacional y el prejuicio xenófobo que han hecho de un simple delito un misterio internacional.

Ya que no puede ofrecer eso, su aparición solo ofrece una cosa: actuación.

Durante su primera entrevista en televisión, ella dio las mismas respuestas que siempre ha dado a las principales preguntas acerca de cómo pudo haberse duchado en una casa en la que había sangre sobre el piso del baño y en el grifo y, días más tarde, calificar de asesino a un hombre inocente.

Pero en esta ocasión las respuestas fueron acompañadas con acercamientos de cámara a sus temblorosos labios y sus ojos a punto de llorar.

Toda esa emoción no pudo haber distraído a millones de televidentes de lo único que realmente importa: ¿Quién lo hizo?

Knox tiene un obstáculo muy grande para ganarse los corazones y las mentes de los demás.

Debe superar el reto al que se enfrenta cualquier persona declarada culpable de un horrendo asesinato y que después fue puesta en libertad sin un acusado sustituto. Millones de personas creen que se salió con la suya.

Otro problema que la ha perseguido desde el principio. Si tú quieres, la puedes observar y pensar que está actuando. En su primera entrevista, en ocasiones parecía evasiva, con una mirada a la deriva. Para muchas personas eso luce sospechoso, pero también puede verse como derivado de cualquier cantidad de causas más benévolas, como la desorientación, el trastorno de estrés postraumático o el comprensible nerviosismo que cualquier persona sin preparación sentiría al ser entrevistada por uno de los principales presentadores de televisión para una audiencia a nivel nacional.

Aún cuando llora, parece lejana y fría. A pesar de los años de asesoría de sus abogados, no se ha podido evitar que diga cosas insensibles, como cuando expresó el deseo de visitar la tumba de Kercher.

No puede dar una explicación coherente —y tal vez nunca lo haga— de por qué señaló como el asesino a Patrick Lumumba, un hombre cuya inocencia puede demostrarse.

"Siempre he creído, con base en a la declaración ocurrida en la estación de policía antes de que ella firmara una 'confesión', donde reconoció haber estado en la casa la noche del asesinato, que la policía de Perugia quería que el asesino fuera un hombre extranjero. Después de todo, arrestaban rutinariamente a los inmigrantes africanos, árabes y albaneses por drogas y por crímenes violentos que han aumentado en lo que hasta hace poco era una homogénea ciudad amurallada de las montañas de Umbría".

Cuando vieron una supuesta cita agendada con un inmigrante africano registrada en el teléfono de Knox, le gritaron y lo intimidaron —ni siquiera grabaron el interrogatorio en video— hasta que cedió y coincidió con ellos.

Es fácil imaginar ese escenario, como yo lo pienso, en el que todas las pruebas indican que es inocente. Es más difícil de aceptar si lo pensamos más a detalle, que en las semanas previas al asesinato y en los días que le siguieron, ella tal vez no solo parecía despreocupada y alegre, sino que era una verdadera asesina.

Como ella no puede respondernos en realidad, ¿acaso su libro y su ansiada entrevista valieron todo ese dinero —se reporta que le pagaron cuatro millones de dólares— y tantos sobresaltos?

Un editor a quien conozco lo resumió de la siguiente forma: "Esa cantidad solía ser otorgada a las memorias de un presidente".

Pero ella ha pasado cuatro años en prisión, falsamente acusada, y soportó un abuso indignante y descaradamente sexista de parte de los italianos. Tomemos en cuenta el repulsivo episodio que revela en su libro, cuando la desnudaron y le hicieron un examen ginecológico manual sin razón alguna inmediatamente después de haber sido arrestada y antes de que la enviaran a prisión.

Cuatro millones de dólares no son compensación suficiente por haber sido secuestrada, equiparada a una bruja o a una versión femenina de Charles Manson y expuesta ante todo el mundo.

De cualquier forma, es probable que los abogados se hayan quedado con ese dinero. Para esa manada de hombres vestidos de traje, que sacan provecho de la justicia —aún cuando hacer 'justicia' signifique en realidad mantener en pie el honor de la policía y los fiscales que cometieron terribles errores en la investigación— y para quienes obtener un pago es más importante que descubrir lo que ocurrió en realidad.

Si quedó algo de dinero, se destinó a sacar a una familia estadounidense de clase media de las deudas en las que se sumergió cuando impusieron una doble hipoteca sobre su casa para defender a su hija.

Al final, esta tragedia trata sobre dos familias provincianas, una de los suburbios de Seattle y otra del norte de Londres, que no tienen idea de lo que ocurrió y que nunca obtendrán respuestas, sin importar cuánto dinero se invierta, sin importar la cantidad de entrevistas que otorguen, los libros que escriban o las revisiones judiciales que concluyan. No, no obtendrán respuestas sino hasta que Rudy Guede —cuyas huellas y ADN se encontraron en la habitación— explique qué ocurrió en realidad.

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Mientras tanto, la lección para esas familias y otras similares parece ser: mantén en casa a tus hijos y cierra la puerta con llave.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Nina Burleigh.

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