Cambio de Gobierno pesa en la economía

México no ha escapado de las desaceleraciones de inicios de sexenio, dice Alfredo Coutiño; el PIB alcanzó una tasa de crecimiento anual de sólo 0.8% en el primer trimestre del año en curso.
Peña Calderon  (Foto: AP)
Alfredo Coutiño*
CIUDAD DE MÉXICO (CNNExpansión) -

Como se esperaba, este año la economía mexicana no escapó de la tradicional desaceleración de principios de sexenio. La actividad productiva en los primeros tres meses se vió afectada tanto por los efectos de la transición política como por la debilidad externa y la estacionalidad de la Semana Santa.

El PIB alcanzó una tasa de crecimiento anual de sólo 0.8% en el primer trimestre, después de un avance de 3.2% en el trimestre previo y 4.9% en el mismo periodo del 2012. Así, una vez más, el ciclo político se hizo presente como uno de los determinantes importantes del crecimiento cada seis años de inicio de gobierno.

Más allá del efecto estacional de la Semana Santa, la desaceleración económica se explica tanto por los efectos del cambio de gobierno como por la debilidad externa. La transición sexenal siempre impone retrasos en la ejecución del presupuesto federal y consecuentemente sobre las decisiones de inversión y consumo del sector privado. Lo cual afecta a actividades ligadas al gasto público y a la inversión en infraestructura durante la primera mitad del año.

Por si fuera poco, y contrario a lo que muchos pensaron, la economía mexicana empezó a sentir los efectos del ajuste fiscal estadounidense. Los recortes automáticos al gasto decretados por el famoso sequestration han afectado tanto al número de empleos como a las jornadas laborales de muchos servidores públicos, entre los cuales se encuentran los servicios de aduana, seguridad y transportes. Esto en particular ha aumentado significativamente los retrasos en el cruce de camiones mexicanos hacia Estados Unidos, consecuentemente afectando el volumen de exportaciones mexicanas al mercado del norte.

El mercado interno en México también se vio afectado por el aumento en el desempleo que generalmente acompaña al cambio de Gobierno. Así, la demanda interna, sobre todo el consumo, se moderó en el primer trimestre a pesar del relajamiento de las condiciones monetarias y de la euforia de los mercados ante la posibilidad de nuevas reformas.

Así, durante la primera mitad del año, la economía mexicana se desempeñará a tasas moderadas dada la ausencia de flexibilidad en la política económica para contrarrestar la desaceleración en marcha. Se espera que el PIB avance a una tasa promedio de 3% y, cuando mucho de 3.5% este año.

Sin embargo, no es descartable que la potencial aprobación de las reformas fiscal y energética empiece a estimular el arribo de inversiones de manera anticipada y mucho antes de que termine el año. Esto se vería reflejado en mayores tasas de crecimiento del PIB durante el segundo semestre. Por lo que de materializarse la aprobación de las dos grandes reformas, con contenido final de gran calado, no sería una sorpresa que el crecimiento de la economía se acercara a 4% en el presente año.

Por lo pronto, la economía mexicana está repitiendo su historia desaceleradora de los últimos 30 años. México ha logrado evitar las crisis de fin de sexenio, pero no ha logrado escapar de la tradicional desaceleración de cada inicio de un nuevo Gobierno. 

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*El autor es director para América Latina de Moody's Analytics.


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