OPINIÓN: Los 4 'caminos' que pueden acercar más a México con China

México debe aprovechar los mecanismos diplomáticos de los que dispone para afianzar su relación con China tras el encuentro de Estado
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Rosario Green
Autor: Rosario Green | Otra fuente: 1
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Nota del editor: Rosario Green es una política y académica mexicana. Licenciada en Relaciones Internacionales por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y Maestra en Economía por el Colegio de México y la Universidad de Columbia, en Nueva York. Se desempeñó como senadora del Partido Revolucionario Institucional (PRI) durante las LX y LXI Legislaturas. De enero de 1998 a diciembre de 2000 encabezó la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), en la administración del expresidente Ernesto Zedillo.

(CNNMéxico) — Durante los últimos años,  la historia de  las relaciones entre México y China estuvo marcada por una serie de conflictos, principalmente en el ámbito comercial, resultado de la decisión del gigante asiático de lanzarse a la conquista de los mercados mundiales.

Pero las dificultades se presentaron también en otros terrenos, como el político, en virtud de la recepción del Dalai Lama por parte del expresidente Felipe Calderón, cuestión considerada por los chinos como injerencia en sus asuntos internos y hasta en el cultural, según se desprende del desencuentro que se dio hace apenas unos meses por la cancelación de un proyecto fílmico entre ambas naciones.

Hoy se abre, sin embargo, una oportunidad para reinventar la relación bilateral con apoyo en la feliz coincidencia de que tanto en México como en China hay nuevos jefes de Estado, que ya se han encontrado en dos ocasiones y que se proponen objetivos similares: la lucha contra la corrupción, la necesidad de acabar con el desastre medioambiental, y la urgencia de eliminar la desigualdad entre ricos y pobres, y que encumbran al crecimiento económico como el medio para lograrlos.

China aspira a superar a Estados Unidos como la primera potencia económica del planeta. México, tradicionalmente tan dependiente de Estados Unidos, tiene que ver esto como un reto y vincularse con decisión y pragmatismo a China.

Pero ¿cómo lograr y mantener la vigencia en el tiempo de tal reto sin reconocer que, importantes como pueden ser las visitas presidenciales y los acuerdos alcanzados, es indispensable diseñar una estrategia que asegure que aún si surgen conflictos en la relación bilateral, no se permitirá que ésta decaiga a niveles superados?

Desde una óptica puramente estratégica, parecería útil acudir al acervo de instrumentos internacionales con los que cuenta el país, a fin de rescatar algunos que nos fueron de gran utilidad cuando las circunstancias nos confrontaron con Estados Unidos y que, con ajustes, pueden ahora ayudarnos a mantener los contenidos del relanzamiento de los vínculos entre México y China:

1.- Comisión Binacional México-Estados Unidos. Creada en 1981 y abandonada por las administraciones panistas, durante mucho tiempo fue un foro institucional de gran importancia, que reunía una vez por año a funcionarios homólogos de alto nivel (secretarios de Estado), de ambos países bajo la coordinación de los cancilleres, para evaluar avances y retrocesos en diversas áreas, buscando tratar por separado temas delicados de la agenda bilateral a fin de reducir su posible impacto negativo sobre el conjunto de la relación. Si bien actualmente existe una Comisión Binacional México-China, es necesario hacer que deje de ser un foro solamente de nombre, para convertirse en el paraguas bajo el cual se cobijen las acciones recientemente concertadas entre el presidente Peña Nieto y su homólogo Xi Jinping, tales como el logro de un mayor equilibrio comercial, la generación de un clima favorable  para las inversiones mutuas y la cooperación amplia que abarque la educación, la ciencia, la tecnología, la innovación y la cultura.

2.- Grupos de trabajo. La Comisión Binacional era alimentada por numerosos grupos de trabajo que funcionaban durante todo el año, particularmente en temas sensibles como drogas, trabajadores indocumentados, seguridad fronteriza, salud, etc., sobre lo cual informaban a sus superiores, quienes en la reunión anual generalmente daban el visto bueno a un ejercicio que había tomado a sus funcionarios largos meses de trabajo con sus contrapartes. Si se dota de verdadero contenido a la Comisión Binacional México-China, estos grupos podrán ser fortalecidos o creados, según sea el caso de conformidad con los temas centrales acordados entre ambos mandatarios: comercio, inversiones, cooperación, etc.

3.- Alerta temprana. Este mecanismo permitía que un conflicto en gestación se quedara en esa fase, pues ambas cancillerías se comprometían a buscar resolver las diferencias tan pronto tuvieran conocimiento del inicio de un desencuentro. Su utilidad de entonces puede ser recreada en el caso de la relación de México con China.

4.- Acuerdo para disentir. En ocasiones, por más armoniosa que sea la relación, hay razones de soberanía o de interés nacional que pueden dificultar el acuerdo. Es necesario dejar establecido el compromiso de dar a conocer las dificultades a la otra parte antes de que determinado evento se produzca o se publique. Esto podría igualmente ser adaptado a los vínculos entre México y China.

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En suma, lo que se propone es tan solo un camino para afianzar lo logrado en este segundo encuentro entre Peña Nieto y Xi Jinping, ya sea en el ámbito comercial, de inversiones, infraestructura, energía, tecnología, educación, etc., a partir de una diplomacia activa, preventiva e institucionalizada. 

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Rosario Green.

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