Egipto, nueve pasos para la transición

Los próximos dirigentes del país deben librar la crisis económica y política, dice Mohamed El-Erian; la deposición del presidente Mohamed Morsi arroja lecciones que pueden agilizar la normalización.
egipto1  (Foto: Cortesía de Fortune)
Mohamed A. El-Erian*

Egipto está atravesando su tercera y no planificada transición de Gobierno en sólo dos años y medio. Y es probable que una cuarta esté a meses de distancia (y esperemos que sea mejor planeada).

Casi por definición, y sin duda por la fuerza de las circunstancias, esta es una fase inherentemente complicada en la honrosa y larga historia del país, y sus consecuencias se extienden mucho más allá de los 85 millones de egipcios deseosos tanto de cosechar los frutos de su inspiradora revolución como de evitar un deslizamiento hacia el conflicto civil.

En las próximas semanas, mucho esfuerzo se enfocará -y ciertamente debería ser destinado urgentemente- a celebrar elecciones presidenciales y parlamentarias, revisar la constitución y fortalecer las instituciones del país. Todo esto es totalmente necesario para una transición duradera y ordenada lejos de lo militar y de vuelta a la democracia, pero no es suficiente.

Para aumentar la probabilidad de éxito en esta ocasión, las fuerzas armadas de Egipto (ahora a cargo del país) y los políticos (de nuevo dispuestos a recibir la transferencia de Gobierno) podrían considerar los siguientes nueve puntos de vista. Estos han sido obtenidos de la historia del país, antigua y reciente, así como de la experiencia internacional.

Por sí misma, cada idea ofrecería beneficios potenciales durante otra transición delicada y potencialmente precaria. Sus posibles impactos acumulativos son aún más importantes. En efecto, la ganancia colectiva bien podría ser mucho más grande que la suma de las partes individuales. Y el Egipto de hoy necesita asegurar todas las ventajas posibles para navegar con éxito lo que sigue siendo un panorama desafiante, incierto y potencialmente peligroso a corto plazo.

La credibilidad del Gobierno ya no es conferida, sino que tiene que ser ganada diariamente.

En el viejo Egipto, la parte realmente difícil de las elites gobernantes era ganar poder. Una vez conseguido, todo el aparato del Estado (y los intereses creados y el capitalismo clientelista que florecía entonces) estaba esencialmente programado para mantener el estatus, independientemente de los resultados.

No así en el nuevo Egipto.

Hoy en día, los gobernantes del país -ya sean civiles o militares- necesitan ganar y mantener la confianza de la mayoría de los ciudadanos con base en la alta frecuencia. Ahora se trata de ciudadanos que, habiendo vivido durante demasiado tiempo bajo la represión y la cultura del miedo, tienen el poder y el derecho de influir en el destino de su país. De hecho, el sentimiento de pertenencia popular rara vez ha sido tan visible y pronunciado.

Involucrar consistentemente a los movimientos juveniles no es solo deseable; es absolutamente crucial.

Por segunda vez en dos años y medio, fue la juventud comprometida de Egipto la que brillantemente organizó y dirigió una insurrección popular en todo el país. Una vez más, ellos fueron los agentes de cambio que enfrentaron enormes dificultades y, una vez más, entregaron resultados que superaron con creces las predicciones de la mayoría de los "expertos", ya sea en escala, alcance o tiempo.

Los movimientos juveniles de Egipto han desplegado una vez más una admirable visión, coordinación y disciplina. Si repitieran la experiencia de la revolución de 2011 que derrocó al presidente Mubarak, su inclinación en las próximas semanas sería dar un paso más hacia atrás y dar las llaves del gobierno a los más viejos del país. Después de todo, Egipto es una sociedad tradicionalista que respeta a los mayores. (Al crecer allí en la década de 1960, con frecuencia escuché el popular dicho: "El que es un día más viejo que tú por un día, sabe más que tú por un año).

Por su parte, las élites gobernantes egipcias han fracasado continuamente en involucrar adecuadamente a los movimientos juveniles, ya no digamos en aprovechar su energía y visión. En vez de ello, tienden a apegarse a fórmulas y prácticas viejas y cansadas. En el proceso, han marginado a un segmento muy importante de la sociedad, y por lo tanto han debilitado el futuro y la vitalidad del país.

Esta vez es muy importante que el movimiento juvenil siga participando activamente en el proceso de gobierno; y que las generaciones de más edad sean capaces y estén dispuestas a incorporarlas materialmente. De lo contrario, el objetivo de la revolución -"pan, dignidad y justicia social"- seguirá siendo difícil de alcanzar.

Gobernar de manera inclusiva, colaborativa y transparente.

De nuevo, esto no es algo natural para un país que durante demasiados siglos fue tradicionalmente gobernado por algún tipo de "faraón", ya fuera nacional o extranjero. También es un reto en una fase de transición que está dirigida por la milicia.

Los gobernantes de hoy y mañana tienen que darse cuenta de que el país seguirá en dificultades si la mayoría de los egipcios no se unen rápidamente bajo una visión nacional bien comunicada. En efecto, un proceso rápido de reconciliación política y social es esencial para que el país tenga alguna posibilidad de minimizar la violencia y de concluir rápidamente el giro revolucionario: desmantelar un pasado represivo para construir un futuro mejor.

Evitar la tentación de tratar de abarcar demasiado

Los tres gobiernos anteriores fueron víctimas de la peligrosa idea de que podían gobernar, favoreciendo a un cierto segmento de la población al tiempo que imponían órdenes desde arriba al resto. Los gobiernos actuales y futuros de Egipto tienen que hacer un mucho mejor trabajo para ser equilibrados, abarcando un espectro de visiones en un esfuerzo de revitalización político y social del país.

Permitir que las actividades de las bases y de la sociedad civil florezcan.

Las democracias vibrantes y exitosas se construyen y mantienen de abajo hacia arriba y no de arriba hacia abajo. Esto también proporciona un flujo de información crucial a la clase dominante, y constituye un conjunto adicional de controles y equilibrios para apoyar una transición democrática exitosa y duradera.

Si visitas Egipto hoy en día, quedarás impresionado por el número de nuevas actividades de bases que se han iniciado desde la revolución de 2011. Ya sea en educación o en salud, juegan un papel importante en la mejora -aunque todavía marginal- del bienestar de los sectores más pobres y vulnerables de la población.

Incluso después del derrocamiento del presidente Mubarak, estos éxitos individuales continúan luchando contra un sistema que tiene problemas para delegar la responsabilidad cívica. Al convertir un innecesario viento en contra en un favorable viento de cola, las nuevas élites gobernantes de Egipto pueden proporcionar mucho más progreso y participación para las bases.

Facilitar la participación de la diáspora mediante la creación de mejores mecanismos de transmisión hacia la sociedad civil nacional.

No hay que subestimar la voluntad de la diáspora para dedicar tiempo y recursos financieros a ayudar al cumplimiento de los objetivos de la revolución.

Recuerda, varios de ellos provienen de familias que emigraron de Egipto para superar la represión y encontrar oportunidades. Ellos admiran mucho a los egipcios valientes cuya determinación inquebrantable está ofreciendo ahora al país la posibilidad de seguir el camino de la prosperidad inclusiva, y desean ayudar.

Avanzar rápido y constantemente para hacer frente a los profundos desafíos económicos del país.

Las horribles condiciones económicas han sido importantes contribuyentes a la sensación nacional de frustración e incluso desesperación en algunos sectores, y es comprensible. Por otra parte, la economía de Egipto no tiene el lujo del tiempo.

Cada día, es succionada hacia un círculo vicioso autoimpulsado de insuficiente inversión, crecimiento anémico, inflación, déficits de presupuesto y balanza de pagos, presiones por el tipo de cambio y fuga de capitales. Cuanto más tiempo se descuide esta situación, mayor será el costo para las generaciones actuales y futuras.

Ningún ciudadano razonable espera soluciones inmediatas a los problemas de larga duración y profundamente arraigados de una alarmantemente alta tasa de desempleo, poder adquisitivo insuficiente, redes de seguridad social excesivamente porosas y al borde de su capacidad, y una excesiva desigualdad de ingresos y riqueza. Pero la gente está desesperada por una visión económica bien comunicada, acompañada de objetivos anuales para las variables que comúnmente son comprendidas y vigiladas.

Desde hace un tiempo, Egipto ha carecido de un marco económico confiable a mediano plazo. En lugar de establecer un destino claro, comunicar una orientación estratégica y ofrecer un paquete de políticas creíbles, los últimos gobiernos han optado por medidas improvisadas y financiamiento excepcional por parte de países amigos. En el proceso, se han convencido de que la responsabilidad de la gobernanza económica de alguna manera puede ser subcontratada a organizaciones externas, como el Fondo Monetario Internacional (FMI). Pero esto no es posible.

Producir algunas victorias tempranas.

Los egipcios están desesperados por algunos logros que son ahora factibles y deseables desde muchos puntos de vista.

Los nuevos gobernantes necesitan restaurar la seguridad en las calles, retirar la basura que ha invadido muchas de ellas, resolver a los cortes de electricidad, atender las zonas de pobreza extrema y la pobreza en las zonas urbanas y rurales.

La mayor parte de esto puede ser hecho por un gobierno enfocado y comprometido que restaure el funcionamiento en conjunto de los servicios públicos esenciales. Algunos necesitarán recursos financieros externos y conocimientos técnicos para complementar los esfuerzos nacionales.

Por último, no perder de vista los rasgos altamente admirados de Egipto de humildad y gran sentido del humor.

Cualquiera que haya pasado tiempo en Egipto sabrá inmediatamente a lo que me refiero. Producto de la bondad sumamente aterrizada de los agricultores tradicionales (los "compañeros"), la mayoría de los egipcios son capaces de tolerar mucho con admirable humildad y humor.

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En el antiguo Egipto, las élites gobernantes veían esto como una forma de reprimir y explotar continuamente a las masas. Sin embargo, en el Egipto de hoy, esto puede servir como un fuerte combustible para el triunfo colectivo de la sociedad, incluyendo emerger fortalecida de los inevitables baches que se encuentran en cualquier camino revolucionario.

*El autor es CEO y copresidente de inversiones de PIMCO.

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