OPINIÓN: Pues sí, los videojuegos podrían dar un impulso a las bibliotecas

La estrategia representa la esperanza de atraer a los usuarios adolescentes a que por lo menos pongan un pie en esos lugares
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Autor: Rubén Navarrette | Otra fuente: 1

Nota del editor: Ruben Navarrette es colaborador de CNN y columnista del Grupo de Escritores del Washington Post. Síguelo en su cuenta de twitter: @rubennavarrette

SAN DIEGO (CNN) — Si quieres salvar almas, primero tienes que atraer a la gente.

Ocurre lo mismo con las bibliotecas que, sin usuarios, son solo edificios grandes e imponentes llenos de polvo y libros sin leer, que ruegan a las autoridades locales que las clausuren la próxima vez que haya un déficit presupuestal.

Sin embargo, incluso las personas que quieren que las bibliotecas permanezcan abiertas se preguntan si vale la pena pagar el precio. Los tradicionalistas seguramente estarán horrorizados al saber que, como parte de una tendencia que parece ganar popularidad, son cada vez más las bibliotecas públicas de Estados Unidos que complementan su acervo de libros sobre ciencia, historia y literatura con videojuegos y televisores enormes.

¿Qué hay de malo con esta escena? Esa es la clase de dispositivos electrónicos que, como nos han dicho desde hace mucho, distraen a la gente e impiden que lean, especialmente en el caso de los adolescentes que tienen periodos reducidos de atención. Entonces, ¿por qué están dentro de las bibliotecas públicas de EU?

Este es el último lugar en el que deberían estar. Estiman que el sector de los videojuegos a nivel mundial podría generar más de 70,000 millones de dólares (875,000 millones de pesos) para 2015. ¿No debería haber un refugio para esta tendencia? ¿No sería una biblioteca el lugar ideal?

Tal vez no. Reconozco que, cuando escuché esta historia por primera vez, mi reacción inicial fue de sorpresa. Llámenme anticuado. Cuando era adolescente, me gustaba pasar un rato en las galerías de videojuegos y en las bibliotecas, nunca confundí ambos sitios. Pero entre más escuchaba, más apoyé la idea de que las bibliotecas tomen ese camino. Me di cuenta que simplemente es la evolución normal de los mundos del aprendizaje y el entretenimiento.

Los videojuegos son parte de un elaborado intento por atraer a los adolescentes a la biblioteca con la esperanza de que, antes de abandonar el lugar, tal vez abran un libro, incluso, se vale soñar, lo lleven a casa. Los juegos tienen que ser adecuados para todo público e incluir algunos de naturaleza educativa.

Según un estudio publicado el año pasado en la revista Library Journal, cerca del 15% de las bibliotecas de Estados Unidos prestan videojuegos a cualquiera que tenga una credencial de préstamo bibliotecario. Además, consideran que jugar dentro del lugar es muy común.

A juzgar por las reacciones de algunos bibliotecarios que no podrían estar más felices con los resultados, la estrategia funciona: los adolescentes —en particular los varones— acuden a la biblioteca. Además, los préstamos a aquellos aficionados a los videojuegos superan la estadística que existía antes de que llegaran los jugadores.

Parece contradictorio, pero ¿qué tal si endulzar el ambiente con unos cuantos dispositivos digitales resulta ser la mejor manera de lograr que los adolescentes pongan siquiera un pie en la biblioteca?

¿Qué tendría de malo?

A algunas personas podría incomodarles el concepto, pero lo nuevo y lo diferente no es necesariamente incorrecto. Quienes trabajan en las bibliotecas pueden ofrecer cierto contexto. Señalan que hace 20 años, el debate era si debería haber préstamo de CD y cintas VHS. Hace diez años, discutían sobre la instalación de DVD y computadoras personales para ofrecer acceso a internet a los usuarios. Ahora, son los videojuegos.

Además, es fácil criticar. Pero, ¿cuándo fue la última vez que alguno de estos tradicionalistas puso un pie en una biblioteca? Tal vez, en la década de 1970, las bibliotecas eran el sitio al que ibas a leer libros y artículos de investigación. Eran un portal hacia nuevos y emocionantes mundos, una vía a la aventura.

Ahora, hacemos todo eso por medio de dispositivos electrónicos que podemos sostener en la mano. Las bibliotecas públicas pronto podrían volverse otra reliquia del pasado, como las gasolineras de servicio completo, la fuente de sodas o la farmacia de la esquina.

Para quienes aman los libros y valoran el aprendizaje, es un panorama deprimente contra el que vale la pena luchar con todas las armas disponibles y con todas las estrategias concebibles.

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¡Que comience el juego!

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Ruben Navarrette.

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