OPINIÓN: La lucha libre en México, un espectáculo sin límite de tiempo

Uno de los espectáculos referencia de México cumple 80 años de cautivar a generaciones y lo hace con un gran cartel en la Arena México
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Autor: Ernesto Campos | Otra fuente: 1

Nota del editor: Ernesto Campos dirige el área deportiva de Relaciones Públicas en la consultora Edelman México e imparte el seminario de Periodismo Deportivo en la Escuela Carlos Septién García; fue coeditor en la sección Cancha, de Grupo Reforma. Síguelo en su cuenta de Twitter: @netie79 

(CNNMéxico) — Cada vez que inicia una función de lucha libre, el famoso presentador Armando Gaytán, dice que "la lucha libre profesional, como obra humana, alcanza la categoría de arte, y ese arte tiene un himno cuando la afición grita: '¡arriba los técnicos!'".

Este viernes 13 de septiembre la Arena México presenta como gran fiesta de aniversario un cartel en el que cuatro luchadores se juegan la máscara, aunque solo uno de ellos la perderá. Se anticipa un lleno de casi 20 mil aficionados y el renacer de una tradición nacional, que reúne el drama, la risa, los golpes y el respeto.

El llamado Ídolo de los niños, Atlantis, Último Guerrero y los jóvenes Volador Jr. y La Sombra, son en este 2013 los representantes de leyendas que han dejado todo arriba de un ring y pueden bajar de ahí llenos de gloria o terminar cerca del desempleo.

El deporte de los llamados "costalazos" celebra los primeros 80 años de existencia del Consejo Mundial de Lucha Libre (CMLL), primera empresa en impulsar esta disciplina, lapso en el que ha logrado colocarse prácticamente como una necesidad entre los aficionados en México, que han transformado este espectáculo físico en una fiesta llena de colorido, máscaras y hasta como una forma de unión familiar.

En la Arena México, también conocida como La catedral de la lucha libre, serán reconocidas figuras admiradas que ya murieron, tales como El Santo, Blue Demon, El Solitario, Gory Guerrero, Doctor Wagner, Ray Mendoza, Black Shadow y más recientemente, Héctor Garza.

Estar sentado en una butaca de cualquier arena en México permite encontrar la catarsis a las presiones diarias, dejar fluir las ocurrencias y ubicar en un solo escenario deportivo a personas de distintos estratos sociales. Aunque es concebido como un deporte popular, la realidad es que a lo largo de los años ha encontrado momentos en que se vuelve una moda que no resulta barata.

Su popularidad y vigencia tal vez encuentre explicación en el enfrentamiento entre buenos y malos: los rudos y los técnicos, y la sensación de contemplar superhéroes de carne y hueso que soportan toda clase de castigos, reaccionan a tiempo, vuelan sobre sus rivales y logran victorias que hacen estallar la emoción de las gradas.

Es por eso que a partir de la década de 1950 estos personajes llegaron al cine convirtiéndose en leyendas, principalmente El Santo, conocido también como El Enmascarado de Plata, quien filmó más de 50 películas y fue protagonista de historietas. Destaca el hecho de que a pesar de su trabajo fuera del ring, jamás dejó de lado la lucha libre, acumulando campeonatos por décadas.

Otras figuras como Blue Demon o Mil Máscaras consolidaron el cine de luchadores, creándose personajes que primero nacieron en la pantalla grande y después se trasladaron al ring, como El Huracán Ramírez.

Los luchadores son atletas con una carrera mucha más longeva que cualquier otra en el deporte, lo cual les permite acumular aficionados de distintas generaciones. Por ello, es normal encontrar profesionales que pasan de los 40 o 50 años de edad y siguen mostrando en buen nivel si han sido dedicados y han cuidado su físico.

Lo que vuelve místico este deporte es el uso de máscaras y el honor que hay detrás de ellas. Tengo amigos luchadores que jamás dicen a qué se dedican y cuidan su personaje tanto como su vida. De esa secrecía viven y por eso solo los más cercanos conocen su identidad, como los superhéroes.

Las luchas de apuesta son el clímax. Un encuentro de máscara contra máscara suele congregar a miles de aficionados que saben que uno de los contendientes perderá y deberá despojarse para siempre de su mito, revelará su nombre real y tal vez vea terminada su carrera en breve. Si al aficionado no le gusta un luchador sin máscara, dejarán de apoyarlo, los promotores de contratarlo y será el fin de su camino en los encordados.

Las apuestas de cabelleras y campeonatos son los otros elementos que ponen a prueba la capacidad de los gladiadores.

El CMLL celebra cada mes de septiembre una función especial. El fundador del mismo, Salvador Lutteroth, conocido como "El padre de la lucha libre", promotor que desarrolló este negocio y con el paso de las décadas creó su propio imperio.

Incluso fue acompañado por la fortuna, ya que tras ganar el premio mayor de la lotería en 1940 compró un local en la calle de Perú, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, y construyó la Arena Coliseo, que fuera la sede de una de las épocas de oro de este deporte, gracias a la rivalidad entre El Santo y Black Shadow.

Las crisis económicas y la competencia con otros deportes, como el futbol y el box, han sido las más grandes pruebas que la lucha libre ha debido sortear. Sin embargo, cada determinado tiempo surge una figura que por sí misma trae de regreso a los aficionados. El más reciente ejemplo fue Místico, a mediados de la década pasada.

El debate sobre la veracidad de la lucha libre es un tema que no importa para sus fanáticos. Su práctica requiere disciplina, entrenamiento, agilidad y mucha condición física, por lo que el término atleta es bien aplicado y las emociones que despierta son auténticas, lo mismo que las lesiones.

Es por ello que los primeros 80 años de este deporte espectáculo son una ocasión auténtica para celebrar, y más cuando el cartel incluye a una verdadera leyenda como Atlantis, que se juega 30 años de carrera en una sola lucha, a dos de tres caídas, sin límite de tiempo.  

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Ernesto Campos.

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