OPINIÓN: La valiente lucha de madre e hija contra el cáncer de mama

A pesar de que se sabía que la enfermedad estaba en una etapa avanzada, ella nunca perdió la esperanza
cáncer de mamá mujeres  mujer
Autor: Cate Edwards, especial para CNN | Otra fuente: 1

Nota del editor: Cate Edwards es embajadora de Count Us, Know Us, Join Us, una organización que concientiza a quienes viven con cáncer de mama avanzado, a sus cuidadores y a quienes las apoyan.

(CNN) — Este año serán diagnosticadas casi 300,000 mujeres con cáncer de mama. Octubre es el Mes de la Sensibilización sobre el Cáncer de Mama y estamos bendecidos porque durante 31 días, cada año, una comunidad mundial se une para apoyar la supervivencia, encontrar nuevos tratamientos y desarrollar una cura.

Aunque las tasas de supervivencia en casos de cáncer de mama en etapas tempranas todavía son elevadas —muchas mujeres y hombres llevan vidas sanas y largas— no hay cura para el cáncer de mama en etapa avanzada. La enfermedad en etapas avanzadas — III y IV (metástasis)— es crónica y no hay remisión ni supervivencia.

Muchos de nosotros no nos damos cuenta de que entre el 20 y el 30% de todos los casos de cáncer de mama harán metástasis. Lo sé personalmente porque lo viví con mi mamá, Elizabeth, cuando le diagnosticaron metástasis por cáncer de mama en 2007.

Mi madre era cálida, graciosa e inteligente. Dentro de su reacción a una vida con cáncer de mama avanzado, su cualidad más llamativa era su fortaleza extraordinaria. Cuando le diagnosticaron el padecimiento en etapa temprana en 2004, tenía la esperanza y la determinación para luchar contra el cáncer y ganar. Y lo hicimos, al menos por un periodo breve.

Cuando regresó como enfermedad metastásica en 2008, nuestra familia se sintió decepcionada y sorprendida, pero la esperanza de mi mamá seguía intacta. Aunque sabía que la enfermedad no era curable, estaba inspirada para asegurarse de que el tiempo que le quedara en la Tierra tuviera significado. Se deleitaba al hacer que cada día contara para sí y para sus seres queridos. Una de sus metas —y mía también— era que sus días positivos fueran más que sus días negativos y ciertamente alcanzamos esa meta.

Sin embargo, el vivir con esperanza requiere de un gran esfuerzo por parte de quienes se enfrentan a esta enfermedad. El cáncer de mama avanzado es diferente al temprano porque el tratamiento es mucho más complicado.

Con el cáncer de mama en etapa temprana, sabíamos que había un tratamiento y un solo objetivo: queríamos que desapareciera. Podíamos dejar a un lado nuestra vida brevemente y dedicarnos totalmente a la enfermedad. Mi mamá se dedicó a buscar el mejor tratamiento, sin importar lo agresivo que fuera; yo estaba enfocada en lograr que sobreviviera sin importar el costo a corto plazo que ello representara para nosotros.

El cáncer de mama avanzado fue una experiencia completamente diferente. Esta vez, la ruta de tratamiento parecía más desalentadora y no teníamos un plazo claro como guía; el cáncer estaría con nosotros por el resto de su vida.

A diferencia del cáncer en etapa temprana, teníamos que reconciliarnos con ese hecho. En vez de posponer la vida, mi mamá hizo lo contrario. Vivió con propósito y creó momentos significativos, sin saber cuántos días le quedaban de vida.

De hecho, el tiempo es una especie de paradoja para la gente que vive con cáncer avanzado y para quienes los apoyan. Por un lado estamos agradecidos por el tiempo y solo queremos tener más. Por el otro, esa incertidumbre sobre cuánto tiempo queda, puede provocar mucha ansiedad en los pacientes y en sus seres queridos. Por ejemplo, si a mamá le dolía la cabeza o la espalda, nuestra imaginación se desbocaba. "¿Esta era la señal de la progresión del tumor? ¿Esto significaba que el momento final se acercaba? Este sería un temor latente hasta los siguientes estudios, cuando (como decía mi mamá) esperaba no 'iluminarse como un árbol de Navidad'". Pero, a pesar de esta realidad del cáncer de mama avanzado —o tal vez a causa de ella— aprovechábamos cada día que pasábamos juntos.

El valor de ese aprovechamiento —aunque solo se tratara de estar allí, juntos— fue una de las lecciones más importantes que aprendí sobre el cáncer de mama avanzado.

No vivía en el mismo estado que mi madre durante los años que tuvo cáncer de mama avanzado, pero hablábamos por teléfono con frecuencia y siempre supo que yo estaba allí para ella. Ella también estaba allí para mí y siempre me decía: "No te olvides de ti".

Ella reconocía el apoyo que yo le brindaba. Pero como era mi madre, también quería brindarme amor, apoyo y ánimos para seguir persiguiendo mis sueños. Como su hija y a veces cuidadora nunca sentí que pudiera hacer suficiente. Pero para ambas, el simple hecho de estar juntas era lo que importaba.

Aunque mamá murió hace casi tres años, aún soy parte de una comunidad muy importante. Hoy quiero crear conciencia sobre los desafíos singulares que enfrentan las personas que viven con cáncer de mama avanzado. Y subrayo vivir. Muchas de esas mujeres cuidan a niños pequeños, trabajan y planean de cara a los eventos futuros de la vida, como las bodas y los nietos. Su objetivo, como el de mi mamá, es hacer que cada día cuente.

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Por eso, el cáncer de mama avanzado necesita no solo dinero para incentivar los avances en la investigación, sino apoyo firme de todos nosotros: familiares, amigos, compañeros de trabajo o cualquier persona afectada por la enfermedad. Por eso me uní al programa de Count Us, Know Us, Join Us, para ayudar a amplificar la voz de la comunidad de personas que viven con cáncer de mama avanzado. Pido a todos que se unan a mí para apoyar a una comunidad que necesita desesperadamente una voz.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Cate Edwards.

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