OPINIÓN: La masturbación, ¿por qué tanto alboroto al hablar sobre ella?

Aún existen longevas y erróneas ideas al respecto, como que está mal, hace daño y se convierte en algo adictivo
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Autor: Alessia Di Bari | Otra fuente: 1

Nota del editor: Alessia Di Bari es sexóloga, terapeuta de pareja y consteladora familiar. Colabora regularmente en distintos medios de comunicación. Síguela en su cuenta de twitter: @SexologaDiBari

(CNNMéxico) — Mientras preparaba esta columna y pensaba cómo abordar el tema, tuve una paciente que me recordó la importancia de platicar acerca de esto.

"¿Verdad que masturbarme no está bien?, pero es que no me queda de otra, mi marido tiene mucho que no me hace caso y pues una tiene sus necesidades", me dijo. Mientras la escuchaba pensaba en todo lo que nos dicen sobre la masturbación: que es mala, que es de gente enferma, que es de pervertidos y/o enfermos sexuales, que hace daño, que se vuelve adictiva y finalmente, que es el premio de consolación ante la falta de relaciones sexuales.

Esta última es una de las que más me llaman la atención. ¿Por qué sería un premio de consolación? Pareciera que le damos TODA la importancia a las relaciones sexuales, al encuentro con alguien más, como si necesitáramos —forzosamente— la validación de alguien. De hecho, muchas mujeres se sienten "traicionadas" por su pareja si llegan a casa y lo descubren masturbándose. Lo más común es que digan y/o piensen algo como: "¿es que no soy suficiente?, ¿por qué no me lo pides a mí?, ¿ya no te gusto?".

La realidad es que nada tienen que ver una cosa con otra, son sensaciones muy distintas, solo eso. Una no es mejor que otra, son simplemente diferentes.

Entonces ¿qué hacer si nos da vergüenza/pena/miedo tocarnos? En primer lugar, aprender del tema, leer acerca de los beneficios, ver que muchos de mis temores están basados en mitos que nos han transmitido de generación en generación, pero en realidad no tienen fundamento alguno.

Por ejemplo, es común que lleguen hombres a consulta con eyaculación precoz y que cuando les pregunto acerca de sus masturbaciones, me digan que les genera culpa/ansiedad. Esa sensación la han tenido desde jóvenes, por lo que, desde las primeras masturbaciones lo hicieron con prisas, rápido, a escondidas y con temor de ser descubiertos. Esto provocó que su cuerpo se acostumbrara a llegar muy rápido a la eyaculación.

La culpa y la ansiedad se remedian con terapia y ejercicios —técnicas masturbatorias para enseñar al cuerpo a ir más despacio—. Lo que en realidad estorba es la culpa, son los prejuicios, la mala/nula información. Si desde niños nos enseñaran a disfrutar de nuestra sexualidad, a verla de manera natural como un elemento más de nuestra vida, nuestras historias serían muy diferentes.

Algunos piensan que los sexólogos estamos obsesionados con el tema de la masturbación y que a todo el mundo lo instamos a practicarla. Probablemente haya un poco de verdad en eso, sí creemos que es una práctica placentera y que nos ayuda a conocernos mejor, a saber qué nos gusta y cómo nos gusta, pero tampoco es a fuerza. No se trata de obligar a nadie a hacer algo que no desea. De hecho se trata de apoyarte a encontrar nuevas formas de sentirte bien contigo mismo(a) y de tener un placentero ejercicio de tu sexualidad.

Si quieres probar, prepara el ambiente. Es un regalo de ti para ti. Hazlo sin prisas, en algún lugar donde no haya riesgo de interrupciones. Trae al presente una fantasía que te encante, de esas que no saben fallar y comienza poco a poco.

No vayas directo a tus genitales, recorre tu cuerpo y deja que la fantasía haga su efecto. Si necesitas ver una película, leer un libro erótico, también está bien, lo que sea que te ayude a despertar la imaginación sexual.

Disfruta del paso a paso, tú eres el(la) único(a) que decide a qué ritmo, con qué intensidad y velocidad te gusta. Prueba diferentes posiciones, presiones y texturas. Si de principio te cuesta trabajo tocar directamente tus genitales, prueba con algo más; puede ser un juguete, una almohada o tu misma cama. La imaginación es tu límite.

¡Anímate! La realidad es que es un práctica común —tanto en hombres como en mujeres—, nos conecta con nosotros mismos. Es el momento perfecto para olvidarnos del mundo y dedicarnos 100% a nosotros sin preocuparnos por nadie más. Es una manera de conocernos y probar qué nos gusta y qué no, cómo, cuándo y qué tan rápido o no queremos —necesitamos— ir. No tengo que quedar bien con nadie, solo conmigo.

Si lo intentas y lo intentas, y la culpa/pena/vergüenza/miedo sigue haciendo estragos en tus encuentros eróticos —ya sea contigo o con alguien más—, tal vez sea momento de visitar a un(a) especialista.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Alessia Di Bari.

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