El riesgo de aplazar la parálisis en EU

Conjurar la amenaza inmediata de un impago no es suficiente para EU, dice Mohamed A. El-Erian; se necesitan medidas firmes para fortalecer la confianza en la economía y reactivar la recuperación.
capitol1  (Foto: Getty)
Mohamed A. El-Erian*

Si eres un empleado federal estadounidense, un turista que visita los sitios nacionales o un inversor, ya habrás resentido las consecuencias de las últimas teatralidades del Congreso.

Si la parálisis actual continúa, es solo cuestión de tiempo antes de que el resto de la nación -y gran parte del resto del mundo- descubran que esta última debacle política es algo más que un triste espectáculo; en vez de ello, impactará directamente la confianza, las perspectivas de empleo y la capacidad de mantener las familias.

Este riesgo podría materializarse incluso si el Congreso logra llegar a acuerdos, pero solo lo hace para darle largas al asunto (como parece cada vez más probable).

Los efectos inmediatos del cierre del Gobierno ya son bastante bien conocidos. La mayoría de los empleados federales -independientemente de si están en licencia obligada o no- no reciben ningún pago. Los servicios gubernamentales se han reducido al mínimo, al igual que las interacciones público-privadas y las iniciativas entre múltiples agencias.

Dos semanas después del inicio del cierre operativo, las consecuencias han comenzado a multiplicarse.

Algunos empleados federales naturalmente están tentados a reducir sus gastos, incluso aunque estén seguros de que eventualmente se les pagará. El turismo se ha visto muy afectado en algunos lugares, cortando el acceso de las empresas locales a una fuente normalmente fiable de ingresos.

Mientras tanto, las compañías ya no tienen acceso a una amplia gama de servicios gubernamentales, incluyendo la verificación de estatus legal, frenando así sus planes de contratación. Incluso las compañías hipotecarias están enfrentando dificultades para confirmar los detalles de los prestatarios actuales y potenciales.

Para la mayoría de los estadounidenses que no han sido afectados directamente, y para el resto del mundo estas cuestiones pueden parecer muy lejanas por el momento. Más aún, una vez que el Gobierno Federal vuelva a abrir (como lo hará), la mayoría de los efectos terminarían siendo temporales y mayormente reversibles.

Hay preocupación

Desafortunadamente todavía hay razones para preocuparse de que la economía estadounidense no pueda recuperarse tan sólidamente de esta última debacle del Congreso. Y no es como si estuviera creciendo a un ritmo elevado y creando suficientes empleos.

Mientras los representantes estadounidenses electos ahora combinan el cierre del Gobierno con la amenaza de un impago de la deuda soberana, la búsqueda de soluciones políticas se han vuelto de naturaleza más parcial y de corto plazo. Con una minoría que es particularmente eficaz para influir en la posición negociadora del partido Republicano, lo mejor que se puede esperar de manera realista es un acuerdo burdo sobre medidas provisionales.

Es probable que Estados Unidos emerja de esta última fase de disfunción congresional con otro resultado más que da largas a los asuntos.

Eliminar la amenaza inmediata de una recesión global asociada a un impago de la deuda estadounidense es algo bueno, -esto servirá de poco para fortalecer la confianza empresarial y del consumidor que es tan crucial para una fuerte recuperación económica-. En efecto, tanto individuos como empresas podrían sentirse tentados a aumentar su propio respaldo económico, enfriando aún más la actividad económica.

El prestigio global del país tampoco emergería intacto.

Sí, Estados Unidos no tiene que preocuparse por ser reemplazado en el corto plazo como la superpotencia del mundo, el proveedor de la moneda de reserva mundial, y el destino de aquellos que desean tercerizar la intermediación financiera hacia lo que sigue siendo el sistema financiero más sofisticado y más profundo del mundo.

Independizarse de EU

Sería estúpido por parte del Congreso no reconocer que está tentando a otros países a explorar formas de reducir su dependencia hacia Estados Unidos como el ancla de la mayoría de las interacciones económicas internacionales (incluyendo el comercio, las finanzas y la coordinación multilateral de políticas). Y esto apela directamente al prestigio global de Estados Unidos en el mundo, y por tanto también afecta la seguridad nacional.

A medida que plantean un conjunto más de soluciones a corto plazo que corren el riesgo de dejar demasiadas cuestiones abiertas, el Congreso haría bien en mirar un viejo episodio de Monty Python en el que un caballero (interpretado por John Cleese) inexplicablemente se pone a sí mismo en peligro.

Consecutivamente despojado de sus miembros por el Rey Arturo, el caballero se niega a aceptar su predicamento. Y declara con confianza: "Esto apenas es un rasguño", tratando cada golpe como un simple "arañazo". Y después de haber anunciado absurdamente que es "invencible", el caballero es dejado atrás, inmóvil e irrelevante.

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El Congreso ya ha visto su prestigio entre los estadounidenses caer a mínimos históricos. Al no elevar decisivamente el techo de la deuda y aprobar adecuadamente una Resolución Continua limpia para reabrir el Gobierno, asestaría a la economía otra serie de heridas autoinfligidas, cuyo impacto acumulativo y colectivo no puede ser fácil y rápidamente descartado.

*El autor es el presidente ejecutivo y codirector de inversiones de PIMCO.

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