OPINIÓN: El PAN, en el centro del poder durante la gestión de Peña Nieto

El blanquiazul tiene la llave de varias de las reformas estructurales que necesita la administración federal actual
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Autor: Sabino Bastidas Colinas | Otra fuente: 1

Nota del editor: Sabino Bastidas Colinas es consultor y analista político, también es director de Pensar Diferente Consultores. Síguelo en su cuenta de Twitter: @sabinobastidas

(EXPANSIÓN) — Es una paradoja muy normal y cada vez más frecuente en las democracias más consolidadas y desarrolladas del mundo. Un partido derrotado electoralmente adquiere gran poder por su peso relativo y porque tiene los votos necesarios para construir mayorías.

El Partido Acción Nacional (PAN) quedó tercero en la elección presidencial de 2012. Pero sus votos en el Senado y la Cámara de Diputados lo hacen el socio estratégico del presidente Enrique Peña Nieto ante las próximas reformas.

Peña había logrado diluir un poco este poder del PAN con el Pacto por México, que dio la idea de que las reformas se podían construir por consenso. En efecto, avanzaron varias propuestas en las que había suficientes acuerdos entre los partidos. Pero está claro que las reformas por consenso se acabaron y llegamos a los temas complejos, que solo se pueden resolver con la mayoría. Incluso con mayorías precarias que pueden ser coyunturales, efímeras y apretadas.

Bienvenidos a la democracia.

El presidente lo reconoció en su primer informe de gobierno, cuando dijo: "Respetaré los derechos de todos, pero también estoy decidido a usar todos los instrumentos del Estado democrático para impulsar la transformación que reclama la gran mayoría de los mexicanos".

El instrumento clave del Estado democrático para impulsar reformas es la mayoría parlamentaria. Pero los mexicanos le tenemos cierto recelo y desconfianza y con frecuencia cuestionamos a la mayoría.

El reto del presidente y del Partido Revolucionario Institucional (PRI) está en rescatar la idea de la mayoría como un ejercicio virtuoso de la democracia. Tienen que insistir en la legitimidad y en la autoridad de ejercer la mayoría. En esa ecuación, el PAN es su inevitable compañero de viaje.

En el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, el Ejecutivo planteó una agenda de reformas liberales. Como el PRI no tenía los números suficientes en el Congreso para lograrlo por sí solo, y era claro que las izquierdas abiertamente rechazaban tanto la agenda como a su autor, para el presidente fue indispensable pactar con el PAN, que se volvió muy poderoso. Jugó el rol de 'partido bisagra' y con sus votos en el Congreso se movió prácticamente toda la agenda legislativa de aquellos años. El PAN impuso temas, manejó los tiempos y supo hacer intercambios virtuosos para la democracia. Con el PRI, impulsó cambios económicos, y con las izquierdas, cambios democráticos.

Es en ese escenario en el que emerge, por ejemplo, una figura política tan importante como la de Diego Fernández de Cevallos. No por nada le apodaron "El Jefe Diego", y de broma sus compañeros legisladores le decían "la ardilla", porque no salía de Los Pinos. Pero no solo fue él, también Carlos Castillo Peraza, Luis H. Álvarez y varias figuras más que supieron qué, cómo y cuándo negociar.

Diría Karl Marx: "La historia se repite…" Hoy el PAN, derrotado en la elección presidencial, tiene nuevamente los votos para impulsar una agenda de reformas con el PRI. El problema es que el PAN parece no saber qué quiere a cambio.

Los cuadros y liderazgos del PAN no tienen claro qué intercambiar en la agenda de la democracia, cuáles son esos temas clave que harán la diferencia. Intuyen que acompañar una agenda en la que hay coincidencias es un buen principio, pero les falta propuesta e imaginación para construir su contraparte en la agenda política de la democracia.

El PAN de hoy, atrapado en el juego privado y discreto de tribus, clanes y familias, luce muy diferente de aquella generación de panistas de la década de 1980 que ayudaron a construir parte importante de nuestra democracia. Hoy no se ve en el escenario a una derecha capaz de impulsar una agenda creativa, ingeniosa y realmente útil para México. El problema es que esto demora las negociaciones y pone en riesgo las reformas que el país necesita.

La madurez de una democracia llega cuando todos los jugadores entienden dos cosas muy sencillas: que es un juego de largo plazo y que nadie gana ni pierde para siempre.

Es necesario recordarles a varios panistas el resto de la frase de Marx: la historia "se repite, pero primero como tragedia y después como farsa".

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Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Sabino Bastidas Colinas.

Este artículo de opinión fue originalmente publicado en la edición de la segunda quincena de septiembre de 2013 de la revista Expansión, que es parte de Grupo Expansión, una empresa de Time Inc. La firma edita en México 17 revistas y 11 sitios de internet, entre ellos CNNMéxico.com.

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