OPINIÓN: Orcas en cautiverio, lo bueno, lo malo y lo que sería mejor...

La comunidad científica ha llegado a un consenso en el que admite que estos animales no pueden permanecer más en reclusión
PETA pide la liberación de orcas de Sea World
Autor: Naomi A. Rose, especial para CNN | Otra fuente: 1

Nota del editor: La doctora Naomi A. Rose es científica especialista en mamíferos marinos en el Animal Welfare Institute y es parte de un equipo que trabaja con Merlin Entertainments Group para crear el primer santuario dedicado a los delfines nariz de botella. Durante más de 20 años ha defendido el bienestar de las ballenas y los delfines.

(CNN) — La película Blackfish describe de manera convincente muchas de las razones por las que mantener a una orca en cautiverio es (y siempre ha sido) una mala idea.

La premisa fundamental de la película es que estos grandes predadores, inteligentes y sociales, son peligrosos para sus entrenadores. Pero las orcas también sufren un daño directo al ser confinadas a tanques de concreto y cada vez hay más opiniones científicas que apoyan esta conclusión de sentido común.

Los datos más recientes muestran que es tres veces más probable que las orcas mueran a cualquier edad en cautiverio de lo que lo harían en libertad. Esto se traduce en una expectativa de vida más corta que probablemente es resultado de diversos factores.

En primer lugar, las orcas en cautiverio no están en forma. Son el equivalente a una persona que pasa todo el día viendo la televisión, ya que el tanque más grande para orcas en el mundo es menor a una diezmilésima parte de 1% (0.0001%) del tamaño del hogar más pequeño de una orca salvaje.

En segundo lugar, se encuentran en grupos sociales artificiales y frecuentemente incompatibles. Esto contribuye a un estrés crónico, que puede deprimir el sistema inmunológico y hacer que las orcas en cautiverio sean susceptibles a infecciones que normalmente evitarían estando en libertad.

En tercer lugar, en ocasiones se rompen los dientes al masticar de manera compulsiva las rejas metálicas. Estos dientes rotos, aun cuando se limpian de manera regular mediante la irrigación, son rutas directas para que las bacterias entren al torrente sanguíneo. Son factores obvios; con toda seguridad hay otros que contribuyen a la elevada mortandad que se observa en cautiverio.

Estos factores se reducen simplemente a esto: el cautiverio mata a las orcas.

Sí, pueden sobrevivir durante años entreteniendo al público, pero eventualmente el estrés del cautiverio las afecta. Muy pocas orcas llegan a la vida intermedia (aproximadamente 30 años para machos y 45 para hembras) y ninguna de las más de 200 que hay en reclusión se acercan a la vejez (60 años para machos y 80 años para hembras). La mayoría de estos animales muere cuando todavía son muy jóvenes para los estándares de las orcas salvajes.

Existe una solución en la que todos ganan, tanto en la seguridad del entrenador como en el bienestar de la orca, dilemas a los que se enfrentan los parques temáticos marinos alrededor del mundo, incluyendo SeaWorld en Estados Unidos.

Estos parques pueden trabajar con expertos alrededor del mundo para crear santuarios donde las orcas en cautiverio puedan rehabilitarse y vivir en retiro.

Estos santuarios podrían ser corrales marinos o bahías y caletas protegidas mediante redes de agua templada a fría. Ofrecerían a los animales un descanso de sus presentaciones y de una constante exposición a un sinnúmero de personas extrañas (una situación totalmente antinatural para una especie cuyos agrupamientos sociales se basan en vínculos familiares y estabilidad, los extraños, esencialmente no existen en la sociedad de las orcas). Los animales que resultaran incompatibles no serían forzados a estar en los mismos recintos y se preservarían así los grupos familiares.

Los entrenadores ya no serían necesarios. Cuidadores expertos podrían continuar entrenando a las ballenas retiradas mediante procedimientos veterinarios, pero no entrarían al agua y permanecerían a una distancia segura (esto es conocido en el lenguaje de los zoológicos como "contacto protegido"). Así, el grado en el que interactúan de manera directa con las ballenas sería la elección de cada una de ellas.

Una premisa fundamental de estos santuarios, sin embargo, es que eventualmente estarían vacíos. No se permitiría la cruza y no existirían orcas en cautiverio dentro de pocas décadas.

Existen muchos santuarios de la vida salvaje alrededor del mundo para circos, zoológicos y refugios para animales tan grandes como felinos, elefantes y chimpancés. El modelo de negocios (casi siempre sin fines de lucro) para este tipo de instalaciones, está bien establecido para especies terrestres y puede adaptarse para orcas. En ocasiones, los santuarios de la vida salvajes están abiertos al público aunque la interacción entre el público y los animales por lo general es mínima.

Un centro para visitantes puede ofrecer educación, exposición remota en tiempo real a los animales, una tienda de regalos y en el caso de las ballenas y los delfines, incluso podría ser una base para un avistamiento responsable de ballenas si el santuario tiene una ubicación adecuada para esa actividad.

Los parques temáticos marinos no necesitan perder dinero al cancelar los espectáculos con orcas. Esta es una propuesta de transformación, no punitiva.

Crear un santuario para ballenas o delfines no es enteramente teórico. Merlin Entertainment trata de establecer el primer santuario para delfines nariz de botella con Whale and Dolphin Conservation, grupo ambientalista no lucrativo. Esta organización reunió un equipo para determinar la factibilidad de tal concepto y ahora la compañía ha identificado sitios potenciales y estudia la infraestructura que sería necesaria para mantener a un grupo de delfines retirados.

Antes de la trágica muerte de Dawn Brancheau, entrenadora en SeaWorld, ocurrida en 2010, los argumentos éticos en contra de mantener a las orcas en cautiverio venían de gran parte de la comunidad que defiende los derechos de los animales, y los parques temáticos marinos básicamente ignoraban a sus detractores o los descalificaban diciendo que eran una minoría chillona y que estaba fuera de la realidad.

Ahora, incluso los acérrimos defensores de SeaWorld piensan que tal vez ha llegado el momento de pensar fuera de la caja (de concreto).

Mejor aún, la comunidad científica de mamíferos marinos, que durante largo tiempo había tenido una postura neutral sobre la cuestión de si las orcas son una especie adecuada para mantenerla en cautiverio, reconoció finalmente la necesidad de comprometerse. Está programado un panel de discusión informal sobre las orcas en cautiverio para la 20ª Conferencia Bienal sobre la Biología de Mamíferos Marinos en diciembre y esta será la primera vez en que el tema sea discutido de manera abierta por la sociedad científica más grande del mundo.

La primera orca en exhibición fue presumida en 1964 y el debate sobre si esto era una buena idea, tanto para la gente como para las ballenas, comenzó al día siguiente, pero hasta la década de 1970 tomó fuerza.

Durante los siguientes 25 años estuvo prácticamente al margen y tomó impulso a mediados de la década de los 90, con el estreno de la película Liberen a Willy y la rehabilitación de su orca estrella, Keiko. Y ahora, en parte gracias a Blackfish, de nuevo es un tema convencional y han logrado un consenso en el sentido de que las orcas no deben estar en cautiverio.

Los parques temáticos marinos pueden cambiar el paradigma o quedarse atrás, depende de ellos.

Las opiniones recogidas en este texto pertenece exclusivamente a Naomi A. Rose.

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